Donde viene al callo el verso aquel de Nicanor Molinare, en su tonada «Oro Purito»:» Tése callado compadre y agarre por la sobrita; no venga a hablar leseras delante de las visitas»

I
Ni perezosos ni cortos
se lanzaron los varones,
con bandos y admoniciones,
a opinar sobre el aborto.
Lanzando pullas y exhortos
ya pronostican arderes,
castigos y padeceres
en las llamas del abismo.
Regurgitan fanatismo
SIN OÍR A LAS MUJERES

II
Religiosos variopintos,
moralistas de cilicio,
pechoños de oscuros vicios
se encaraman en el plinto.
Han invadido el recinto
recurriendo a sus poderes
e imponen sus pareceres
sobre las vidas ajenas
y amenazan con la hoguera
SIN OÍR A LAS MUJERES.

III
Opinan los caballeros
sobre cosas ignoradas
y dictan, desde la almohada,
su moralismo fulero.
El mojigato y el clero
–que no conocen deberes
de paternales quehaceres–,
ignorando el sufrimiento,
quieren hacer reglamento
SIN OÍR A LAS MUJERES.

IV
No atienden la situación
de las mujeres sufrientes
enfrentadas al doliente
suceso de violación.
Bien maldito es el varón
que ignora, porque lo quiere,
la tortura de esos seres
violentados de por vida.
A la víctima castigan
SIN OÍR A LAS MUJERES.

V
Le piden a Monseñor
–que nada sabe de hijos–
que enarbole el crucifijo
pa’ apabullar al doctor.
“No pienso”, –dijo un rector–
que apoya a los mercaderes
que venden sus procederes
en abortos clandestinos.
No se legisla, padrino,
SIN OÍR A LAS MUJERES.

VI
¿Consideración? ¡Ninguna
pa’l que viene malformado,
porque será castigado
desde que llegue a la cuna!
No hay compasión alguna
en la Isapre, con los seres
que ya traen padeceres:
el negocio no perdona
y el capital se apersona
SIN OÍR A LAS MUJERES

VII
Absténgase, caballero,
de imponer sus opiniones:
No sabemos los varones
de embarazo ni puerperio.
No sirve su ministerio
ni acudir a cancilleres;
vuélvase a sus menesteres
y deje que las señoras
decidan, en buena hora,
ESCUCHANDO A LAS MUJERES.

VIII. Nota de la Redacción:
¡Calla’ito te veíh mejor!

Al cierre de esta edición,
Refrendando lo antedicho,
Sale un machista –mal bicho–
que explica la violación.
Diputado es el bocón
(“cristiano”, pa’ más recacha)
“es culpa de las muchachas
porque beben demasiado”;
y pretende el “iluminado”
que el rufián no tenga tacha.

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