El inicio de las últimas dos jornadas ha estado teñido inevitablemente por los problemas generados a parte de la población por la interrupción en el uso de servicios básicos, como son la electricidad y el transporte público.

 

El domingo en la noche ocurrió un corte de luz que afectó a comunas del sector oriente de la capital, cuyas réplicas duraron hasta la mañana de la jornada posterior. Por una parte, surgieron espontáneas críticas en la población por la exagerada y centralista cobertura mediática a un hecho ocurrido en el barrio alto; por otra, se generó una polémica entre la empresa responsable de la interrupción del suministro, Enel, y la Intendenta Metropolitana, Karla Rubilar. Esto último, porque la compañía culpó a «desconocidos» de haber provocado un incendio que habría quemado cables de alta tensión, a lo que la autoridad regional respondió exigiendo que Enel «resguarde sus redes, como también el perímetro que rodea sus instalaciones más sensibles».

 

Este martes, a eso de las 6:20 de la mañana, la empresa Metro informó sobre un problema de frecuencia en las salidas de los carros, lo que se tradujo en el cierre de las estaciones Neptuno y San Pablo de la Línea 1. ¿La razón?: la presentación de lo que se conoce técnicamente como «falsa ocupación», y que se traduce en que el sistema no permite dilucidar si el túnel que va entre una estación y otra está ocupado o no, lo que debe finalmente comprobarse manualmente.

 

Nuevamente el malestar de la población que se moviliza en el transporte público -gran parte proveniente de comunas aledañas a la de Santiago- fue expresada a través de redes sociales y los programas matinales de los canales de televisión. Y los reclamos fueron los mismos de siempre: incapacidad de reacción de la compañía frente a un imprevisto, desinformación hacia los usuarios y una suerte de convicción de que -nuevamente- los únicos perjudicados y afectados serán los clientes de Metro.

Por Politika

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