Rolando Rojo (1941) es un narrador bastante prolífico. Su labor creativa se ha circunscrito al cuento, la novela y a un par de libros autobiográficos. Pero lo que nos parece sorprendente es que su vocación literaria se inició en plena madurez, influido por razones externas y anormales, como el período de prisionero político en el campo de concentración de Chacabuco. De ahí en adelante su trabajo escritural no ha cesado. No obstante haber obtenido incontables galardones literarios, el reconocimiento a su obra ha sido esquivo.

Hotel San Telmo (Bravo & Allende Editores, 2016, 129 páginas) es su última novela. Ambientada a mediados de la década del setenta, después del golpe militar de Pinochet, narra la vida de un puñado de chilenos exiliados en la capital bonaerense. Sobreviviendo malamente en el país vecino, residen en el viejo Hotel San Telmo, un edificio en decadencia y con mínimas comodidades.

A medida que se va desarrollando la narración, nos vamos informando de lo variopinto de sus moradores: un viejo dirigente obrero que sueña con reagrupar al grupo bajo un alero político; un muchacho con serios problemas psíquicos; un par de homosexuales escandalosos que perturban la comunidad; una pareja amoral; un par de ladronzuelos, camuflados como refugiados políticos, en fin, un conjunto de individuos que viven en espera de una visa para poder retornar a su país.

La mirada del narrador se desplaza de uno a otro personaje, desnudando sus flaquezas, sus ilusiones rotas y su carencia de perspectivas. Es un mundo hostil, una visión pesimista y amarga de un grupo humano abrumado por la desgracia.

A pesar de la atmósfera oscura, sin salida de los protagonistas, Rojo sabe imponer un leve tono paródico, una pincelada humorística a ciertas situaciones de por sí conmovedoras, aligerando el dramatismo de estados límites. Igualmente su estilo, muy dado a los vuelos poéticos, contribuye a la recreación de un barrio tradicional de Buenos Aires, como la descripción de las vecinas del Hotel, que resulta muy gráfico: “Las vecinas del barrio San Telmo amanecen con la colita parada al cielo, refriega que te refriega. Encuclilladas en las baldosas, las vecinas de San Telmo se bambolean con los escobillones empapados en lavaza y blanquean mármoles gastados…” “Y se juntan, se agrupan, comentan, miran de reojo “el lunar del barrio”. Unen las puntitas de los dedos y putean como sólo ellas saben hacerlo”.

Hotel San Telmo  es el testimonio de un novelista poseedor de múltiples y eficaces recursos literarios y una mirada que engloba un cúmulo de interrogaciones sobre la naturaleza humana expuesta a estados límites de subsistencia. Quizás donde mejor se refleja una crítica y un análisis político de ese momento, está representado en el viejo comunista que trata infructuosamente de inculcar su filosofía ideológica a ese conjunto de personajes que ha perdido o ha postergado sus ideales ante la derrota. Seres frustrados que recriminan al viejo dirigente obrero aferrado a sus doctrinas y utopías.

Mediante este recurso narrativo, Rojo logra otorgar al relato una impregnación realista y, al mismo tiempo, una suerte de distanciamiento y de objetivación de los hechos y los personajes diversos que participan en la anécdota. Este sistema creativo, permite estructurar con propiedad un texto sustentado en la desesperanza del exilio.

Estos individuos son los herederos de un heroísmo muerto, el resultado de una agonía de una clase política diezmada por la dictadura. Condición no enteramente asumida, pese al dramático estado de abandono en un exilio no deseado y aflictivo. Hombres que han terminado por renunciar a su militancia política, ante la pesadumbre del viejo luchador social que va quedando solo y abandonado a su suerte. Panorama desesperanzador que el autor experimentó en su propio exilio y refleja  con realismo en esta novela veraz, como forma de dejar patente la degradación del pasado a través del recuerdo y la elaboración ficcional.

Gran parte de la obra de Rolando Rojo posee una inflexión política. Sus personajes y ambientes urbanos son fiel reflejo de una sociedad en crisis de identidad, de carencia de futuro. Sus novelas y cuentos afirman una posición política coherente con su biografía. Por medio de este procedimiento el autor evita que su material narrativo limite el papel del lector, obligándolo a abandonar su pasividad receptora, instándolo a participar activamente de la anécdota.

La temática del exilio, en la novela chilena, no es muy frecuente en la actualidad, salvo excepciones. Rolando Rojo, al hacerse cargo del tema, lo ha ejecutado con honestidad, exponiendo sus propias vivencias, pero sin incurrir en sensiblerías plañideras. Acá la realidad será la gran argumentadora, la forma de rescatar el valor de la historia. Realismo y ficción pueden convivir armónicamente en el relato, y a eso aspira Rojo en esta novela, al retratar la otra cara del desarraigo, muy alejado del “exilio dorado” que hablan algunos.

Hotel San Telmo es un buen aporte a la literatura de compromiso político e imaginación, que renueva y desafía a la novelística actual, más renuente a estos temas que dan por superados, cuestionando a las generaciones precedentes. Como si el hecho de negar la historia contribuyera a la reconciliación del país.

 Por Ramiro Rivas

 

 

 

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