Fue en el contexto de las tomas de facultades de Derecho de algunas universidades llevadas a cabo en mayo de este año que emerge la Asociación de Abogadas Feministas de Chile, la Abofem. Su nacimiento -dice Bárbara Sepúlveda, directora de la organización– «refleja la necesidad de las abogadas feministas que comparten una visión feminista del Derecho, de encontrarse en un espacio de organización que tenga un objetivo común, y como tiene esta característica de haber surgido en medio de las movilizaciones, es también un espacio de activismo».

 

«Nunca pensamos que íbamos a ser tantas. Al principio había un chat de WhatsApp donde contacté a una amiga, que a su vez contactó a otra amiga, que sé yo, a las compañeras del magíster u otras que trabajan con ellas… ¡y de repente éramos 80 personas en el chat!», relata Bárbara, quien junto a su compañera de Abofem, Fernanda Ramos, encargada de Comunicaciones, dialogaron con Politika sobre el surgimiento y el trabajo de la organización, la reproducción de las lógicas patriarcales en el Derecho, la revictimización de las mujeres que denuncian y el caso de Nicolás López, entre otros temas.

 

Primera reunión Abofem. Foto: Revista Emancipa

 

¿En qué consiste el trabajo que están realizando hoy? ¿Han patrocinado, por ejemplo, algunas causas?

 

Fernanda: Ese es un área, porque en el fondo lo que hacemos es dividirnos en distintas áreas de trabajo y hay un equipo que es el de Asesorías y Capacitaciones que es el que se encarga de las denuncias, de la derivación de causas para el patrocinio de alguna socia; y aparte hay otros equipos de trabajo en donde se hace análisis legislativo, de políticas públicas. También hay una Comisión de Educación y Autoformación para las socias, para que en el fondo todas se vayan formando como abogadas feministas, como para nivelar los conocimientos. También está la Dirección de Investigación Académica, que se dedica a conocer investigaciones en diferentes temas de Derecho. Hay un área de Derechos Humanos y está la Dirección de Finanzas y Proyectos, y la Dirección Ejecutiva, que en el fondo reúne a las demás direcciones.

 

Las causas que se han dado a conocer a través de los medios han tenido que ver principalmente con el ámbito del espectáculo, pero hay otro que es el laboral, donde las mujeres están en condiciones desfavorables, de precarización. ¿Es ese un ámbito que a ustedes les interesa particularmente?

 

Fernanda: Sí, totalmente. En el fondo, la precarización de la situación de las mujeres en diferentes áreas; de trabajo, que no se reconozca el trabajo doméstico, por ejemplo. Es como muy diverso en ese sentido.

 

«Hasta 1989 las mujeres eran ‘incapaces relativas’ si se casaban»

 

En una de las primeras declaraciones que ustedes difundieron hablan de «lógicas patriarcales» al interior del mundo del Derecho. ¿Cuáles son las principales a las que ustedes aluden? 

 

Bárbara: Hay varios ejemplos. En términos generales, el Derecho, así como cualquier otra disciplina, comúnmente reproduce ciertas lógicas y discursos que están reflejados en las normas, o que las normas también han contribuido a construir. Por ejemplo, en Derecho Civil, hasta el año 1989 las mujeres eran «incapaces relativas» si se casaban; o hasta el día de hoy la sociedad conyugal la administra el hombre. Existen delitos que solo pueden cometer las mujeres o que solo pueden cometer los hombres; por ejemplo, está penalizada la sodomía, o sea, no entre adultos, pero por ejemplo, entre menores o con ciertos requisitos que reflejan que todavía nosotros entendemos el Derecho y la sociedad de manera patriarcal. Creo que en los delitos sexuales eso es evidente; el hecho de que no se considere el consentimiento de las mujeres, que eso no sea un elemento del tipo penal, en el caso de la violación.

 

También existe un relato negativo de parte del Derecho, por ejemplo, lo que es delito y lo que no, entonces si cinco hombres -como lo que pasó en España- violan a una mujer y la mujer se paralizó y por lo tanto no puso resistencia física, ¿entonces entendemos que consintió? ¿Y si consintió no hay violación?… Entonces esa mujer no fue violada… Y esas lógicas jurídicas atraviesan un montón de normas. En el Derecho Penal y en el Derecho Civil es evidente, pero también en el Laboral: desigualdades salariales; no se entiende la corresponsabilidad social del cuidado y eso hace que las mujeres que trabajan sufran un montón de discriminaciones más o que no ingresen al mercado laboral, o si es que ingresan, sea en las peores condiciones, etcétera. Y eso, además, entendiendo que para todo la norma -es decir, la regla general- es el hombre.

 

Marcha feminista 6 de junio de 2018. Foto: Roberto Muñoz

 

Y el Derecho es súper androcéntrico, pone al hombre como parámetro, entonces todo lo que no es hombre es diferente y tiene que ser tratado de manera diferente. Entonces ahí empiezan conceptos como ‘las minorías’, ‘los grupos’, lo que no es así, partiendo de la base de que las mujeres no somos la minoría ni tampoco somos un grupo; somos la mayoría, pero al mismo tiempo las que sufrimos esta discriminación porque no somos ‘la regla’. Y eso, como dije, se reproduce en todas las disciplinas, pero en el Derecho creo que es más peligroso aún porque significa la reproducción de un discurso social que legitima la diferencia.

 

¿Y cómo es en el mundo del Derecho, las prácticas internas, las relaciones de poder, etcétera?

 

Fernanda: Partiendo por las diferencias de sueldos, o la participación; o sea, el porcentaje de socias de estudios jurídicos en Chile es súper bajo. En el fondo, como para que una mujer pueda acceder a ser socia de un estudio, tiene que elegir entre tener una vida u otra. En la universidad, en clases, es muy transversal el tema como de la diferencia y la posición como desmejorada que tiene la mujer al interior del Derecho.

 

Bárbara: Y el Derecho en general es un mundo de hombres, donde hay lógicas muy masculinas que se reproducen, tanto en el mundo privado como en el sector público. Quiénes son los jefes, o quiénes son las voces autorizadas para referirse a ciertos temas, y tú lo puedes ver, generalmente son muchos hombres, aunque los temas sean muy específicos, y hayan expertas, estas no son consideradas. Y esto en la práctica conlleva también a que las mujeres, normalmente las que son abogadas, no se sientan muy representadas en ciertos espacios, o que de hecho no estén representadas, como en los grandes estudios, donde los principales socios son hombres, los apellidos de esas personas son de hombres, hay muy pocos casos en Chile de mujeres que han llegado a altos espacios de poder en el Derecho, desde ministros de Corte o juezas de la República , o incluso en el sector privado. Y si bien hay un discurso que ya ha permeado más o menos, hay mucho que avanzar todavía y ese es un desafío para todos esos espacios, pero también al momento de aplicar la justicia; las cortes, cómo están compuestas, o los organismos que persiguen la justicia, como la Defensoría Penal Pública, la Fiscalía Nacional u otros.

 

Foto: Gentileza Abofem

 

¿Y ustedes han podido palpar cómo observan desde este mundo masculinizado del Derecho lo que ustedes están haciendo?

 

Fernanda: Sí, o sea hay un sector de abogados más jóvenes que se interesaron y fue como ‘oye, podemos participar…’, ‘de qué manera podemos cooperar…’, pero en el fondo nuestra organización es solamente de abogadas. Y desde el mundo de los más viejos…

 

Porque la omisión, el no decirles algo, también puede ser leída como una señal…

 

Bárbara: Claro, pero yo creo que nuestro surgimiento ha sido súper reciente, creo que el impacto mayoritariamente lo hemos tenido en los abogados más jóvenes, porque nuestra participación en redes sociales es muy fuerte, entonces yo también creo que ahí hay un sesgo. No significa que los más viejos como que ignoren nuestra existencia porque sí -no creo que haya una intencionalidad-, pero sí tiene que ver con el modo de activismo que tenemos que responde a lógicas más «juveniles». De todas maneras, yo creo que hemos tenido una buena recepción, hasta el momento yo no he escuchado comentarios negativos ni nada. Y en este momento no creo que esté tan bien visto, que sea políticamente correcto, denostar una asociación de mujeres. Y cuando hemos recibido comentarios de hombres jóvenes que nos dicen ‘pucha, por qué los hombres no, yo también quiero ser feminista’, la respuesta es ‘súper que seas feminista, pero este es un espacio que hemos reservado para la participación femenina por un motivo’. O sea, evidentemente otros espacios de representación no nos representan. Y si bien hay que dar la pelea en varios frentes, este es un momento para organizarnos, ordenarnos y ver qué sale de aquí.

 

Cuando han aparecido casos como el de Nicolás López u otros, generalmente vinculados al espectáculo, uno se pregunta cuándo va a ocurrir esto mismo en el mundo de la política, por ejemplo. ¿Por qué no ha ocurrido en el mundo del Derecho una «explosión» de denuncias de ese tipo?

 

Fernanda: Sí han habido casos emblemáticos, el mismo de Carlos Carmona…

 

Bárbara: Y en los mismos tribunales, funcionarias, abogadas; ha habido jueces que han sido acusados, notarios, y yo creo que está pasando en todas partes.

 

Fernanda: Y claro, que aparezca gente como Nicolás López, más del mundo de la farándula, obviamente hace mucho más ruido a que haya una denuncia de acoso en los tribunales; quienes vamos a acceder a saber que eso está pasando somos un grupo pequeño.

 

¿Y consideran que es más complejo para una mujer denunciar algo así al interior de este ámbito que en otro, por el poder que tiene un juez, un magistrado?

 

Bárbara: Yo creo que es complejo en cualquier lugar. El Derecho es un espacio de poder, pero hay muchos otros y las relaciones de poder patriarcales están no solo en esa relación del juez con su abogada asesora o la de un socio con su abogada junior… Creo que esa lógica no es especialmente ejemplar en el mundo del Derecho, sino que es la misma en el fondo, donde tú pongas a esas dos personas hay una relación desigual ya, hombre-mujer, que es estructural y se puede ver en cualquier ámbito. No creo que sea especialmente difícil denunciar en el mundo del Derecho. Quizás hay poderes fácticos que podrían operar para encubrir un poco eso, pero así como ocurre en esferas económicas altas, en el mundo de los ingenieros; en todas partes el poder ejerce su rol. Igual, piensa lo que le pasó a la Karen Atala. Ella era jueza, ya tenía un espacio de poder que es muy reducido en Chile y aún así tuvo que llegar a la Corte Interamericana para obtener una suerte de justicia o de reparación, y que todavía el Estado le debe por lo demás.

 

«Contar al resto un abuso, es pasearse con la letra escarlata»

 

Uno de los cuestionamientos que se hace permanentemente cuando se dan a conocer denuncias a través de medios o redes sociales, es ‘por qué no denunciaste a la Justicia en su momento’. ¿Qué opinión tienen ustedes respecto a esa suerte de recriminación?     

 

Fernanda: Es bien fácil decir ‘oye, pero por qué no denunciaste antes’, ‘no te creo porque no lo hiciste antes’… pero en el fondo estar en los zapatos de una persona abusada, violada, no es llegar y denunciar. O sea, en el fondo imagínate cómo revictimizan a las mujeres cuando denuncian, a todo lo que tienes que enfrentarte por haber hecho una denuncia, hasta el cuestionamiento. Y es porque también estamos enseñadas de una manera que es bajarle el perfil a las cosas; yo creo que a muchas mujeres les ha pasado que miran para atrás sus vidas y pueden reconocer situaciones de abuso que en ese momento no advirtieron que eran tales porque no habían hecho ciertas reflexiones.

 

Foto: Daniel Labbé

 

Bárbara: También hay muchas que lo bloquean y lo logran sacar después de terapias, por ejemplo. Piensa lo que le pasó a James Hamilton, cuando se da cuenta de que todo lo que vivió era un abuso de parte de Karadima es por la relación de Karadima con su propio hijo, eso le hace un click. Entonces yo creo que todos los procesos de las personas son distintos y si bien hoy hay mayor apertura para hablarlo, siempre existe eso, la doble victimización, la humillación, el reproche social. La gente siempre cree que el fenómeno del abuso, de la violación, está asociado como a terceros, extraños, gente mala que anda por la calle, cuando la realidad brutal -no solo en nuestro país, sino que en todo el mundo- es que la mayoría de los casos de delitos sexuales se producen al interior de las familias o en los núcleos más cercanos de personas. Entonces recriminar a una persona es decirle ‘cómo no denunciaste a.. tu pololo, tu esposo, tu papá, tu hermano, tu tío, el mejor amigo de tu mamá que vive al lado, el vecino…’. No es fácil, y no es fácil tampoco asumir que una fue víctima de eso y también contarle a los demás, porque es pasearse con la letra escarlata y eso todavía es real, en una sociedad súper conservadora, donde las mujeres abusadas están como «manchadas» y a los hombres eso también les produce un rechazo. Y ese tipo de conservadurismo no ayuda ni aporta en nada a que las mujeres hablen y menos que vayan a denunciar formalmente. Es como ‘lo recordé, pasó hace cuántos años, prescribió o no el delito, cómo lo pruebo…’. Y después, claro, te mamai una querella por calumnias. Es súper complicado. Yo llamaría a todas esas personas que juzgan y dicen ‘por qué no lo hiciste antes’ a darle una vuelta antes de decir ese tipo de cosas porque la violencia, y en particular la sexual, es un mundo, son miles de niveles, no es llegar y juzgar.

 

¿Y cómo se enfrenta ese temor de recibir de vuelta una querella por injurias o calumnias? ¿No podría paralizar eso a una persona que quiere denunciar?

 

Bárbara: No debiera, pero lo hace y yo no podría recriminar a una mujer que decide no hacerlo, que decide abordar ese proceso de otra manera. No todos los abusos se denuncian y yo conozco, tengo muchas amigas cercanas, que fueron abusadas y nunca denunciaron a sus abusadores, de manera formal. Ellas también son conscientes de que quizás eso no llega a nada, que solo le va a hacer recordar lo que vivió, pasarlo mal y, pucha, no creo que sea bueno juzgarlo como ‘está bien o está mal’, son procesos diferentes y hay que respetarlos.

 

¿Cómo observan ustedes lo que ha hecho la abogada Paula Vial, quien ha declarado «tener la convicción» de que Nicolás López no fue un abusador? Esto, considerando que ella se declara feminista. 

 

Bárbara: Nosotros no tenemos ningún problema con que cualquier mujer se defina como feminista, creo que eso es un proceso interno y ella puede definirse como ella quiera. Pero sí tendríamos un problema cuando el feminismo como teoría política es utilizado para defender a alguien que puede o no ser -lo más probable es que sea- un acosador sexual. Y en ese caso nos parece que es manipular el discurso en beneficio de una persona que está faltando a cualquier principio básico feminista, cometiendo una violencia de género de ese calibre y contra varias mujeres.

 

Pero también consideramos que no es justo que toda la atención se haya desviado a Paula Vial y al cuestionamiento de si ella es o no feminista, o hacia qué es lo ético si eres feminista como para llevar tal o cual caso. Porque finalmente esa es la estrategia comunicacional de Imaginaccion y Nicolás López debe haber pagado mucha plata para blanquear su imagen usando una abogada que se dice feminista, y además desviando toda la atención a ese conflicto ético y todo el mundo dejó de hablar de él y sus acosos horribles, en donde -según nos hemos enterado- habrían involucradas personas menores de edad. Entonces al final es una estrategia comunicacional que pone en tensión al feminismo de manera súper injusta. Las abogadas sabemos que en la profesión de repente una se ve envuelta en situaciones profesionales en donde no se siente muy a gusto, o que tiene que defender distintos casos o clientes, pero eso no significa que yo vaya a utilizar un discurso feminista en beneficio de una persona que está atentando contra el feminismo. Y finalmente Imaginaccion lo logró, eso era lo que quería que hiciera Chile: «Paula Vial, eso no es ser feminista», «una abogada feminista tiene que hacer esto». Y ese no es el debate; el debate es que Nicolás López ande dando vueltas, ¡hay que hablar de él! Es un blanqueamiento de imagen, evidentemente, y nosotras no estamos dispuestas  a caer en ese juego.

 

 

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