Como si no bastara con los gases tóxicos que por años han debido soportar, este sábado los habitantes de Quintero y Puchuncaví se vieron obligados a respirar aquellos que les lanzó la policía. Esto en el marco de una manifestación en contra de la contaminación producida por las empresas instaladas en la zona, la que terminó con el disparo de balines y chorros de agua por parte de miembros de la Armada, y el uso del «guanaco» y bombas lacrimógenas por parte de Carabineros.

 

En una carta abierta dirigida al Comandante en Jefe Armada de Chile, Julio Leiva Molina, el Movimiento por la Infancia de Quintero denunció lo ocurrido en el borde costero de las ciudades de Quintero y Ventanas, relatando que cuando se acercaron al cordón industrial se encontraron con que al interior de las instalaciones de la cuestionada empresa Oxiquim los esperaba un particular contingente de la Armada. «En actitud hostil como si se tratase de una guerra, preparados para actuar en contra de la ciudadanía», según se describe en la misiva.

 

Foto: Rival

 

Al cruzar uno de los muelles del cordón industrial, los manifestantes recibieron balines y chorros de agua con mangueras industriales. Esto, continúa denunciando el Movimiento por la Infancia de Quintero, «sin discriminar a niños, niñas, adolescentes, mujeres y personas de tercera edad que también se encontraban en dicha marcha, dado su carácter familiar (…) dejando con este accionar, muchos lesionados «.

 

Junto con ello, los habitantes reparan en el hecho de que la Armada los haya reprimido de esa forma en función de defender a una empresa privada que, además, sería una de las responsables de la crisis socio-ambiental por la que atraviesan Quintero, Puchuncaví y Ventanas.

 

Foto: Rival

 

Las imágenes de la represión circularon rápidamente  por redes sociales, llamando la atención -como enfatizaron los manifestantes- el nivel de militarización con que los uniformados enfrentaron la protesta. El llamado «Chernobyl chileno» se transformó en un western gringo.

 

Desde la Armada declararon que su actuar se justificó porque debían resguardar las industrias frente a posibles atentados a sus instalaciones, considerando que en ellas se realizan «transferencias de productos altamente riesgosos», según consignó Radio Bío Bío. Junto con ello, negaron la existencia del uso de balines, señalando que se trató de «cápsulas de pimienta» que no son letales, de las cuales nueve habrían sido disparadas en la arena y dos en las extremidades de manifestantes que habrían estado arrojando piedras.

 

«En Quintero y Puchuncaví respiramos toda la tabla periódica»

 

Como explicó en el programa Estado Nacional de TVN Carolina Orellana, vocera del Movimiento Mujeres de Zona de Sacrificio Quintero-Puchuncaví, la frustración e indignación de la población afectada se debe a la insuficiente respuesta con que el Gobierno ha enfrentado la crisis. En ese sentido, criticó el hecho de que el Ejecutivo haya permitido la continuidad del funcionamiento del cordón industrial ante la aparición de los primeros estudiantes enfermos el pasado 21 de agosto; que el hospital de campaña haya funcionado en horario de oficina, de lunes a viernes; y la «imprudencia» del Intendente de Valparaíso, Jorge Martínez, al sostener que los niños y niñas intoxicados estarían fingiendo o imaginando los síntomas producto de los episodios de contaminación. «En Quintero y Puchuncaví respiramos toda la tabla periódica que existe», espetó la dirigenta.

 

Foto: Rival

 

Orellana destacó igualmente que el problema por el que atraviesan en la llamada «zona de sacrificio» ya lleva 54 años y que se trata de una «catástrofe sin precedentes». «Son 973 niños intoxicados, envenenados mejor dicho, y que corresponden al 90% de las personas que han llegado al Hospital de Quintero», explicó.

 

Por último, Carolina Orellana se refirió igualmente a la violencia sufrida por los habitantes de Quintero, Puchuncaví y Ventanas, señalando que «además de vivir en un lugar extremadamente contaminado, ahora tenemos que tolerar que nos repriman con bombas lacrimógenas y con más tóxicos de los que ya respiramos».

 

Foto: Rival

 

 

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