Junto con la algarabía que en las autoridades y la ciudadanía en general generó el fallo de la Corte Internacional de La Haya en favor de Chile en su litigio con Bolivia, se generó una oleada de chovinismo expresado mayoritariamente en burlas hacia el presidente de esa nación, Evo Morales, y los bolivianos.

 

Una reacción a la que hasta se sumaron reconocidos medios de comunicación, como Radio Bío Bío y The Clinic, quienes destacaron o festinaron directamente con las burlas que surgieron tras la derrota del país altiplánico en su anhelo de terminar con su histórica mediterraneidad.

 

 

No obstante, paralelo a ello hubo quienes rechazaron tanto la euforia causada por el mencionado fallo, como las burlas que este generó, apuntando principalmente a lo absurdo que resulta celebrar una supuesta soberanía absoluta sobre el mar chileno, cuando es de conocimiento público que este fue traspasado a siete familias pertenecientes a la oligarquía chilena, gracias a una legislación -la llamada Ley de Pesca- aprobada en un proceso cruzado por la corrupción político-empresarial.

 

De ahí que uno de los comentarios que más se repitiera fuera justamente el de la explotación privada de los recursos del mar chileno, pero también la inacción de una ciudadanía que hoy festeja no obstante la efectiva pérdida del usufructo de algunos importantes recursos naturales, como por ejemplo el litio.

 

 

 

 

 

Las críticas apuntaron igualmente al comportamiento de las autoridades y comunicadores nacionales una vez conocido el «triunfo» de Chile en la corte internacional. Una cobertura que -como se pudo observar en los canales de televisión- priorizó los discursos nacionalistas antes que un análisis que integrara en profundidad las dos miradas respecto a un complejo litigio internacional.

 

 

 

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