No es primera vez. Al reconocido periodista José Antonio Neme ya lo habían increpado en Bolivia por la forma de realizar los despachos en el contexto del litigio que ese país y el nuestro mantenían en la Corte Internacional de La Haya. Fue el pasado 23 de marzo que lo sacaron a él y a su equipo de prensa de Mega de la ceremonia de conmemoración del Día del Mar en la nación altiplánica. Aquel día yo estaba viendo su transmisión y antes que se produjera el incidente pensaba que el desenlace no podía sino ser otro que ese. Metido en medio de habitantes de un pueblo que ha anhelado por años una salida al mar, sus majaderos comentarios por supuesto que iban a ser entendidos como una provocación.

 

Ahora lo hizo de nuevo, pero esta vez llegó más lejos. En el contexto de la lectura del fallo de La Haya, esperó al canciller boliviano Diego Pary para realizarle algunas preguntas. Cuando lo vio acercarse lo interceptó, intentó retenerlo y luego, cuando el ministro ingresó a su auto para retirarse, trabó con su cuerpo la puerta del vehículo insistiendo majaderamente en sus preguntas. «A la una va a haber una conferencia del Presidente», le respondió en un primero momento Pary. Pero Neme no cesó y el canciller debió dos veces pedirle «permiso» para poder cerrar su puerta. No lo logró. Un periodista y otro secretario de Estado bolivianos debieron tomar de los brazos al chileno y sacarlo.

 

Junto con ello, lo encararon. «Qué te pasa, tienes que respetar a la autoridad, hermano. Si estás en un país que no es el tuyo, respeta, porque cuando vamos a tu país respetamos igual», le dijo luego Pablo Tavel, el mismo reportero boliviano que lo había retirado del auto de Pary. Más que una lección de «profesionalismo», como pretendió Neme en su discurso posterior, le dio una que pareciera urge más entre los comunicadores chilenos que cubrieron el fallo de La Haya, una de humildad.

 

El argumento de José Antonio Neme frente al periodista boliviano que respetuosamente lo encaró es completamente legítima, plausible y resulta simplemente maravilloso oírlo del lector de noticias de uno de los canales chilenos más visto por la población. «Estoy haciendo mi trabajo (…), nosotros en mi país le hacemos preguntas a las autoridades (…). Esto es periodismo y el periodismo es buscar preguntas que sean incómodas (…). La prensa chilena es inquisidora, va a cuestionar al poder (sic)», fue la artillería que le lanzó Neme a su colega.

 

¿Es necesario viajar miles de kilómetros para erigirse -ahora sí- como un periodista crítico frente a una autoridad que lo que ha hecho es llevar a una corte internacional legítima una demanda, cuando acá en Chile por los sets de televisión se pasean desde arzobispos acusados de encubrir abusos sexuales contra menores de edad hasta alcaldes denunciados por torturas contra otros chilenos?

 

En nombre de la «prensa chilena inquisidora», ¿fue Neme capaz de preguntarle -«respetuosamente»- a aquella comunicadora con la que compartió el panel de un matinal, cómo es que alguien puede legitimar una dictadura que le introdujo ratones en la vagina a mujeres detenidas por estar en la oposición al régimen?

 

 

Ni José Antonio Neme ni ninguno de los periodistas que han abordado el conflicto de Chile con Bolivia emborrachados de chovinismo, serían capaces de meter su micrófono a la fuerza en el automóvil del canciller de Estados Unidos, en Estados Unidos. Tampoco se atreverían -en nombre del periodismo- a preguntarle a una autoridad de ese nivel de México, en México, por los 40 colegas asesinados durante el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

 

¿Osaría acercarse alguno de estos periodistas chilenos a un ministro de Alemania estando con «hálito alcohólico», como denunció el mismo Pablo Tavel respecto a un profesional de 24 Horas, asegurando que tanto el equipo de Comunicación del Presidente Evo Morales como el de Seguridad se dieron cuenta de ello?

 

¿Cuál es la diferencia entre una autoridad de un país como ese y una boliviana? ¿El color de la piel, su importancia geopolítica, su lugar o no lugar en la OCDE? ¿Sería capaz Neme de palmotearle la espalda y decirle ‘vaya no más’ a alguna autoridad de la dictadura china, en China, como hizo en esta misma ocasión con el viceministro de Comercio de Bolivia, Clarems Endara? ¿No reparará en que a quienes de verdad urge encarar en serio es a las autoridades chilenas que tanto daño le han hecho a la política corrompiéndose, como el caso de su padre, el también periodista Antonio Neme, condenado por cohecho por la Justicia en el llamado ‘Caso basura’?

 

Si nos pilla desprevenidos, la altura boliviana nos hace mal a los chilenos, nos deja mal de la cabeza. Sin embargo, peor que eso es aquella supuesta altura racial y moral que -pareciera- otorga el asumirte como el «jaguar», el «inglés» de Latinoamérica. Cuando uno se marea y se cae desde allá arriba, se cae muy bajo.

 

 

 

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