Quien haya seguido de cerca las recientes elecciones brasileñas encontrará cientos de evidencias que confirman que, detrás de la retórica antisistema y la aparente torpeza en el uso de las herramientas digitales que mostraba Jair Bolsonaro, hubo un diseño de laboratorio y expertos que aprovecharon el contexto electoral para aplicar innovaciones en las tecnologías de comunicación política, como ha venido ocurriendo en otras contiendas de la década pasada.

 

La imagen más compartida en WhatsApp durante la campaña de Jair Bolsonaro muestra a un sonriente Fidel Castro y a una joven Dilma Rousseff, identificada como pupila, estudiante socialista de Castro. En realidad, la foto ha sido manipulada de un original de John Duprey, del diario NY Daily News, tomada durante la visita del líder cubano a Nueva York en abril de 1959, cuatro meses después del triunfo de la Revolución Cubana. Dilma tenía entonces 11 años, vivía en Minas Gerais y jugaba a las muñecas.

 

Este es uno de los ejemplos que recoge un estudio conjunto de la Universidad Federal de Minas Gerais, la Universidad de São Paulo y la plataforma de verificación de datos Agência Lupa, que reveló el estrecho vínculo de las acciones políticas, las cibertropas y las campañas de desinformación en las redes sociales de Brasil durante las recientes elecciones.

 

Al evaluar el grado de veracidad de 50 imágenes repetidas en 347 grupos públicos que circularon en WhatsApp entre el 16 de agosto y el 7 de octubre, durante la primera vuelta de las presidenciales, los investigadores encontraron que sólo cuatro imágenes eran comprobadamente verdaderas. Pero en esos grupos, 18 mil 88 usuarios postearon 846 mil 905 mensajes, de los cuales 107 mil 256 eran imágenes.

 

Los estrategas del candidato generaron contenido malicioso y lo enviaron a activistas locales y regionales, quienes después comunicaron la información a miles de grupos públicos y privados, utilizando las plataformas más populares en Brasil, fundamentalmente WhatsApp. Desde ahí, los mensajes se diseminaron aún más cuando las personas crédulas los compartieron con sus propios contactos.

 

Para saber qué decir en cada momento, los expertos del partido de Bolsonaro apelaron a la escucha social y a tácticas militares de última generación, ha dicho el antropólogo Piero Leinier, profesor de la Universidad Federal de San Carlos, en São Paulo, que desde hace más de 30 años estudia instituciones militares.

 

Esto no es propaganda; es una bomba semiótica, añadió en declaraciones al Folha de Sao Paulo: Estos movimientos crean un ambiente de disonancia cognitiva: las personas, las instituciones y la prensa quedan completamente desconcertadas. Pero, al final, Jair Bolsonaro reaparece como el elemento de restauración del orden con un discurso que apela a valores universales y etéreos: fuerza, religión, familia y jerarquía.

 

Analistas brasileños han logrado identificar, además, el uso de cuentas y equipos de comunicación con sede en otros países, fundamentalmente en Estados Unidos. En WhatsApp, por ejemplo, las cibertropas más activas se organizaron desde los teléfonos +1 (857) 244 0746, de Massachusetts, y +351 963 530 310, de Portugal, que manejaron más de 70 grupos de campaña del ultraderechista, y el +1 (747) 207 0098, de California, que administró más de 100 grupos de esa red.

 

De acuerdo con un despacho de la agencia Reuters, uno de los principales estrategas involucrados en la campaña es Steve Bannon, ex jefe de asesores de la campaña presidencial de Donald Trump y fundador de Cambridge Analytica, la filial londinense que ha intervenido ilegalmente en más de 200 procesos electorales en todo el mundo.

 

Bannon estaría participando en la campaña desde agosto, después de un encuentro en Nueva York con el diputado Eduardo Bolsonaro, uno de los hijos del entonces candidato presidencial. Bannon nos apoyará con consejos en Internet, algún análisis, interpretar datos, esas cosas, añadió Eduardo, quien viajó también a Washington y compartió en Twitter una foto en la oficina del senador ultraderechista Marco Rubio, con quien se habría reunido durante cuatro horas.

 

Los comicios brasileñas han servido de laboratorio para la propagación del ideario de un proyecto ultra liberal fundado en el odio y la desagregación social, cuyas consecuencias son impredecibles y no sólo para la vida política del gigante latinoamericano. Sin embargo, las voces más lúcidas de la izquierda en Brasil, entre ellos expertos y comunicadores sociales, han llamado a no salir de las redes sociales, a evitar a toda costa el aislamiento y a crecer ante las arremetidas de las cibertropas.

 

El escritor Gilberto Calil ha explicado por qué:

 

Sólo se puede enfrentar el fascismo con organización y acción colectiva. Las razones para temer son muy concretas, pero sólo colectivamente nos fortaleceremos y nos protegeremos. El aislamiento nos dejará más vulnerables, más desprotegidos y más imposibilitados de disputar la hegemonía. Avanzamos mucho en los días recientes, es hora de protegernos, pero no momento de aislarnos.

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