Qué fácil asesinar
a quien está desarmado:
al agente del Estado
nada le puede pasar.
A lo más, irá a cambiar
de pega, sin que haya juicio;
no enfrentará el estropicio
ante madama Justicia,
continuando la impudicia
de este malvado ejercicio.

 

 

Qué fácil es detener
a un muchacho adolescente
que ha contemplado impotente
el infame proceder,
llevándoselo al cuartel
–al igual que en dictadura–,
con tendenciosa premura,
para impedirle que “cante”
con amenazas tonantes,
y convincentes torturas.

 

 

Qué fácil es declarar
que hubo un enfrentamiento,
sabiendo que ese argumento
ya a nadie puede engañar.
Con él se quieren zafar
el ministro, el intendente,
el cabo y el presidente,
y emborrachan la perdiz
diciendo que fue un desliz
castigado ejemplarmente.

 

 

Qué fácil, mire, es decir
que se acepta la renuncia
y, olvidando la denuncia,
es más cómodo eximir.
Sin grabación que exhibir
se entorpece a la Justicia,
se protege a la milicia
que atropella los derechos
y ocultándonos los hechos
se falsean las noticias.

 

 

Qué fácil es la jugada
contra el pueblo penitente,
de adiestrar para la muerte
a nuestras fuerzas armadas.
Llega una nueva camada
Incrementando las huestes
que avanzan como la peste
en nombre’e la democracia,
mientras realizan la razia
exterminando a la gente.

 

 

¡Qué fácil, no pasa nada!,
todo vuelve hoy a su cauce:
el tigre a limpiar sus fauces
y el pueblo a ser la carnada.
La Alta Comisionada
guarda un silencio rotundo,
con desapego profundo
frente a este nuevo atropello,
definiendo así su sello
ante los ojos del mundo.

 

 

¡Ya está bien, no se preocupe,
ya ganó la Selección,
ya viene la Teletón
y los locos para el chupe!
Pa que el vulgo no se ocupe
digamos “pasapalabra”
hágase un abracadabra,
pase de birlibirloque,
para que nada se toque
en esta patria macabra.

 

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