Instalaron un kiosquito
en un antro milicar,
donde encuentra el criminal
pertrechos pa sus delitos.
No es preciso estar inscrito,
pero hay que tener prontuario
o algún asalto en el diario,
para ser bien atendido.
Hay trabucos garantidos
pa asaltar al vecindario.

 

Cuando llegan a buscar
algún fierro, algún encargo,
llevando el billete largo
no tienen ni que esperar.
Altiro lo hacen pasar
para que elija tranquilo,
y si lleva a algún pupilo
para elegir su pistola,
lo agasajan con piscolas
pa que compre a medio filo.

 

Los canutos se hacen humo
entre tanto ir y venir
en el duro combatir
en que estamos de consuno.
Se incentiva así el consumo,
florece la economía,
nuestra calidad de vida,
la esperada innovación…
y también, de refilón,
hay más viajes a Florida.

 

Cuando llegan delincuentes
a la puerta de esa escuela,
los atiende un centinela
que grita con voz potente:
¡Cabo’e guardia, más clientes!
Es un nuevo emprendimiento
que sirve a los regimientos
pa viajar a disney güell,
y declara un coronel:
“es autofinanciamiento”.

 

No tenía pito idea,
el que juega en la Defensa
y “se enteró por la prensa”,
compadre, aunque no lo crea.
Alguien grabó la asamblea
del aquelarre milico,
y ahora, hasta un cabro chico
sabe del turbio negocio
de los narcos, con sus socios
que quieren hacerse ricos.

 

¡No pues señor, aterrice!
aquí no renuncia ni uno;
tampoco echan a ninguno
por tan pequeños deslices.
Las armas que usted me dice
son armas particulares
que ofrecen los milicares
en Black fraidey, con descuentos.
¡Para qué tanto aspaviento
por movidas comerciales!

 

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