Este miércoles Japón anunció que reanudará la caza comercial de ballenas a partir de julio de 2019. Una decisión que ha tenido una repercusión mundial y ante la cual pareciera que no cabe otra respuesta que un rotundo rechazo a esta práctica. Sin embargo, para las organizaciones de activismo por los animales este escenario sí abre una discusión mucho más compleja y profunda, y que tiene que ver finalmente con cómo culturalmente establecemos desde el especismo cuáles de ellos tienen derecho a vivir y cuáles no.

 

«Hay una empatía mayor respecto de las ballenas y los cetáceos porque evidentemente son animales que han demostrado cierto nivel de inteligencia superior, pero ahí aparece la pregunta de qué pasa con los animales inteligentes que en Occidente se consumen a diario; nadie piensa en eso cuando se hacen este tipo de críticas. Lo que va a hacer Japón es tan nefasto como lo que hacemos diariamente», sostiene Cristian Apiolaza, activista antiespecista y abogado de la Defensoría de Derechos Animales.

 

Apiolaza profundiza en esta idea planteando que dentro de la noción especista con que observamos a los animales -es decir, la discriminación que realizamos respecto de ellos por considerarlos especies inferiores-, dependiendo de la cultura se establece que ciertos animales no humanos tienen mayor importancia que el resto. En ese sentido plantea que en Occidente, por ejemplo, los perros y los gatos están por sobre cualquier otro tipo de animal a la hora de establecer una mayor defensa y reconocimiento de estos seres como «sintientes» a nivel social y constitucional. El abogado menciona el caso de Nueva Zelanda, donde se modificó la Constitución para dejar claro que cuando se hablaba de «seres sintientes» se hacía referencia a todos los animales. «La discusión es si eso en la práctica va a tener algún efecto real. Es decir, si se van a cerrar los mataderos, las granjas de pieles, si no se va a experimentar más con animales… Yo lo dudo profundamente», postula.

 

Captura documental Huérfanos de la leche

 

A juicio del representante de la Defensoría de Derechos Animales, la discusión pasa por cómo desde Occidente se instala dicho especismo. En ese sentido, explica que a nivel internacional hay un movimiento que está «estableciendo que ciertos animales tienen una nueva categoría, que serían las ‘personas no humanas’, y dentro de esos animales están los grandes simios, los cetáceos y los elefantes».

 

Una mirada que finalmente se traduce en la reacción a nivel mundial que hoy vemos respecto de la caza de ballenas, la que a Apiolaza, «independiente de lo perverso y lo negativo que es la propia acción en sí», dice, le recuerda el rechazo que generan también los festivales de carne de perro. «Es exactamente lo mismo y obedece a que desde nuestra cultura occidental (…) creemos que tenemos la superioridad moral de cuestionar el consumo de animales que tienen otras sociedades y somos incapaces de ver precisamente que lo que Japón le va a hacer a las ballenas a partir de julio del próximo año, es lo que hacemos todos los días y en condiciones mucho más terribles, horrorosas y tortuosas, a miles de millones de animales en granjas-factorías y mataderos. Creo que ahí está el corazón del asunto», apunta Cristian.

 

Los habitantes del mar y la pesca de arrastre

 

Mauricio Serrano, fundador y coordinador internacional de la ONG Animal Libre, plantea que rechazan rotundamente la caza comercial de ballenas que reanudará Japón, pero paralelamente pone el énfasis en lo que ocurre en nuestro país, principalmente con aquellas especies que habitan en el mar. En ese sentido, sostiene que «si bien mucha gente rechaza esta acción, acá en Chile es importante la cantidad de miles de animales -y peces sobre todo- que también están siendo cazados, pescados, y que, al igual que la ballena, sienten y tienen deseo de vivir». «Desviamos la atención hacia solo esa especie y desconocemos lo que está pasando acá con miles de ellas», añade.

 

Serrano profundiza en esta idea exponiendo lo que ocurre, por ejemplo, con la pesca de arrastre en nuestro país. «Elimina, perjudica a diferentes especies y al ecosistema de general en el océano, teniendo repercusión importante hacia esos animales», advierte el activista. Junto con ello destaca la contaminación que esta misma industria genera en este hábitat. «Además, la pesca de arrastre es una de las mayores contaminantes y generadoras de contaminación de plásticos en el mar», explica.

 

A juicio del fundador de Animal Libre, se hace necesario «no solo estar mirando hacia afuera, sino que también nuestras acciones y nuestro territorio, y cómo este se ve perjudicado por algunas decisiones que se pueden tomar hacia individuos que, al igual que las ballenas, también desean vivir».

 

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