Hay que tomar en cuenta que, considerando la escasez de medios y recursos, el esfuerzo discursivo del campo popular no debe perder de vista la palabra certera y la luz necesaria.

 

Señalo mi desacuerdo con algunos dichos de Manuel Cabieses, en su artículo: “A PIÑERA LO QUE ES DE PIÑERA”, publicado en POLITIKA

 

Aun cuando concuerdo con varias afirmaciones del texto, debo objetar algunas que inducen a la mala evaluación de la realidad política del accionar comparado del gobierno de Chile Vamos.

 

Preferiría referirme a la sobrecarga demagógica de las estrategias comunicacionales del oficialismo, pero no: deberé referirme al refuerzo que descuidadamente, la misma trinchera amiga se encarga de potenciarle.

 

Tomo por ejemplo el inicio del artículo con la siguiente observación:

“Hay que admitir que el actual gobierno demuestra tener los cojones necesarios para domar la corrupción e indisciplina en las FF.AA. y Carabineros”.

 

No me parece necesario sobrevalorar la acción de Piñera y su gobierno, ni hacer propaganda de su falso valor, porque no es lo mismo llegar a cambiar los muebles a casa ajena, que disponer en la casa propia. Piñera es representación directa del poder de la clase dominante a quien, por definición, le pertenece el orden político en la sociedad burguesa.

 

Dejando en claro que nunca he sido ni concertacionista, ni nuevo-mayorista, estimo que cuando el gobierno de Chile Vamos actúa sobre un tapiz de pólizas de seguro, evidentemente  no lo pone en horizontalidad operativa con los gobiernos, ni de la Concertación, ni de la Nueva Mayoría. Aun cuando puedo compartir que a éstos les faltó notablemente avanzar en los intereses populares, ello no implica  lo otro, es decir, que el gobierno de Piñera se caracterice por sus cojones.

 

Leyendo desde la lógica de las fuerzas dominantes, cada una de las acciones de gobierno, dirigidas hacia las FFAA, NO APUNTA, claramente, a generar la limpieza de la corrupción en sus filas, la que ha sido instalada  por los mismos poderes civiles que siempre han sido rectores de los cursos institucionales. Esta acción sobre prácticas instaladas desde el origen del Estado (en Chile, exacerbadas desde la dictadura militar y continuadas en la democracia guzmaniana) no es más que lo que se denominaría un epifenómeno administrativo del poder; es el reacondicionamiento funcional de las instituciones castrenses, a fin de mantener su calidad de soporte y contención para el resguardo de los intereses de quienes siempre han defendido, porque se deben a ellos y el chorro por donde han subido y bajado en la gravitación política, no es más que lo que determina el juego de apertura y cierre de tiraje de la fuerza en la combustión histórica.

 

La diferencia entre el poder de la burguesía y las FFAA, entra en un ropero y -junto a ello- no se puede perder de vista que tanto la Concertación como la Nueva Mayoría son coaliciones que solo cuentan como hijas bastardas del poder oficial y que éste será siempre el carácter inevitable de las organizaciones de izquierda que pretenden avanzar estratégicamente en los territorios donde la soberanía de los sectores dominantes de la sociedad son claros, e irrenunciables en todo aquello que les resulte fundamental.

 

Cuidado con los fuegos artificiales que inauguran el 2019. Más que sobrevalorar la arrelingada de la casa patronal, mejor alertemos abiertamente el peligroso camino de la farándula del Estado, que demuestra qué tan lejos del poder político se mantienen los intereses de los trabajadores y de todo el campo popular, cuando se ponen todas las fichas en este juego de cartas marcadas.

 

Frente a las actuales maniobras orientadas a reformar constitucionalmente la remoción de los altos mandos, resulta demasiado simple suponer que aquí solo hay voluntad política. Lo que aquí se manifiesta es la absoluta necesidad de hacer un lavado de fachada de las instalaciones del Estado y de paso vender la pomada de “los cojones de Piñera” y de los cojones de la derecha. Espero que no todos estén en el postre, porque si algunos son expertos en reconocer la  relación entre crisis y oportunidad, son aquellos que son expertos también en provocarlas.

 

En estos días, Francisco Vidal ha entrado en éxtasis ardiente con el anuncio de Piñera de eliminar las trabas para la remoción de los máximos mandos armados (Art. 104 de la Constitución). A mí, la verdad es que me parece que hay que evaluarlo en el contexto de la nueva definición de época de la articulación de los gobiernos electos. Mirando debajo del agua, no es más que la habilitación de mecanismos de potenciación autárquica, en un escenario en que la conquista de los poderes gubernamentales está cada vez más lejos de favorecer a los representantes de las mayorías postergadas y dominadas, asunto que por tanto, sin fundamentalismos, hace sospechosa su oportunidad.

 

En el marco del Estado empresarial, es el empresariado y sus múltiples tentáculos políticos e ideológicos, los únicos  capaces de ponerle el cascabel al gato, cuando de FFAA se trata. Pero esto poco tiene que ver con cojones y creo que queda claro en el  margen de las libertades de la democracia burguesa, incluyendo aquellas en donde se ha quebrado su hegemonía, porque sólo ha sido posible a través de la toma de control -de una u otra forma- de los aparatos represivos del Estado. Y  pretender esto, en el marco institucional, requiere de una amplia base social organizada y una sólida presencia en el parlamento. Sin esa condición, la derecha sabe que esta autarquía (en su acepción de concentración de poder absoluto) potencia ampliamente sus posibilidades de control.

 

Algunas otras cuestiones señaladas en el artículo que tienen que ver con el fondo y con cuestiones referidas a la inducción afectiva del lenguaje:

 

“Ya en septiembre del 2013, en su primera administración, Piñera dio muestras de su talante…”: aplica -en lo central-  lo ya dicho en referencia a otros fragmentos.

 

Sigamos:

 

“No más llegar a La Moneda -en su segundo periodo-, Piñera barrió con el alto mando de Carabineros implicado en la Operación Huracán….”

 

”Hace poco más de un mes -de un solo plumerazo-, el gobierno mandó a retiro a 21 generales del ejército implicados en…”

 

“En estos días, a raíz del asesinato del joven mapuche Camilo Catrillanca, cometido por el Comando Jungla, el presidente Piñera destituyó al director de Carabineros y a otros diez generales”

 

Nadie puede oponerse al relato de los hechos, pero los hechos no son sólo los actos  más evidentes y por lo mismo, no tiene sentido político medirlos sin contexto, como las estrategias comunicacionales pretenden servir la sopa tibia para orientar la opinión pública.

 

Otra afirmación a lo menos extraña:

 

“En suma, pareciera que estamos volviendo a la época en que las FF.AA. y Carabineros estaban subordinadas al poder civil (…) Es una buena noticia para un país que desde hace 45 años sufre los abusos y la corrupción que el pinochetismo instauró en los institutos armados.

Esta crisis necesariamente llevará a efectuar reformas modernizadoras en las FF.AA. y Carabineros.” ¿No es acaso rumiar este cuento de la separación del poder civil y militar uno de los graves errores de los procesos fallidos de poder popular?

 

Acto seguido, se lee la siguiente pregunta y respuesta:

 

“¿Significa esto que el Ejército, Marina, Fuerza Aérea y Carabineros serán democratizados? No necesariamente.”….

 

Hasta ahora, sigo sin entender: ¿NO NECESARIAMENTE?

 

¿Será esta la clave para entender su óptica analítica? Me inclino a pensar en ello, pero no: en adelante Cabieses cambia el tono. Pero este cambiar el tono deja la ecuación de las partes solo para entendidos en estas materias, mientras queda resonando para el resto, “los  cojones de Piñera”:

 

“Democratizar las FF.AA. y Carabineros, o sea transformarlas de instrumentos de represión al servicio de la oligarquía en co-protagonistas de un proceso de transformación social, es tarea insoslayable de la Izquierda. Una Izquierda que en Chile está por reconstruirse -desde la base social- después del descalabro ideológico y de la persecución de los años 70”.

 

¿No necesariamente? Para mí, solo se puede responder con un no absoluto. El concepto de democracia desde donde se puede relativizar la respuesta con un “no necesariamente”, no corresponde al que debe anidar en la conciencia sobre la naturaleza de las estructuras del poder oligárquico, analizado desde el interés del campo popular. Dicho de otro modo: las fuerzas anti sistémicas deben categorizar el mundo desde su posición anti sistémica y ello implica comprender que las fuerzas que operan en el patrón de acumulación del capital, se conforman -por definición- como fuerzas antidemocráticas, cuyos mecanismos de control pretenden constantemente ideologizar el ojo de quienes se constituyen en víctimas esenciales de su realidad histórica. Y este es un asunto sobre el que no se puede perder la claridad del mensaje, porque la pérdida de dicha conciencia es fuente de múltiples derrotas.

 

Ya no viene al caso culpar a ninguna izquierda, si lo que se pretende es asignar responsabilidades y negligencias en los procesos de representación y acción política. Si por izquierda se quiere significar a quienes marchan al lado de la representación popular, es tiempo de que el pueblo entienda su orfandad y se decida a reconstruir aquello que ya no tiene. Aquí estoy plenamente de acuerdo con Cabieses: seguir hablando de esa izquierda imaginaria de hoy, que se arrastra de una realidad que nos determina tantas derrotas y cargar las culpas del futuro en su acción sin perfil de clase, es hacer como los cuarentones que viven justificando sus derrotas con los traumas de su crianza: tienen la claridad para definir supuestas causas, pero siguen esperando que sus padres reparen aquello que jamás podrán reparar.

 

Estoy de acuerdo con la apreciación de que una democratización de las FFAA no se puede depositar en la acción de la derecha, pero ello corresponde a un juicio absoluto y no relativo. Absoluto, porque el concepto de democracia que hace coherencia con el campo popular, sigue siendo completamente antagónico al concepto de democracia, en la práctica del Estado Moderno; porque el asunto de la “democracia” no tiene que ver solo con cuántos participan de un proceso, sino con el para qué participan. No es solo un asunto cuantitativo, sino cualitativo y cuando entramos en ese escenario, la comprensión de los intereses de clase se tornan absolutamente determinantes y es un deber de la rearticulación política del campo popular, hacerse cargo de reivindicar la necesaria conceptuación de su situación vital y el lenguaje político tiene que representar la realidad desde donde operan los sectores que interactúan en la dinámica histórica.

 

Es certera la afirmación de Lenin, de que no hay teoría revolucionaria sin práctica revolucionaria, pero no perdamos de vista que sella la sentencia advirtiendo que también es imposible una práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria y esto la hace doblemente certera. ¡Vaya que se ha sentido en los hechos la falta de observación de esta verdad! Si a alguien le parece demasiado fuerte esto de “práctica y teoría revolucionaria”, elimine la palabra revolución…sin duda seguirá vigente su esencia.  Si a otro le parece que hablo en lenguas de trasnoche, “pasadas de moda” como se suele escuchar, sugiero que revisen sus convicciones, porque nada queda más claro hoy que el neoliberalismo confirma en extremo las mismas categorías que han operado esencialmente desde que se inaugura la Modernidad del Estado, sin perjuicio de los importantes cambios, que por profundos que sean, no alcanzan sus articulaciones fundamentales y confirman hasta el cansancio, la lógica de acumulación de capital con todas las agravantes que hoy se observan.

 

Vuelvo al centro de la crítica: qué lástima que las cosas ciertas que contiene el artículo a que refiero, se opaquen en la exaltación poco objetiva y por completo innecesaria de un personaje cuyos vicios superan cualquier virtud.

 

De cojones, ¡NADA!

 

Chiloé, diciembre de 2018

 

 

 

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