De pronto, Brandon nota la presencia de Patricio Vergara, el jefe del operativo, que además es amigo de la familia. Vergara, mayor de Carabineros, es evangélico y frecuenta la iglesia de la Villa Las Águilas. Aquí me salvo, piensa Brandon, y le grita a su amigo policía. «¡Mire cómo nos tienen!». Pero el amigo Pato no hace nada. Da media vuelta y Brandon lo escucha reír.

 

El relato corresponde a un extracto de la crónica Brandon Isaac, el de la risa contenida en el libro Tiempos Peores del periodista Richard Sandoval. En el texto se realiza una narración detallada del momento en que el joven mapuche Brandon Hernández Huentecol fue baleado por un funcionario de Carabineros el 18 de diciembre de 2016 en Collipulli, Región de la Araucanía. Esa jornada el muchacho de 17 años terminó con 180 perdigones de plomo en su cuerpo, tras ser baleado por la espalda, en un inexplicable operativo que hoy tiene al sargento segundo Cristian Rivera enfrentando a la Justicia.

 

Vergara al ser encarado por Ada Huentecol

Fue en el contexto del juicio que se está llevando a cabo por estos días en Angol que la madre de Brandon, Ada Huentecol, decidió por primera vez funar cara a cara a Patricio Ismael Vergara Quinteros, el policía «amigo» de la familia que -dice la mujer- podría haber evitado el baleo a su hijo. «¡¿Por qué no hiciste algo cuando Brandon estaba en el suelo?! Cobarde, asesino», le espetó Ada al uniformado este jueves al verlo salir del tribunal en donde éste declaró en calidad de testigo por el caso del ataque al joven mapuche.

 

«Mi molestia hacia él es porque no hizo nada en ese momento; esa es mi rabia. Yo hace dos años que no lo había visto y ayer cuando él declaró y salió desde el tribunal, pude descargar mi rabia hacia él. Yo confiaba en él. Ahora qué confianza voy a tener en los carabineros si uno ‘amigo’ me traicionó», reflexiona Ada en conversación con Politika.

«Yo le tenía un gran cariño a este carabinero»

 

Los Hernández Huentecol viven hace 15 años en la Villa Las Águilas en Collipulli, cuya comunidad -según cuenta Ada es mayoritariamente cristiana. El retén de Curaco, donde Patricio Vergara era jefe, quedaba a medio kilómetro de ese sector. «Él conocía a mis hijos porque él iba a nuestra casa, a tomar once, a la villa a darse una vuelta en la patrulla, a la iglesia, era muy cercano a nosotros; incluso lo invité a tomar once una tarde con su ex esposa», recuerda la madre de Brandon sobre la estrecha relación que su familia tenía con el uniformado.

 

Luego de ese encuentro Ada recuerda que Vergara la fue a buscar para que le preparara una cena a sus papás, quienes celebraban sus ‘bodas de oro’. También estuvo en el funeral de su suegro, añade la mujer, destacando que aún conservan el cuaderno en donde el policía dejó sus condolencias por el fallecimiento del abuelo de Brandon. «Y era muy cercano a mi suegra también. Ella era cristiana y como él era evangélico se llevaban muy bien», apunta.

 

Desde niña, cuando vivía en el pueblo sureño de Camar, en la comuna de Carahue, Huentecol participó de la iglesia, por lo que a su llegada a Collipulli continuó haciéndolo y allí pudo conocer más al policía Vergara. «Iba a hablarnos del Evangelio y hablaba con el pastor de donde nosotros pertenecemos. Era muy, muy cercano (…) Por lo mismo yo le tenía un gran cariño a este carabinero, un respeto», destaca Ada.

 

Ada Huentecol junto a su hijo Brandon Hernández. Foto: Politika

 

Uno que, por supuesto, se extinguió ante la fuerza de un hecho tan brutal como el ocurrido a sus hijos de 13 y 17 años, y que mantiene a este último todavía con más de 80 perdigones en su cuerpo. «¡Pero qué cagada te mandaste, si teníamos todo controlado!», recordó Brandon Hernández en el libro Tiempos Peores que le dijo tardíamente su supuesto «amigo» carabinero al sargento Cristián Rivera, tras oír el estruendo del disparo. «Brandon, estando reducido en el suelo, le pidió ayuda. ‘Mire don Patricio -le decía-, mire como nos tienen, dígales algo’. Y Patricio Vergara lo miró, sonrió y siguió caminando. Él pudo haber cambiado la situación, pudo haber dicho ‘conozco a estos niños, déjenlos’, pero no hizo nada. Al contrario, él fue uno de los cómplices del disparo», sostiene Ada Huentecol.

 

¿Por qué Patricio Vergara no intervino en favor de Hernández, como ha sostenido el joven baleado? «Yo creo que es más importante para ellos su institución. Ellos se olvidan de que éramos amigos, conocidos, no actúan humanamente, sino que ciegamente, defendiendo una institución corrupta, asesina», cree la madre de Brandon.

 

 

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