Este martes 23 de enero se cumplen 100 años de un hecho histórico ocurrido en Puerto Natales y Puerto Bories, en la Región de Magallanes. Se le llamó La rebelión de los tirapiedras y su trascendencia radica según el sociólogo e investigador Ramón Arriagada -quien publicó justamente un libro bajo ese nombre- en que se trata de un «acontecimiento social y político insólito en la historia del movimiento obrero chileno». 

 

Un hecho que, sin embargo, como suele ocurrir en este tipo de sublevaciones, sumaría a la sangrienta historia chilena nuevos trabajadores asesinados, los que durante esta jornada serán recordados y homenajeados por los natalinos como los «mártires del Frigorífico Bories».

 

De acuerdo a lo narrado por el escritor Ramón Arriagada, el conflicto estalló definitivamente cuando la mañana de ese 23 de enero de 1919 un obrero pintor, dirigente de la Federación Obrera, anunció el término de sus faenas y demandó el pago de sus cuentas. No obstante, la administración del Frigorífico Bories -ubicado en la localidad del mismo nombre, distante a unos 4 kilómetros de Puerto Natales- se negó a acceder a su exigencia por estimar defectuoso su trabajo.

 

Obreros de sección Matanzas de Frigorífico Bories. Extraída de web luisemiliorecabarren.cl

 

Un incidente que podría ser considerado como menor, pero que venía precedido por una creciente movilización iniciada tres días antes luego de que la administración de la compañía ordenara el cambio de habitación para dos maquinistas del ferrocarril que conectaba al establecimiento con Natales. Los trabajadores consideraron que las piezas que les fueron asignadas eran menos cómodas que las anteriores, reclamaron ante esta medida, pero recibieron una respuesta negativa del administrador y sus despidos.

El asesinato de Carlos Viveros

 

Estos hechos generaron molestia en los demás líderes obreros y una tensa y confusa situación. Los trabajadores exigían ser trasladados a Puerto Bories en el ferrocarril, pero sus conductores no accedieron a ello a la espera de la llegada de Carlos Viveros, el máximo líder de la organización sindical. En eso intervino Carabineros, reaccionando algunos obreros a través de disparos hacia el cuartel de la policía que se encontraba cercano a la estación de ferrocarriles.

 

Tras la llegada al mediodía al Frigorífico Bories del tren con los obreros venidos de Natales, se produjeron nuevamente incidentes, esta vez entre trabajadores y dirigentes armados, contra el personal de la administración de la empresa. Una comisión de obreros -liderada por el mencionado Viveros y Enrique Espinoza– intentó infructuosamente que varias proposiciones de arreglo del conflicto fueran atendidas. A esa altura las demandas de los huelguistas había aumentado y ya consideraban una jornada laboral diaria de 8 horas, el reintegro de los dos trabajadores que habían sido despedidos, la reducción de los fletes marítimos en un 40% y una rebaja de un 30% en todos los artículos expendidos por la casa comercial Braun & Blanchard, según detalló por esos días el periódico inglés de Punta Arenas The Magellan Times.

 

Portada libro La rebelión de los tirapiedras

Los ánimos estaban caldeados en este intento por dialogar entre la comisión de obreros y la administración de la empresa. Fue ahí que el administrador del frigorífico, Williams Leslie Kidd, de nacionalidad inglesa, «de súbito sacó su revólver y disparó contra el compañero Viveros, matándolo instantáneamente», según la versión del dirigente Ulises Gallardo consignada por Arriagada.

 

Carabineros diría posteriormente en su informe que si bien el sujeto disparó sobre los huelguistas, «no los hirió». El escritor profundiza en este episodio rescatando otros relatos de testigos, como el de un obrero de nombre Gabriel Bustamante, quien señala que Kidd le habría disparado primero al dirigente Enrique Espinoza, ante lo cual su compañero Carlos Viveros -«que siempre andaba armado»- habría percutado su arma contra el subadministrador, el australiano Somerville Henry Wood, «rozándole la ropa e hiriéndolo levemente en las costillas». Por otra parte, el periódico Claridad afirmó en 1938 que al parecer el autor del asesinato de Viveros habría sido Wood o un policía de apellido Reyes, que se habría encontrado oculto en la tonelería.

 

Lo cierto es que tras el baleo a Carlos Viveros, el administrador Kidd huyó hacia el interior del establecimiento, siendo perseguido por algunos obreros armados. Esto originó la intervención de Carabineros, quienes ya estaban apostados en sitios estratégicos del frigorífico. En la acción policial murieron tiroteados el mencionado Enrique Espinoza, el también dirigente José Therán y un carabinero. Perdió la vida igualmente en ese incidente un empleado de la administración del Frigorífico Bories.

 

Unos seis efectivos de Carabineros se atrincheraron en un galpón vecino del frigorífico. Al salir del lugar hacia el retén en busca de sus armas, fueron alcanzados por los huelguistas, dándole muerte a uno de los policías. Así relató este hecho el obrero Gabriel Bustamante, citado por Arriagada: «(…) alcanzaron a ver a Juan de Dios Cid Salvo, quien antes había matado a un obrero pisándole el estómago y reventándolo por dentro. Como se habían quedado atrás los obreros lo alcanzaron y le pegaron con un palo en la cabeza y le dieron un balazo en la sien. No se murió en el momento; gritaba y pedía perdón por lo que había hecho y vino a morir en el local de la Cruz Roja».

El asalto a la casa comercial Braun & Blanchard

 

La muerte de los dirigentes obreros aumentó la indignación. En tanto, un grupo de obreros que se encaminaba desde Puerto Natales a Puerto Bories con el fin de conocer el resultado de la gestión de los dirigentes con la administración del frigorífico, fue baleado por funcionarios de Carabineros en las proximidades de Natales. A raíz de ello los huelguistas del frigorífico se trasladaron en masa a esta última ciudad, momento en el cual también se sumaron a la paralización los trabajadores del Frigorífico Natales.

 

Uno de los trenes que circulaba entre el Frigorífico Bories y Puerto Natales. En esta máquina murió el dirigente José Therán. Foto: Carlos Foresti. Extraída de web luisemiliorecabarren.cl

 

«En la tarde del día 23 de enero, el clima casi insurreccional en Puerto Natales y todo el sector aledaño, era casi incontrolable aunque no generalizado. Los obreros organizados y armados habían tomado un virtual control de la localidad de Puerto Natales, y en medio del clima de confrontación creado anteriormente, asaltaron y prendieron fuego a la casa comercial Braun & Blanchard (considerada junto a la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, como la causa de todos los males sociales de la localidad)«, reseña el escritor Ramón Arriagada. «Cuando incendiaron la casa Braun & Blanchard y el depósito de parafina y nafta que había arriba en el cerro (…) Los tanques volaban por los aires y reventaban…y después la gente arrancando con ropa, con esto, todo, llenando sacos para arrancar y esconderlos en el monte, antes que quemaran la casa. Porque según ellos vendían muy caro; era la consigna que tenían los anarquistas contra el capital», relató un testigo ocular de nombre Rodrigo MacLean al historiador Pedro Cid, según consigna Arriagada.

 

Por su parte, el obrero Gabriel Bustamante apuntó que «la casa almacén bodega Braun & Blanchard la quemaron el ’19 en represalia, porque había prometido un 20% de rebaja de sus precios y al otro día, en vez de bajar, los subieron un veinte por ciento». También fue incendiada la oficina del Banco de Punta Arenas, el que no volvió a abrir una sede en Natales. Sin perjuicio de ello, los asaltos al comercio de esa ciudad tenían un objetivo más urgente para los protestantes: la búsqueda de armas y municiones.

 

Armada, la multitud marchó al edificio del Juzgado y al cuartel de Carabineros. Allí hubo un nuevo enfrentamiento que duró seis horas y en el que resultaron muertos seis policías y los obreros Juan Saldivia, Alejandro Muñoz y Ramón Mansilla. Además, quedaron heridas otras 13 personas entre uniformados y manifestantes.

 

Dirigentes de la Federación Obrera. Foto: Gabriela Bustamante. Extraída de web luisemiliorecabarren.cl

 

«En la medida en que desde la tarde del 23 de enero de 1919, los obreros adquieren el control de la localidad de Puerto Natales, producto de su acción armada, estamos en presencia de una rebelión obrera, una rebelión que se estructuró gradualmente a medida que los acontecimientos lo iban permitiendo, una rebelión que se encontró con las armas en la mano y que debió seguir adelante, ante el vacío de poder que se produjo en la ciudad», escribe el investigador Ramón Arriagada respecto a ese momento de la sublevación.

 

Un «acontecimiento social y político insólito en la historia del movimiento obrero chileno», como lo define el escritor, explicando que «se trató de una experiencia única en que los trabajadores organizados y en huelga lograron vencer a sus agresores, y tomaron el control de la ciudad, hasta que las autoridades locales lograron reestablecer su gobierno».

 

Tumba de obreros muertos en el Cementerio Padre Alberto Hurtado de Puerto Natales. Foto: Museo Municipal de Puerto Natales. Extraída de web luisemiliorecabarren.cl

 

 

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