Este 3 de febrero se termina la suerte de «marcha blanca» que permitió la nueva ley de bolsas plásticas para que hasta esa fecha el gran comercio -las cadenas de supermercados y el retail en general- pudiera entregar un máximo de dos de ellas. A partir de ese día la prohibición será total. En el caso de las micro, medianas y pequeñas empresas -los almacenes de barrio, por ejemplo- dicho plazo se extenderá por dos años, hasta el 20 de julio de 2020.

 

Salvo por el rechazo de la Asociación de Industriales del Plástico (Asipla) -entidad gremial que recurrió infructuosamente al Tribunal Constitucional para frenar la nueva normativa-, lo cierto es que la medida ha sido celebrada tanto por la sociedad en general como por las organizaciones ambientalistas que han promovido la batalla contra el uso del plástico.

 

Sin embargo, han sido estas mismas entidades las que han insistido en la necesidad de avanzar mucho más allá, impulsando la idea de eliminar no solo las bolsas que se entregan en el comercio, sino que  todos los plásticos de un solo uso a nivel nacional. Y es que la nueva ley no considera la prohibición de distribución de aquellos en que se envasan los alimentos -como los que envuelven el arroz o los fideos, por nombrar algunos-, así como tampoco los que tienen un uso necesario para evitar su desperdicio o por razones higiénicas.

 

 

14 mil años para degradarse

 

La ONG Greenpeace ha liderado en nuestro país la promoción del fin de estos productos desechables a través del Movimiento Chile sin plásticos, y en ese contexto en noviembre de 2018 dieron a conocer los preocupantes resultados de un particular ejercicio que realizaron para graficar la cruda realidad que representa este tipo de envases en nuestro país. Miembros de la organización recorrieron distintos supermercados y compraron una canasta básica de 38 productos que acostumbran a adquirir los chilenos. La conclusión fue alarmante: «Si sumamos los años de todos estos envoltorios plásticos se requieren poco más de 14.000 años para degradarse», advirtió Soledad Acuña, coordinadora del Movimiento.

 

Para dimensionar la gravedad de este dato, Greenpeace apuntó que hace 14.000 años aún existía un paso terrestre entre América y Asia y el Milodón vivía en la Patagonia.

 

En ese sentido, Acuña recalcó que en la canasta básica adquirida por la ONG «casi todos los productos vienen envueltos en plástico innecesario». Dicho esto, calificó entonces como «un sinsentido que hayamos eliminado las bolsas plásticas, pero que nos estemos llevando enormes cantidades de otro tipo de plástico que termina en la basura apenas llegamos con las compras a nuestras casas».

 

Productos de la canasta (izquierda) junto a sus envoltorios desechables (derecha). Foto: Greenpeace

 

Como propuesta frente a esta preocupante realidad, la activista señaló que «las empresas deben entregar opciones ambientalmente amigables a los compradores» y que en el caso específico de los supermercados, estos debieran ofrecer «al menos un espacio en sus góndolas con productos libres de plástico». «Sería un paso mínimo, pero a la vez un avance enorme. Lamentablemente no vemos que existan propuestas innovadoras por parte de las grandes cadenas en este sentido», concluyó Soledad Acuña.

 

De ahí que Greenpeace valorara el reciente anuncio en las comunas de Santiago y Providencia, donde se han proyectado ordenanzas municipales para prohibir la distribución de productos de plástico desechable, como bombillas, platos, envases y cubiertos de un solo uso en bares, comercios y quioscos. En este contexto, la vocera del Movimiento Chile sin plásticos realizó un llamado al Gobierno a no quedarse solo en «medidas a medias que solo piensen en las bombillas, o en reciclar o incinerar los plásticos». «La manera de atacar el problema de raíz es eliminándolos», concluyó Acuña.

 

 

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