Fue una fotografía acompañada de un airado descargo puesta en un grupo de Facebook de la comuna de Villarrica, en la Región de la Araucanía, la que hizo resurgir entre quienes la vieron y compartieron la molestia por el estado de la contaminación en el lago Villarrica. En la imagen se observa a un grupo de motoristas de agua cargando combustible en la estación de la empresa Copec que se encuentra sobre el agua. «Disculpen mis palabras, pero mi indignación ya pasó los límites (…) Les presento un servicentro dentro de un lago (…) Ahora saldrán con la excusa de que esto no vierte líquidos por ningún lado», escribió Víctor Manuel Bulnes Quispe, el usuario que colgó la «postal».

 

La fotografía ha sido compartida más de 1.800 veces y generó cientos de comentarios, planteándose en muchos de ellos que esa estación de servicio ya lleva muchos años ubicada allí. Sin perjuicio de ello, la discusión sirvió para evidenciar y revitalizar la preocupación que los habitantes de la zona sienten ante los agentes contaminantes que llegan al lago y en donde aún no se sabe a ciencia cierta qué rol cumple aquel servicentro Copec.

 

Cuenca saturada

 

La cuenca del lago Villarrica fue declara -tras un proceso que involucra un polémico actuar de la administración de Sebastián Piñera que abordaremos más adelante- como «zona saturada». Isabel Saravia Bown es integrante del Movimiento Ciudadano Aguas Libres Lago Villarrica, organización que se ha preocupado del tema de la contaminación, y explica en conversación con Politika que esto se debería principalmente a cuatro factores que han sido determinados en estudios oficiales.

 

Construcciones a orillas de lago Villarrica. Captura video de Aguas Libres Lago Villarrica

 

En primer lugar menciona lo ocurrido con los cauces que bajan desde la cordillera hacia el lago y llegan a manos de las pisciculturas de salmones que se ubican en las cabeceras de esas fuentes de agua, contaminándolas. «Ahí adquieren altos contenidos de fósforo, nitrógeno, antibióticos y hormonas, que quedan incorporados en los residuos y van al agua. Estas aguas caen al lago y éste es el receptáculo de todo esto (…) y se produce a través de los años un aumento y comienza a colapsar el ecosistema», explica Isabel, quien añade que de acuerdo a estudios del Ministerio del Medio Ambiente, este sería el principal factor de contaminación de la cuenca con un porcentaje superior al 83%.

 

En segundo lugar, Saravia menciona lo que sucede con las escorrentías, es decir, el agua lluvia que circula por la superficie de un terreno y que hace escurrir algunos contaminantes presentes en la naturaleza. «Por ejemplo, en la lechería sale toda la caca de las vacas mezclada al estero, al zanjón, a la acequia y de ahí pasa al afluente del lago y de ahí finalmente a este mismo. Y esto es puro nitrógeno», apunta la activista. En ese sentido, detalla que esto ocurre con la ganadería, en términos generales, y con la agricultura, «pero no con la de la señora que tiene su huerta y que le echa guanito a su arvejitas, sino que con la de carácter comercial». Respecto de esto último, añade que el fósforo y el nitrógeno utilizado para fertilizar artificialmente las praderas, al ser solubles en agua y no ser consumido completamente por las plantas, termina pasando por un proceso de lixiviación y llega igualmente a los cauces.

 

Imagen de Copec difundida en redes sociales

Un tercer e importante contaminante -del que no obstante no existe prácticamente ningún registro, según Isabel- es el del boom inmobiliario, principalmente el que se desarrolla a orillas del lago. Allí -explica- «no hay un sistema de alcantarillado municipal, por lo tanto tienen que deshacerse de las aguas ‘negras’ con sistemas privados, entonces se hace una fosa séptica, con uno que otro tratamiento, y se llegan a depositar con algún nivel de contaminación -como estamos en Chile podemos suponer que es el máximo- en la orilla del lago, infiltrándose hacia las capas subterráneas».

 

Y, por último, la integrante del Movimiento Ciudadano Aguas Libres Lago Villarrica menciona otro contaminante que, dice, «no sabemos si es el cuarto o el primero porque no existe ningún registro». Se trata de los hidrocarburos. «El tipo de examen de laboratorio que utilizan para determinar cuál es la cantidad que hay es absolutamente inútil, insuficiente, no sirve, es como de post Segunda Guerra Mundial, no tiene nada que ver con los estándares de hoy», apunta Isabel, quien sin embargo afirma lo siguiente respecto a la estación de servicio de Copec  instalada en pleno lago Villarrica: «Lo que sí puedo decir es que cuando una mira alrededor de la posa -como se ve en un video en donde hicieron una toma desde arriba con un dron- a una se le llega a apretar la guata».

 

«Es una aberración. Para cualquier persona con sentido común le queda absolutamente claro que es una aberración; es cuestión de mirarlo», añade la activista, quien sin perjuicio de ello insiste en la urgencia de medir los niveles de contaminación porque -según señala- los propios marinos, encargados en teoría de esa tarea, han asegurado que no tienen capacidad de personal para llevar a cabo esa labor.

 

Estación Copec desde arriba. Captura video de Aguas Libres Lago Villarrica

 

Isabel Saravia explica que en términos generales, la contaminación del lago a través de la abundancia básicamente de nitrógeno y fósforo se traduce en alimento y posterior crecimiento de algas, que terminan por consumir el oxígeno del agua. Eso, sumado a las altas temperaturas y a la tranquilidad de las aguas por la poca existencia del viento en el verano, produce el crecimiento explosivo de algas llamadas cianobacterias, las que se acumulan en algunos sectores del lago -no en su totalidad- y liberan toxinas. Esto provoca, entre otros efectos, fuertes irritaciones en la piel e infecciones urinarias e intestinales.

 

Ante esto el Movimiento Aguas Libres Lago Villarrica solicitó que cuando se vaya a producir este bloom de florecimiento de algas se establezca una alerta temprana, como ocurre por ejemplo con la llamada fragata portuguesa, para que determinados sectores de las playas del lago se cierren por un período. Lograron que se generara una mesa de trabajo y un primer encuentro con las autoridades de Salud, sin embargo, según afirma Isabel, el ministerio simplemente bajó la segunda reunión que estaba agendada para el pasado 24 de enero, argumentando que accionarían por otras vías. «El daño que se está haciendo a este espacio medioambiental es gravísimo, el Estado no está reaccionando -es decir, el Gobierno no está ni ahí con tomar estos temas-, nadie entiende por qué no se puede hacer una alerta temprana», sostiene Saravia.

Piñera y el retiro de la «zona saturada»

 

En marzo de 2018, cuatro días antes de terminar su mandato, la entonces Presidenta Michelle Bachelet firmó el decreto que declaraba «zona saturada» a la cuenca del lago Villarrica, el que ingresó entonces a la Contraloría General de la República. Sin embargo, una vez asumido el gobierno de Sebastián Piñera este lo retiró -argumentando que debían corregirse observaciones realizadas por el órgano fiscalizador- y recién cinco meses después, en agosto de ese año, fue publicado en el Diario Oficial.

 

Captura video de Aguas Libres Lago Villarrica

 

«Retuvieron el decreto, lo cual permitió que en ese período se hiciera todo lo necesario y que le convenía a diversos contaminadores», con miras al decreto de descontaminación que se establecería posteriormente, apunta Isabel Saravia. «Fue publicado cuando ya habían salido todos los permisos para edificios, las pisciculturas ampliaron sus capacidades, etcétera», explica.

 

Sin perjuicio de ello, desde el Movimiento Aguas Libres Lago Villarrica han decidido comenzar a informar a la ciudadanía sobre lo que está ocurriendo con el lago y a la espera del proyecto de descontaminación que involucra la declaración de «zona saturada», el que recién comenzaría a implementarse aproximadamente en dos años más. Por ahora, la organización está invitando a la ciudadanía a firmar por las demandas que ellos están levantando para la puesta en práctica del plan, y que entre otras incluye la estandarización con la OCDE de los niveles de contaminación de las pisciculturas, la exigencia de fiscalización e investigación a fondo de los agentes contaminantes, incluidas las empresas inmobiliarias, y un plan de información y educación enfocado en la ciudadanía.

 

 

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