A la hora de hablar del periodismo comprometido con la verdad y la justicia durante la dictadura cívico-militar chilena, el nombre de Patricia Verdugo Aguirre (1947-2008) aparece como uno de los imprescindibles. Autora de publicaciones como Quemados vivos (1986), Operación Siglo XX (1990) o Bucarest 187 (1999), entre muchas otras, esta escritora es responsable de una de las investigaciones que en los últimos días del régimen de Augusto Pinochet comenzaba a abrir la caja negra que esta dejaría al caer respecto a uno de sus episodios más oscuros y sangrientos, el del paso por distintas ciudades en octubre de 1973 de la llamada «Caravana de la Muerte».

 

A través de un acucioso trabajo de investigación periodística y entrevistas, Verdugo reconstruyó en su libro Los zarpazos del Puma el recorrido a bordo de un helicóptero de la comitiva militar enviada por Pinochet para «acelerar» los irregulares procesos que se llevaban en contra de prisioneros políticos, tarea que dejó un saldo de 72 muertos en sus escalas en Cauquenes, La Serena, Copiapó, Antofagasta y Calama.

 

Una de esas paradas de ese vuelo de exterminio, la de La Serena, hoy vuelve a hacer noticia luego de que se diera a conocer que quien fuera comandante en jefe del Ejército ya entrada la democracia, Juan Emilio Cheyre Espinosa, ha sido procesado y detenido como autor de la aplicación de torturas en contra de 24 prisioneros políticos que fueron llevados al Regimiento Arica de esa ciudad donde él desempeñaba sus labores militares. Un vínculo con los crímenes de la dictadura silenciado por décadas -a tal punto que este oficial llegó a ocupar el más alto cargo en la institución castrense a la que pertenecía-, pero del cual hace 30 años ya había dado cuenta Patricia Verdugo al publicar Los zarpazos del Puma. 

 

15 prisioneros asesinados

 

En el capítulo V de su investigación, titulado «De qué se trata, mi general», la periodista describe un brutal hecho ocurrido en La Serena y del que sin duda Juan Emilio Cheyre tuvo conocimiento.

 

En el Regimiento Arica funcionaba en 1973 la Fiscalía Militar y el Consejo de Guerra. Hasta allá fueron llevados el 16 de octubre de ese año 15 prisioneros, provenientes de la cárcel de La Serena. “Como a las 16 horas, se escucharon fuertes y repetidas descargas de metralletas”, se relata en el libro.

 

“A la redacción de El Día, diario local, llegó cerca de las siete de la tarde un llamado telefónico del teniente Emilio Cheyre Espinosa, ordenando la publicación de un bando en primera página de la edición del día siguiente”, continúa Verdugo. Cheyre, brazo derecho del comandante del Regimiento Arica y también procesado junto a él por las torturas a los detenidos, Ariosto Lapostol, traspasaba entonces la información de la muerte de 15 prisioneros, la que al otro día sería titulada así: EJECUTADAS SENTENCIAS DEL TRIBUNAL MILITAR. Quince personas fueron ajusticiadas por diversas causas que da a conocer el Tribunal castrense.

 

La periodista consigna además que junto con acusar a muchos de ellos de mantener ocultas armas y explosivos, el comunicado oficial replicado por El Día agregaba que “estos individuos formaban parte de una agrupación terrorista que (…) tenía planificado apoderarse del Cuartel de Carabineros de Salamanca, matar al personal y a los hijos de estos mayores de ocho años. Además de eliminar físicamente a un grupo de personas de la ciudad que alcanzaba un número de 30, cuya nómina no es del caso dar a conocer por razones obvias”. Todo eso era, por supuesto, mentira.

 

La noticia causó impacto y dolor en la población, destacándose que entre los asesinados estaba Jorge Peña Hen -hijo ilustre de La Serena, director de la Orquesta Filarmónica y creador de la Orquesta Filarmónica de Niños-, por lo que Lapostol debió salir a dar declaraciones en la prensa, señalando lo siguiente: «Se trató de un estudio sumamente serio para llegar a aquella determinación. El Consejo de Guerra actuó en base a hechos concretos”, se consigna en Los zarpazos del Puma.

 

Juan Emilio Cheyre

 

Sin embargo, Patricia Verdugo explica en su libro que el comandante del Regimiento Arica había violado el procedimiento regular para tiempos de guerra, obviando dejar la investigación y sentencia por escrito, además de enterrar los cadáveres el mismo día de la ejecución, impidiendo que sus familiares lo hicieran. No obstante ello, la verdad de parte de este crimen colectivo quedaría muy pronto establecida y Cheyre nuevamente se enteraría de ello.

 

De acuerdo a lo relatado en Los zarpazos del Puma, en el caso de cuatro ejecutados provenientes de Ovalle, recién el 20 de diciembre de 1973 -dos meses más tarde de que se provocara su muerte- el Consejo de Guerra de La Serena emitía una sentencia de primera instancia en este proceso, estableciendo paradójicamente en uno de sus considerandos que se sobreseía a estas cuatro personas por “estar muertos”. En ese Consejo de Guerra, prueba de la realización de un crimen colectivo anterior realizado bajo un procedimiento irregular y basado en acusaciones sin ningún sustento real, participó Juan Emilio Cheyre.

 

Cuarenta y cinco años después, el pasado 9 de noviembre de 2018, la justicia condenaría finalmente al otrora comandante en jefe del Ejército como encubridor de este crimen, asignándole una pena de 3 años de libertad vigilada.

 

 

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