Según un reciente artículo de The Economist ([i]), la oposición derechista venezolana falló rotundamente en sus planes de realizar una masiva movilización popular contra el presidente Maduro en Venezuela y con esto conseguir su derrocamiento. La causa principal de este fracaso fue el hecho que el diputado Guaidó no logró que un número adecuado de soldados venezolanos desertaran del chavismo y se pasaran a fortalecer las fuerzas derechistas.

 

El 30 de abril del 2019, Guaidó y sus seguidores rodearon la base aérea “La Carlota”. Esto se hizo con la activa ayuda de un grupo de militares desertores y fuertemente armados. Guaidó anunció en esa manifestación que al día siguiente, o sea el 1 de mayo, se realizaría “la gran marcha por la libertad”. Esta sería la más grande marcha en la historia de Venezuela y ella obligaría a Maduro a escapar a Cuba. Sin embargo, el 1 de mayo, cuando Guaidó y sus seguidores se acercaron a la base aérea de La Carlota, ellos fueron rápidamente dispersados con una lluvia de bombas lacrimógenas. Al mismo tiempo, la manifestación pro Guaidó a realizarse en el barrio popular “El Paraíso”, fue rápidamente dispersada por  la guardia nacional con el uso masivo de gases lacrimógenos y balas de plástico. Además de toda esta catástrofe, Leopoldo López (que apareció con Guaidó el día anterior) ante este descalabro, rápidamente se refugió con su familia en la embajada de España. Por su parte, docenas de soldados rebeldes, que habían disparado sus fusiles el día anterior, corrieron como conejos asustados a refugiarse a la embajada de Brasil. A pesar de todos los gigantescos problemas socioeconómicos y las presiones de Estados Unidos, Maduro mantuvo la lealtad de las fuerzas armadas venezolanas.

 

¿Cómo se puede explicar este fenómeno de la lealtad de las fuerzas armadas? Según el The Economist, en parte esto se debe a que muchos de los altos oficiales superiores, gozan de privilegios especiales en el sistema socialista bolivariano y por supuesto, ellos no están dispuestos a perder dichos privilegios. John Bolton, asesor del presidente Trump, ha señalado que el plan elaborado no funcionó debido a que Juan Moreno, jefe de la Corte Suprema, no cumplió con su palabra. Juan Moreno se había comprometido a declarar públicamente que la Asamblea Constituyente era ilegal y que por lo tanto sus decisiones eran de nulidad absoluta. Según Bolton esta declaración de ilegalidad, de parte del jefe de la Corte Suprema, le habría dado cobertura total al Ministro de Defensa General Padrino en su prometido apoyo a Guaidó y a la Asamblea Nacional controlada por la oposición.  Bolton además señala que el plan fracasó debido a la intervención cubana. Además añadió que los cubanos y los rusos convencieron a Maduro para que no se escapara a Cuba tal como se había planeado.

 

Fuentes anti Maduro en las Fuerzas Armadas venezolanas señalaron por su parte, que no hubo deserciones masivas esperadas. Todo esto, pues el plan original indicaba que la rebelión iba a ocurrir el día 2 de mayo. No obstante, López y Guaidó decidieron adelantar las cosas y ante esto, el alto mando se vio obligado a cancelar el golpe contra Maduro. The Economist agrega que al parecer la oposición derechista en este caso actuó, alocada y estúpidamente.  La derecha venezolana cree que la lucha callejera y las guarimbas  son suficientes para derrocar a Maduro.  The Economist continúa señalando que un experto estadounidense, muy conocedor de la situación venezolana ha indicado muchas veces que la oposición venezolana es ignorante políticamente y tiende a actuar precipitada y estúpidamente. The Economist señala además que el régimen tiene traidores. El General Manuel Figuera, jefe del Servicio de Investigaciones (SEBIN) fue despedido por su aparente apoyo a los rebeldes. Los problemas de Figuera da crédito al análisis hecho por Bolton de que Maduro tiene grandes traidores dentro de su equipo. En una carta reciente, Figuera le dice a Maduro que él ha descubierto que mucha gente en la que Maduro confía lo ha traicionado y negocian activamente a sus espaldas. Al parecer, con todo esto, está en duda que Maduro aún confíe en Padrino y Moreno.

 

No obstante todos estos descalabros, el golpe más grande de abril 30 fue para Guaidó. Después de casi cuatro meses, el régimen de Maduro aún no colapsa. Si pasan los meses y Maduro aún continúa en el poder, esto se transformará en un mortal problema político para Donald Trump. El 1 de mayo Mike Pompeo (el secretario de Estado norteamericano) señaló que una intervención masiva de Estados Unidos a Venezuela era altamente probable.  El articulista del The Economist, indica claramente que esta es una absurda y pésima idea. Esta intervención militar le daría la razón a Maduro cuando este alega que los Estados Unidos sólo quieren apoderarse de la fabulosa riqueza de Venezuela y al mismo tiempo, destruir la esperanza chavista que aún existe en América Latina. El autor del artículo agrega que hay estudios serios que prueban que el apoyo de la inmensa mayoría de los venezolanos a una invasión militar estadounidense a su país, está en franca y clara declinación. Además, con todas las nuevas medidas punitivas y sanciones a Venezuela, es probable que un gobierno de transición post Maduro se haga cargo de un país quebrado económicamente y destruido y no viable desde un punto de vista político. En otras palabras, un Estado fallido imposible de reconstruir. ([ii])

 

Trump ha dejado muy en claro que su objetivo básico en Venezuela es liquidar a Maduro. Esta es una batalla que Trump no puede perder ya que ello significaría la no reelección en el año 2020. El artículo continúa señalando que puede que Maduro salga de Venezuela mañana o puede que todavía esté en el gobierno para la próxima Navidad en diciembre. En este caso, Trump deberá elegir entre una efectiva y masiva acción militar (que no tiene el apoyo de los latinoamericanos y tampoco el apoyo del Partido Demócrata) o negociar con Maduro y las potencias que lo apoyan.  Hasta aquí llega el artículo de The Economist.

 

Desgraciadamente, para la derecha estadounidense y latinoamericana, Venezuela ha pasado a ser un asunto de interés global. Las grandes potencias revisionistas tales como China, Rusia, Irán, Turquía y Paquistán están impidiendo que las maniobras desestabilizadoras de Estados Unidos en Venezuela tengan éxito. Todos ellos están apoyando a Maduro y tratan de fortalecer su control sobre las fuerzas armadas venezolanas. Mientras Maduro mantenga el apoyo de las fuerzas armadas venezolanas, Guaidó, la oposición y sus aliados estadounidenses no tienen ninguna posibilidad de conseguir que el chavismo salga del poder en Venezuela. Los 150 mil soldados venezolanos y los dos millones de voluntarios armados, son más que suficientes para aplastar a la derecha venezolana y a sus aliados latinoamericanos. Al parecer, las potencias revisionistas han descubierto el talón de Aquiles de los Estados Unidos y así su apoyo a Maduro va a seguir hasta que Estados Unidos acepte que Rusia es el hegemón regional de la civilización ortodoxa y su área de influencia está en Europa oriental y en los territorios que rodean al mar Negro y al Mar Caspio.

 

 

Estados Unidos también debe aceptar que China es el hegemón regional en Asia y que ella tiene el control sobre lo que ocurre en Corea, Taiwán, y el mar del sur de China. Estados Unidos también debe aceptar que Turquía, Irán y Paquistán son las potencias regionales islámicas y son ellas las que deben mantener la paz en la civilización islámica. Si Trump o su sucesor aceptan estas demandas por parte de Rusia, China, Turquía, Paquistán e Irán, entonces es probable que estas potencias revisionistas no se interesen en las políticas y decisiones que Estados Unidos adopte hacia Venezuela y hacia el resto de América Latina y el Caribe.([iii])

 

Todo esto significa que las grandes potencias deben cumplir con los principios básicos de la multipolaridad enunciados a principios de los años 90 por Samuel P. Huntington. La unipolaridad de  Estados Unidos dejó de existir a comienzos del siglo XXI. Esta es la razón principal por la cual Estados Unidos aún no ha podido derrotar a sus enemigos en el Medio Oriente, el Norte de África, Libia en particular. Estados Unidos tampoco ha podido obligar a Rusia a que abandone sus intentos por recuperar territorios perdidos en Ucrania, el Cáucaso, el mar Negro y el mar Caspio. Estados Unidos tampoco ha podido doblegar los intentos por dirigir a la civilización islámica por parte de Irán Turquía y Paquistán. Finalmente, Estados Unidos tampoco ha podido conseguir la desnuclearización de Corea del Norte, eliminar las bases chinas en el mar del sur de China y contener al gigante asiático en su deseo por controlar la economía del sur de Asia, particularmente, Indochina, Malasia, Indonesia y las Filipinas, todo esto se trata de conseguir mediante la construcción de nuevas rutas de la seda.

 

Todas las potencias regionales previamente mencionadas, desean dirigir y controlar sus respectivas áreas de influencia. Esta es la base del nuevo mundo multipolar. Como la elite cosmopolita estadounidense no acepta los enormes cambios que se han producido en las primeras dos décadas del siglo XXI, las potencias regionales de la civilización ortodoxa, cínica y musulmana, han decidido intervenir en el patio trasero de los Estados Unidos. Esta parece ser la razón por la cual los servicios de inteligencia  de estas potencias regionales están interviniendo en Venezuela. Ellas están ayudando al gobierno de Maduro y esto lo hacen a través de miles de funcionarios cubanos trabajando en Venezuela.

 

Si Trump sigue fiel a su política anti cosmopolita e insiste en el aislacionismo,  es decir, su preferencia de  “America first”, y decide retirarse militarmente de regiones bajo la influencia de potencias regionales anteriormente mencionadas, entonces es probable que su política contra Maduro tenga éxito. Todo esto sin tener que intervenir militarmente en territorio venezolano. En otras palabras, si Trump deja que China resuelva los problemas del este de Asia, y al mismo tiempo deja que Rusia resuelva los problemas del este europeo y finalmente deja que Turquía, Irán y Paquistán resuelvan los problemas de la civilización islámica, entonces es probable que estas potencia regionales dejarán de intervenir a favor de Maduro en Venezuela.

 

De esta manera, las nuevas autoridades estadounidenses podrían con calma y paciencia elaborar una especie de nuevo plan Marshall para América Latina. Pero para que esto tenga éxito, el nuevo liderazgo estadounidense deberá contar con las fuerzas políticas no corruptas que aún existen al sur del río Grande. Es preciso tener presente que la región entera ha caído en un gigantesco pantano de corrupción generalizado. El neo liberalismo ha fracasado rotundamente al sur del rio Bravo y este debe ser reemplazado por un nuevo socialismo parecido al que propone Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez para salvar a  Estados Unidos. La implementación de este nuevo plan Marshall de corte socialista sería igualmente beneficioso tanto para la civilización estadounidense como para la civilización latinoamericana. Si Estados Unidos utiliza su enorme poder regional para re colonizar América Latina este esfuerzo terminará en un gigantesco fracaso. Después de 500 años de colonialismo ibérico y otros 200 años de colonialismo anglosajón, América Latina no aceptará pacíficamente un nuevo periodo de dominación de parte de una civilización extranjera. Si todo esto llega a ocurrir la lucha entre el norte y el sur, definitivamente arruinará al hemisferio occidental.

 

  1. Duque Ph.D.

Cientista Político

Puerto Montt, 02 de mayo de 2019

 

[i] “Protesting in Venezuela. A Rebellion against Nicolas Maduro appears to have been foiled” The Economist, Mayo 1, 2019

[ii] el autor no lo dice, pero indudablemente  se refiere a los fracasos que Estados Unidos ha tenido para crear una sociedad estable y próspera en Afganistán, Iraq, Libia y Siria. Además, todos los países invadidos por Estados Unidos en América Latina, siguen pobres, corruptos y subdesarrollados. El Plan Marshall y el Plan para el desarrollo de Corea del Sur y de Japón después de la segunda guerra mundial, no se han utilizado para Latinoamérica.

[iii] La teoría central del profesor Samuel P. Huntington y elaboradas a principios de la década de los años 90 del siglo XX señalaba con claridad los siguiente: 1) la unipolaridad bajo el control de los Estados Unidos de América significaba que este hegemón global estaba encargado de mantener el control y la paz que emergió cuando se acabó la bipolaridad (caída de la Unión Soviética). Esta unipolaridad ha dejado de existir a finales del siglo XX. 2) La multipolaridad ha nacido a principios del siglo XXI. Ello significa que cada civilización (de las 8 que existen en el planeta) tiene un hegemón regional encargado de mantener la paz y la justicia dentro de su civilización. 3) Cada hegemón regional tendrá un asiento permanente en el Consejo de seguridad de las Naciones Unidas y cada hegemón regional se compromete a no intervenir en los asuntos y problemas de otras civilizaciones. La no intervención es un principio vital para mantener la paz mundial (aquí se siguen los principios básicos del derecho internacional iniciado por la Paz de Westfalia). 4) si un hegemón regional viola los principios básicos de la multipolaridad, esto invariablemente desatará una desastrosa guerra nuclear que acabará con la vida civilizada en el planeta. Para ilustrar su teoría Huntington describe un largo escenario donde los Estados Unidos desconocen los principios de la multipolaridad y estúpidamente intervienen en el mar del sur de China. En su escenario esto desata una guerra nuclear mundial que termina por destruir todas las civilizaciones del planeta, a esto lo llama el gran choque de civilizaciones.  Ver: Samuel P. Huntington The Clash of Civilizations and the Remaking of the World Order.  Simon and Schuster. New York, NY 1996 pgs. 301 – 321

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