Este 17 de mayo se celebra a nivel mundial el Día del Reciclaje. Y si bien es posible decir que en nuestro país esta práctica ha ido paulatinamente en aumento, lo cierto es que aún -según datos del Ministerio de Medio Ambiente consignados por La Tercerael plástico sigue siendo el residuo que más generamos en Chile, alcanzando anualmente las 730.671 toneladas e instalándose en el segundo nivel de reciclaje más bajo con solo un 11,8%. 

 

De ahí que el llamado que desde hace un tiempo ha venido realizando la ONG ambientalista Greenpeace, continúe con una luz roja encendida sobre él y aparezca como uno de los focos a los que hay que atacar cuanto antes: el de los plásticos de un solo uso.

 

¿Cuánto duran junto a nosotros, por ejemplo, los envases en donde vienen contenidos los fideos, la salsa de tomates y los champiñones que compramos en un supermercado antes de ir a casa a preparar el almuerzo? Simplemente el recorrido entre el local comercial en donde los adquirimos y el basurero en el que terminarán sí o sí una vez que los productos se vayan a la olla. ¿Cuánto será el porcentaje de la población que decidirá que en vez de ello, esos envoltorios terminen dentro de un ‘ladrillo ecológico’ casero? ¿Qué es un ‘ladrillo ecológico’?…

 

Productos de la canasta (izquierda) junto a los envoltorios desechables (derecha). Foto: Greenpeace

 

Del supermercado al basurero

 

En noviembre de 2018 Greenpeace dio a conocer el alarmante resultado de un interesante ejercicio realizado a través del Movimiento Chile Sin Plásticos: miembros de la organización recorrieron distintos supermercados y compraron una canasta básica de 38 productos que acostumbran a adquirir los chilenos. Esta fue la conclusión: «Si sumamos los años de todos estos envoltorios plásticos se requieren poco más de 14.000 años para degradarse», advirtió Soledad Acuña, coordinadora del Movimiento.

 

«Casi todos los productos vienen envueltos en plástico innecesario», añadió entonces la activista, quien ante la inexistencia todavía de una cultura del reciclaje -en un país en donde además solo el 27% de los envases y embalajes se recicla- propone que «las empresas deben entregar opciones ambientalmente amigables a los compradores» y que en el caso específico de los supermercados, estos debieran ofrecer «al menos un espacio en sus góndolas con productos libres de plástico». 

 

De lo contrario -advirtió Soledad Acuña- resulta «un sinsentido que hayamos eliminado las bolsas plásticas, pero que nos estemos llevando enormes cantidades de otro tipo de plástico que termina en la basura apenas llegamos con las compras a nuestras casas».

 

«Ladrillos ecológicos»

 

En ese sentido, una respuesta a esa demanda podría llegar a ser la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) para los envases y embalajes que comienza a regir este año. En la práctica, lo que busca la nueva normativa es que desde las empresas se disminuya la generación de residuos, promoviendo la reutilización y el reciclaje, obligando a los fabricantes de determinados productos priorizados a organizar y financiar la gestión de los residuos derivados de sus productos.

 

Y sin perjuicio de ello, aparece como una alternativa la promoción de una suerte de cultura de los mencionados «ladrillos ecológicos» caseros, botellas de plástico que se rellenan de forma compacta con residuos no orgánicos, los cuales son utilizados posteriormente en distintos tipos de construcciones.

 

O, por qué no, la implementación de un modelo mucho más sofiisticado de los «ladrillos ecológicos», como el dado a conocer en 2018 por estudiantes de Ingeniería Civil de la Universidad de La Frontera (Ufro), quienes en el marco de su proyecto Plastic Brick lograron reutilizar plástico para transformarlo en los mencionados ladrillos, con una vida útil de 500 años, resistentes como el hormigón y 100% aislantes. Esto último les permite retener de mejor forma el calor de las viviendas, ayudando además con ello a reducir el uso de la calefacción a leña que tanto contamina en el sur.

 

Alternativas hay. Lo que urge en Chile, pareciera ser, es un compromiso de parte de las autoridades que dure más que la vida «útil» de ese paquete de fideos que llevamos del supermercado a la casa.

 

 

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