Desde que se viralizara la funa que enfrentó Marcela Cubillos al interior del Cementerio General, cuando fue encarada y grabada por una mujer que le enrostró la indiferencia de la ministra de Educación frente a la histórica movilización de los docentes, lo cierto es que no ha habido un apoyo unánime a lo ocurrido; ni siquiera entre quienes rechazan la indolencia de la secretaria de Estado ante las demandas de los profesores que hablan de colegios que se llueven, clases en compañía de ratones y condiciones laborales precarias en general.

 

«El problema no es la funa, el problema es el lugar en donde ésta se lleva a cabo», ha sido una de las frases más recurrentes en el debate surgido tras la difusión del video, aludiéndose así a esa supuesta inviolabilidad del respeto que debe primar en determinados lugares y escenarios vinculados con el descanso de los seres queridos, como un cementerio, un velorio, un funeral. «¿Te refieres al sitio en donde están enterradas las víctimas de la misma dictadura asesina que Cubillos defendió públicamente?», fue una de las respuestas frente a ese cuestionamiento.

 

Pero al final del día lo cierto es que el problema no es ni la funa ni el lugar donde ésta se llevó a cabo; el problema es el uso emotivo-político que la ministra y su sector harán de una acción que les vino como un salvavidas cuando la secretaria de Estado se hallaba completamente sumergida y asfixiándose en su propio pantano. Un verdadero «milagro», debe estar pensando hoy Cubillos, conservadora a ultranza, formada en la abogacía por Jaime Guzmán y rostro de la oposición a la Ley de Divorcio. Una creyente al estilo UDI.

 

Foto: Ministerio de Educación

 

Y es que probablemente no haya habido hasta ahora para Cubillos otro peor momento en su liderazgo al frente de uno de los ministerios más importantes de un gobierno. La ministra enfrenta la cuarta semana de un Paro Nacional Docente histórico, ante el que -voluntariamente o por simple inoperancia- aparece absolutamente deslegitimada como interlocutora entre el gremio y el Ejecutivo, con acciones displicentes, como su ausencia en encuentros pactados con anticipación para intentar justamente llegar a algún acuerdo entre las partes.

 

A ello se suma la movilización comenzada por las educadoras y educadores de educación de párvulos y la crisis al interior del emblemático Instituto Nacional, donde la única respuesta de la administración Piñera y el alcalde oficialista Felipe Alessandri ha sido la aplicación de la Ley Aula Segura, lo que además de violencia sistemática contra menores de edad se ha traducido en el ingreso de Fuerzas Especiales a las mismas aulas en donde profesores y estudiantes han estado desarrollando sus clases con total normalidad.

 

Un escenario que hasta ahora estaba desembocando en una posible acusación constitucional contra Marcela Cubillos impulsada por el Partido Socialista, y para la cual se estaban negociando y reuniendo los votos al interior de la oposición.

 

La pregunta es si esto último -probablemente la única opción para que la ministra dejara su cargo luego de ser confirmada en el reciente cambio de gabinete- prosperará efectivamente. La condena contra la funa ha sido transversal. Desde la ministra vocera del Gobierno, Cecilia Pérez, hasta el alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, rechazaron lo ocurrido, básicamente por el sitio en donde ésta tuvo lugar.

 

A la derecha chilena -imposibilitada por una cuestión ideológica para responder satisfactoriamente a una demanda social esencial como la de pensiones, educación y salud dignas- le viene como anillo al dedo cualquier oportunidad de victimización que les permita por esa vía acercarse al padecimiento justamente de aquellos abusados una y otra vez por su modelo económico.

 

 

Era inevitable que la encerrona a la ministra no trajera a la memoria la provocación y la represión de Carabineros a los funerales en donde durante la dictadura pinochetista se despedía a los muertos que iba dejando el régimen. «El Cementerio General es un lugar de recogimiento y respeto. Condeno la funa a la Ministra Marcela Cubillos y solidarizó con ella. La derecha siempre ha irrespetado nuestro dolor y nosotros no somos como ellos», escribió en su cuenta de Twitter el alcalde Daniel Jadue.

 

La derecha acude a la victimización igualmente ante la imposibilidad de negar esa esencia nepotista e individualista que aflora cuando se trata de una oportunidad de lucrar. Cuando la rabia crecía en Chile por el privilegio del que gozaron los hijos del Presidente Sebastián Piñera al viajar en su comitiva a Asia para ir a hacer negocios, el mandatario optó igualmente por apelar a lo emotivo: «Cargarle la mano a mi familia me parece injusto y de una tremenda maldad», declaró entonces la primera autoridad.

 

Podrá ser verdad, quizás sea un tongo -como se ha acusado-, pero lo cierto es que si hay algo que ha logrado hacer la funa a Marcela Cubillos al interior de uno de los cementerios más emblemáticos de Chile, es revivir a una ministra que políticamente estaba prácticamente muerta.

 

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