En el intenso debate respecto al proyecto de ley presentado por la diputada PC Camila Vallejo, que busca reducir la jornada laboral a 40 horas semanales, el argumento del ministro del Trabajo, Nicolás Monckeberg, ha sido que una modificación así traería como consecuencia una baja en los sueldos de los trabajadores.

 

Una explicación que ha sido rechazada por quienes defienden la iniciativa de Vallejo, básicamente porque uno de los efectos que traería disminuir en 5 las horas laborales semanales es que habría una mejor optimización del tiempo que redundaría en una mejor producción.

 

Pero junto con ello el secretario de Estado ha insistido hasta el cansancio en que la opción correcta es el proyecto de flexibilidad laboral presentado por el gobierno de Sebastián Piñera, y que tiene como principal sustento la idea de que los trabajadores podrían negociar individualmente con sus empleadores una modificación y adecuación de sus horas de trabajo, con el objetivo de tener más tiempo libre.

 

 En este contexto, en estos días se ha desempolvado un documento que data de 1907 -es decir, de hace 112 años atrás- en el que quedó registro de una intervención del diputado del Partido Radical por Copiapó, Chañaral, Vallenar y Freirina, Eduardo Suárez Mujica, respecto de la ley de descanso semanal de ese año. 

 

En el escrito, el parlamentario explica su rechazo a aprobar una ley que garantizara el domingo como día de descanso para los trabajadores, asegurando en primer lugar que el proyecto «no responde a una necesidad realmente sentida en nuestro país». Dicho esto, apunta exactamente el mismo argumento que ha reiterado Nicolás Monckeberg para hacer frente a la iniciativa de Camila Vallejo: «El ejercicio de la libertad individual es absoluta en esta materia, i cada cual puede hacer lo que le plazca (sic)».

 

Y, tal como ha hecho el ministro del Trabajo, el diputado del Partido Radical aparenta ignorar que en la práctica existe una relación desigual entre el empleador y su empleado, lo que muchas veces se traduce en abusos: «Yo no sé que haya caso alguno concreto de obreros (…) que se hayan visto como aplastados, esclavizados o cohibidos por la voluntad de sus patrones». Eduardo Suárez es majadero en esta idea, insistiendo en su intervención en que «los capitalistas jamás se imponen» ante los trabajadores, llegando a señalar que -por el contrario- son éstos últimos los que «dictan e imponen la lei a sus patrones (sic)».

 

 

 

Deja una respuesta