¿Qué es lo más probable que suceda en acontecimientos históricos en que el pueblo se rebela y decide salir a la calle a exigir sus demandas, insatisfechas por todos los gobiernos post dictadura?

 

Cuando el ágil salto estudiantil de un torniquete en el Metro es visto como una proeza emancipadora, después de tanta injuria ministerial y desprecio por el pueblo sufriente, explotado; falto de pensiones, de salud, endeudado y humillado. Cuando el mito neoliberal del progreso para todos se rompió.

 

Y cuando la cólera social es tal (3 cadenas de farmacias encarecen los remedios obteniendo así utilidades astronómicas, aumento de las tarifas de la luz por decreto, alza del transporte) que en todas partes se empieza a discutir de política y se hace la lista de abusos, injusticias e irracionalidades.

 

Cuando cada pancarta llevada a una manifestación monstruo (un millón 250 mil personas), y a las otras que se suceden, y que no lo son menos, es un estallido de verdad. Cuando las redes sociales se encandecen con el flujo de noticias, opiniones críticas y bronca acumulada.

 

En esos momentos de crisis política severa, si un Gobierno como éste hace cambios de urgencia en el gabinete, y que el sentido común juzga que es más cosmético que de cambio de rumbo; si es tal la percepción: que es paracetamol y no cirugía mayor, entonces se franqueó otra etapa en la consciencia popular. Se decide continuar, hasta que las cosas cambien. Y se agudiza el olfato político.

 

¿Y qué pasa cuando los reemplazantes ministeriales comienzan a recitar la letanía neoliberal, y el que se queda de guaripola mayor, el que le declaró la GUERRA a su propio pueblo, provocando 20 muertes, cientos de cegueras, heridos, violados y violadas, detenidos  y torturad@s dice con todo desparpajo que “el modelo no se toca”?

 

En esos casos, donde el parche no puede ocultar la herida infligida a la clase dominante, incapaz de satisfacer demandas contenidas porque su condicionamiento normal es la sed de lucro, y su temor principal es disminuir en algunos céntimos sus enormes ganancias, y además y no de paso, surgen inesperadas victorias populares como que ya no se reúnen la APEC ni la COP25 en Chile.

 

Cuando cualquier observador desde las ciencias sociales percibe que la multitud movilizada se afecta con sus pasiones comunes que ella misma produce en la acción, aumentando así su potencia para cambiar el curso de la historia.

 

En esos casos, la gran burguesía de un Estado también percibe el cambio de humor de la multitud. Se reúne pues en pequeños o grandes conciliábulos. Activa los vasos comunicantes entre las organizaciones patronales y sus tanques del pensamiento. Se concertan sus actores políticos y empresariales, dirigentes de los poderosos grupos económicos (empresarios mineros, forestales, AFP, Isapres, bancarios, cadenas de comercio, Medios, pesqueros, de la construcción, etc) y organizan en almuerzos de fines de semana coloquios planificados. O, intercambian mensajes para llegar a un consenso. Con el fin de establecer una agenda (agere en lat.=cómo actuar).

 

Se preguntan entonces si esta rebelión social puede ser una amenaza seria para sus intereses y privilegios de casta dominante, y si los pilares del sistema permanecerán incólumes después de tanta efervescencia popular. ¿Cuánto y hasta dónde podemos ceder? ¿Seguimos apoyando a Piñera y bajo qué condiciones? ¿O lo soltamos y buscamos algo: hacemos alianzas, pactos, apresuramos consensos; o alguien que lo reemplace? Se trata para ellos de saber cómo salir del atolladero. ¿Hasta dónde podemos mantenernos firmes, hasta cuánto reprimir, herir, matar? ¿Cuál es el “costo país”?

 

Es entonces el momento para el campo popular de actuar lo más unido posible. Exigir Asamblea Constituyente y Nueva Constitución con o sin plebiscito. Dar una gran ofensiva popular unitaria para lograrlo. Y sobre todo no bajar la guardia y continuar la movilización social. E intentar realmente parar el país con el caudal de simpatía acumulado; apelar a la consciencia de la clase trabajadora.

 

Y oponerse firmemente a la idea que la lucha social se parlamentarice.

 

Acusación constitucional contra Piñera Sí, pero para reforzar la Movilización Popular con creación de asambleas populares en cada lugar de trabajo, aula, barrio o cabildo popular.

 

 

Leopoldo Lavín Mujica

 

 

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