¡Con el ejemplo de Juan Pablo Jiménez vamos a la huelga!

Comienza, y de manera inédita, un nuevo año. Octubre recién pasado ha remecido a la sociedad en su conjunto y ha desbordado en rebeldía, masividad y combatividad a través de un alzamiento popular que si bien lo esperábamos, nos sorprendió en su irrupción.

 

Han sido, y hay que reconocerlo tantas veces como sea posible, las organizaciones y las masas estudiantiles quienes han detonado el alzamiento, a través de sus acciones decididas contra el alza del pasaje de octubre.

 

Como en un estallido de rabia contenida el alzamiento popular ha expresado a una casi totalidad de demandas populares. Lo que antes había estallado de manera parcial y fragmentada (medio ambiente, lucro y sistema educativo, previsión, jubilaciones y no +AFP, la marejada feminista, sueldos dignos y término a la precarización del trabajo, etc.) hoy lo hace de manera integral e integradora.

 

Las y los pobladores, la juventud fundamentalmente, los y las oprimidas han  desafiado y exigido, el miedo paralizante se retiró y dejó su lugar a la irreverencia y la rebeldía popular.

 

En nuestra opinión, aun considerando los esfuerzos desplegados por la Central Clasista y otras organizaciones clasistas de trabajadoras y trabajadores, el movimiento sindical (sus expresiones clasistas) no hemos estado a la altura. Ni organizativa ni combativamente. No queremos decir que nada hayamos hecho, sabemos de los esfuerzos desplegados, sin embargo nos interesa, para avanzar en la superación, destacar el retardo que hemos sido, como clase organizada en el movimiento sindical, en el desarrollo de la protesta popular en curso.

La Central Clasista debe estar en la calle, los lugares de trabajo y en la organización. En este mes de conmemoración de Juan Pablo Jiménez, dirigente clasista y combativo, y con la perspectiva de las movilizaciones de marzo, debemos apurar el tranco y entender los desafíos de los próximos meses.

 

El alzamiento ha logrado acorralar y desenmascarar al gobierno y sus cómplices. La movilización y la lucha ha logrado instalar de manera radical (aunque aun fragmentado) las reivindicaciones mínimas que la clase y el pueblo debe exigir. Los ha acorralado porque se ha demostrado que sus privilegios se sustentan en la opresión, el abuso y la explotación, también porque el movimiento en lucha no ha caído en sus maniobras desmovilizadoras, en sus cuentos que son un nuevo fraude para el pueblo.

 

Tan acorralados se han visto que se vieron obligados a fraguar en su cocina el pacto del 15 de noviembre, ese acuerdo por la paz, orden público y nueva constitución. Han tenido que renunciar a la espuria constitución de Pinochet y Lagos con tal de intentar detener el alzamiento popular.

 

Tienen miedo y ese miedo se expresa en la represión desatada en contra de los y las que luchan, el estado y sus partidos han impulsado la mutilación, golpizas y torturas, abusos y violaciones, una serie de leyes represivas para adelantarse a la continuidad del movimiento de masas combativo y radical. Siendo todos los partidos que desde el congreso han apoyado estas leyes y han protegido a los responsables políticos de la represión quienes han sustentado  esta situación y las consecuencias que traerá la represión; el principal responsable político es Piñera.

 

No es ni política ni éticamente posible mantener a este personaje como presidente. El pueblo exige por todo el país su renuncia y nosotros la exigimos con la misma decisión.  No puede haber ni una salida posible con el estafador y corrupto como presidente.

 

Siendo el pliego de demandas  y la exigencia de renuncia de Piñera los elementos principales que deben dar direccionalidad a este movimiento, en la perspectiva de mayor acumulación de fuerzas y fortalecimiento de la organización popular, la construcción de un programa del pueblo es fundamental. La potencia del alzamiento debe encontrar su continuidad en la construcción y existencia de este programa, la Central debería ponerse, junta a otras organizaciones populares y clasistas a la cabeza de este proceso.

 

Asimismo la protesta popular debe desarrollarse para lograr estos objetivos y un camino para este desarrollo es la preparación y ejecución de la huelga general. Es a través de la Huelga General que el pueblo y la clase debe expresar su decisión de terminar con este gobierno para alcanzar las demandas mínimas del alzamiento popular. La huelga general es una legítima herramienta de la clase, con ella se avanza en los logros y exigencias y la clase se educa para próximos combates.

 

Porque sabemos que la legítima y urgente renuncia de Piñera no es la solución definitiva para la clase y el pueblo, por lo tanto debemos continuar con el fortalecimiento del sindicalismo de clase y combativo, sin conciliación ni con los patrones ni con quienes a través de la conciliación de clases y la subordinación a los partidos del bloque en el poder han traicionado la lucha de los y las trabajadoras.

 

Estamos a las puertas del mes de marzo, mes que estará marcado por jornadas de lucha y movilización. Mes de lucha internacionalista en el que debemos participar en las marchas y la huelga feminista reivindicando el día de la mujer trabajadora; convertir en día de protesta el 11 de marzo, aniversario de este gobierno y cuando se cumplen los 30 años de engaño y fraude, que quieren repetir; reivindicar en el marco del día del joven combatiente a la juventud trabajadora que busca construir un nuevo sindicalismo, desde las bases, clasista y combativo, inscrito en los intereses y objetivos del proletariado.

 

Con el pliego de demandas avanzar a la construcción del programa del pueblo

 

Con una fuerza y corriente  del sindicalismo clasista y combativo para fortalecer a la Central Clasista

 

Con la protesta popular a crecer en organización

 

Con la huelga General, FUERA PIÑERA y sus cómplices

 

Asociación Intersindical de Trabajadoras y Trabajadores Clasistas

AIT

Febrero, 2020

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