Las autoridades civiles y uniformadas  que criminalizan la protesta social y descalifican a sus protagonistas tildándolos de delincuentes, desgraciados, vándalos y violentistas,  parecen haber atinado con el último de los epítetos escogidos: “desadaptados” – lo dijo un jefe naval en Valparaíso – con el que quisieran marginar y excluir a todos quienes se manifiestan contra el modelo neoliberal y sus operadores.

 

Hay un porcentaje relevante de compatriotas que no ha conseguido “adaptarse” a la Constitución espuria promulgada bajo terrorismo de Estado y aspiran a una nueva Carta Magna, democrática y redactada por la ciudadanía que permita reponer los derechos básicos de todos y todas, la que peligra de caer en la trampa preparada por el gobierno empresarial y las dos derechas políticas que con uno u otro pretexto pretenden evitar  el plebiscito  de entrada al proceso constituyente,  el 26 de abril.

 

Sin duda las mayorías nunca  se han “adaptado” al modelo que la casta política heredó de la dictadura,  que marca abismales desigualdades al punto que las 10 familias más opulentas de Chile – y el servilismo que compran – concentran la propiedad del dinero que controla toda la actividad económica,  mientras que el número de familias desposeídas que viven en campamentos de tránsito está hoy en 48 mil,  esto es, unas 250 mil personas.

 

La calle no se acostumbra a la idea de que los grandes grupos económicos chilenos favorecidos por beneficios tributarios continúen engordando y que las transnacionales encuentren aquí granjerías que no hay en otra parte, a la vez que a diario aumentan los millones de trabajadores desocupados y jóvenes ni-ni, los comerciantes ambulantes y vecinos sobreendeudados, en alto porcentaje  en situación de morosidad.

 

Multitudes de inadaptados rechazan el sistema vigente, porque empobrece con facilidad, ha desestimado la reindustrialización requerida, no crea empresas productivas ni empleos, provoca despidos y multiplica la cesantía en medio de una inflación creciente que no se compensa con nada porque no es reconocida por el oficialismo.

 

La última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) evidenció que las personas aumentaron su temor en temas que son clave, como la estabilidad en los puestos de trabajo y los ingresos en su vejez que constituyen las pensiones. Más de la mitad de los consultados está en un nivel de preocupación máxima respecto del ámbito previsional, lo que explica en los últimos años las impresionantes marchas como parte del movimiento No Más AFP ignorado por el anterior y el actual gobierno.

 

Obviamente cuesta que las mayorías se acomoden a la intromisión del mercado depredador a derechos esenciales, como la salud y la educación. La más postergada es la salud para pobres, que se traduce cada año en la muerte de a lo menos 20 mil hombres y mujeres en listas de espera en hospitales públicos. El hecho de que la educación se encuentre secuestrada por intereses mercantiles es otro duro castigo al bolsillo de cientos de miles de familias “inadaptadas”.

 

Más allá de los eufemismos es perentorio poner atajo al contubernio política-negocios alcanzado bajo cuerda, lo que deriva en que los valores fundamentales hayan sido reducidos a bienes de consumo. Sin que nadie lo comunicara en su oportunidad, los servicios públicos pasaron ser propiedad del mercado,  la solidaridad se convirtió en lucro y Chile no puede hacer uso de sus riquezas que los políticos corruptos cedieron a capitales extranjeros.

 

Todavía hay quienes no quieren ver que la gente reacciona con violencia, cuando se da cuenta de que sus necesidades no son consideradas. Sobre todo porque éstas han sido acalladas en una y otra forma desde septiembre de 1973, dándoles una apariencia que no corresponde a la realidad como parte del montaje neoliberal que es el que las actuales autoridades exhiben ante el mundo.

 

Ausente entre los humoristas invitados al reciente festival de Viña del Mar, “Palta” Meléndez ha hecho una certera reflexión: “Antes de octubre estábamos muy bien, y era mentira; ahora sabemos que estamos muy mal,  y lo peor es que eso es verdad”… De ahí que el pueblo continúe en la lucha, movilizándose y protestando a través de múltiples expresiones.

 

 

Hugo Alcayaga Brisso

Valparaíso

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