La rancia “centro izquierda” está con Piñera

Lobista Enrique Correa

La vida enseña  que no se puede entender el presente sin mirar hacia atrás: luego de los anuncios de una radicalización de las manifestaciones populares aparecieron gastados rostros de la casta política que se niegan a asumir el paso del tiempo, los años y las circunstancias,  e insisten en apropiarse de espacios que otrora les correspondieron pero que la historia se ha encargado de colocar ho y en manos del masivo movimiento social desplegado a lo largo de todo el país.

 

Se trata de añosos personajes del pretérito concertacionista,  entre ellos ex ministros y antiguos altos funcionarios, que permanecen de espaldas al pueblo y ahora se esfuerzan  por tratar de ayudar en alguna medida a la gobernabilidad  de un régimen acabado, en retroceso progresivo,  desahuciado por las mayorías y que no puede evitar cómo, sin vuelta, se le  viene encima la hora final.

 

Es lo que ocurre con los 231 políticos de “oposición” que se han apresurado en ponerse al lado de Sebastián Piñera para acompañarlo en su soledad y han adherido sin condiciones al “acuerdo nacional” a que está recurriendo el presidente en sus manotazos de ahogado con los que e quiere aislar e invisibilizar  a las multitudes que se movilizan por mejores condiciones de vida.

 

Este grupo perteneció a partidos que integraron a la finada Concertación, siguieron en la Nueva Mayoría también desaparecida – no precisamente por sus éxitos – y hoy constituyen la llamada “centro izquierda”, una denominación  que les presta gran utilidad porque sirve igual para un barrido o un fregado, continúan acomodados en el modelo neoliberal, reciben lo que se les quiere dar y se mantienen sirviendo desvergonzadamente a los intereses empresariales.

 

Ciertamente son los mismos que engañaron a la gente por medio de consignas vacías como “la alegría que viene” o “el crecimiento con equidad” destinadas a sumar votos y ganar elecciones presidenciales y parlamentarias, mientras privatizaban todo lo que tenían a mano entregando el país y sus riquezas a los grandes grupos económicos y poderosas transnacionales.

 

Militan en los mismos partidos que originaron la desconfianza ciudadana en la política, por su lejanía a las necesidades populares y su maridaje con el mundo de los negocios. Los cinco mandatos presidenciales que tuvieron fueron una continuidad de la institucionalidad pinochetista y una intensificación del modelo de desigualdades, acrecentando la concentración económica de unos pocos  a la vez que lanzando a la cesantía y la pobreza a muchos.

 

Los nuevos adherentes de Piñera muestran preocupación porque “el cuadro actual de persistente violencia debilita la democracia”, como si el modelo recibido de la dictadura tuviera algún indicio democrático. Nunca pusieron reparos para que el bando militar de 1980 se extendiera desmedidamente y no se alteraron cuando Chile fue apuntado como el único país en el mundo que mantenía – y mantiene – una Constitución legada por una dictadura marcada por la violación sistemática de los derechos humanos de millones de personas.

 

El rancio listado propiñerista es encabezado por ex figuras de la vieja política anquilosada, despreciada por los tiempos actuales. Allí están el inefable Insulza, el lobbysta Correa, Bitar, la Sra. Aylwin, la Sra. Alvear y esposo,  Auth, Cruz, hasta Tombolini, entre otros, críticos  de los violentistas marginados de todo por el modelo depredador,  pero que nunca han tenido una palabra de condena hacia los que aplica la violencia desde el interior del sistema, los que asaltaron el Estado y se enriquecieron con protección militar, los que se coluden contra los presupuestos familiares y los delincuentes de cuello y corbata que jamás han ido a parar a la cárcel.

 

Nadie sabe con qué autoridad moral ni con qué representatividad este grupo de exconcertacionistas (2% de credibilidad, según encuestas) ha optado por salir de nuevo sobre el tapete. Lo más probable es que solo quieran recobrar la figuración política que perdieron hace largo tiempo y que en el nuevo Chile que se está forjando no tienen posibilidad de recuperar.

 

“Paz social y orden público” claman Insulza y los otros en adhesión al gobierno empresarial. Esos valores, sin embargo, no los asocian a lo fundamental: igualdad, repartición equitativa de la riqueza y solidaridad distributiva,  lo cual ha sido el punto de partida de la explosión social que resonará más fuerte a lo largo de todo marzo.

 

 

 

Hugo Alcayaga Brisso

Valparaíso

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