Plebiscito: contra la derecha todo lo que sirva

Se instala más o menos a la fuerza, impulsada por los siempre interesados medios de comunicación, que el llamado a aprobar en el próximo plebiscito constitucional sería un hecho que se opone, suplanta o debilita lo que pulsa detrás de la rebelión popular que tienen en jaque al sistema político.

 

Y algunos comienzan a afirmar que ir a votar ese día es más o menos una traición.

 

¿Es así?

 

De entrada, digamos que ese llamado a plebiscito impulsado por el famoso acuerdo del 15 de noviembre fue una operación que se intentó para detener las manifestaciones.

 

Afectados por un miedo que habían olvidado, los socios del sistema político acordaron ese plan no porque sean personas con mucho apego a la democracia profunda, sino porque el temor es cosa viva.

 

Pero a poco andar, la ultraderecha se dio cuenta que había negociado mal.

 

Obvió un hecho de suma importancia: en las airadas consignas de las plazas y calles, lo de la nueva constitución aparecía muy tímidamente y superada en importancia por previsión, salud y educación, entre otras exigencias.

 

Lo de la constitución y el mecanismo para eventualmente redactar otra, fue un negocio entre cuatro paredes y un cielo falso que acordó el sistema político para apaciguar la bronca de la plaza, cosa que no ocurrió.

 

Como pudimos ver, fue tarde cuando la ultraderecha quiso desdecirse de lo acordado. La gente seguía en las plazas y calles con la bronca intacta.

 

Y el temor los instó a abrir una grieta que ahora les hace temer mucho más: perder ese plebiscito por una aplastante mayoría.

 

Para morigerar los alcances de ese error, se creó la comisión de expertos para aguachentar los acuerdos, se manipularon las palabras, de dieron plazos generosos, se mostraron toda clase de trabas y muchos ultraderechistas advirtieron derechamente que no habría condiciones para un plebiscito.

 

Con todo, ante la inminencia de un plebiscito en las que llevan las de perder, doble contra sencillo, se harán todas las operaciones posibles para suspender el referéndum.

 

La ultraderecha chilena es democrática solo hasta que le conviene.

 

En este escenario, ¿votar o no votar?

 

Un magnifico error recurrente de cierta gente de izquierda es interpretar las elecciones como un vicio burgués, una rémora capitalista, una forma de manipulación o una maniobra distractora de los poderosos.

 

Pero no es así.

 

La posibilidad de que voten todos los ciudadanos de este país, pobres, mujeres, analfabetas, personas de dieciocho años, lejos de haber sido un derecho dado graciosamente por los poderosos, es uno ganado en interminables y duras luchas populares.

 

Más aún, bien entendidas, las elecciones pueden llegar a ser un espacio por el cual el pueblo puede acceder a mejores posiciones en sus luchas históricas.

 

El plebiscito próximo puede transformarse en una apabullante derrota para la ultra derecha y algunos de sus socios dizque progresistas a quienes les irrita la sola posibilidad de que la gente pueda tener la opción de manifestarse.

 

Será un buen momento para dejar establecida la derrota categórica de un sistema que hace agua y deberá ser entendido como un triunfo de la gente que logró con su sacrificio llevar las cosas a este estado. No de quienes intentan meterse por la ventana a un proceso que no les pertenece.

 

¿Habrían llamado a cambiar la Constitución por su sola voluntad, sin la rebelión que se toma plazas y calles?

 

Jamás.

 

¿En qué estaría el sistema político de no haber transado en el cronograma que eventualmente cambiará la actual Constitución?

 

Bastante más acorralados que ahora.

 

Si la exConcertación, sin vergüenza, se ha visto obligada a reflotarse como santas palomas, es porque tienen miedo. La ultraderecha se oculta tras la represión y la exConcertación detrás de su absoluta falta de autocrítica y desvergüenza.

 

Tramposamente, algunos han querido armar un discurso en el que las movilizaciones y el plebiscito son cosas que se anulan recíprocamente. Pero no es así.

 

El plebiscito no reemplazará jamás las movilizaciones. Más aún, el mejor escenario para las expectativas populares es que la derecha sufra una derrota en las calles y otra, complementaria y simultánea, en las urnas.

 

Tampoco las movilizaciones van a reemplazar al plebiscito. Pero será bien diferente un proceso institucional que el sistema armó para bajar las movilizaciones con millones en las calles, que uno en que la gente siga la evolución del proceso por la tele.

 

Esto es a condición de que el plebiscito finalmente se haga, cosa que no está garantizada.

 

La probabilidad de que se suspenda el proceso es muy alta.

 

Ya habrá muchos convencidos que someter la actual Constitución al arbitrio de la voluntad popular mediante el voto fue un error de proporciones incalculables para la cultura pinochetista enquistada por doquier.

 

Notable es la opinión del Ministro de Salud, preocupado porque el COVID 19 obligue a suspender la votación. ¿Algo huele mal?

 

No será el único despliegue mentirosos con tal de evitar el plebiscito de abril. Debemos esperar numerosas provocaciones y montajes, atentados por falsa o tercera bandera, violentas amenazas a la ignota infraestructura crítica, e incluso no es descabellado que se atente contra la vida de algunas personalidades.

 

En suma, el Apruebo ha ido calando en el sentido común de la gente en la misma medida que crece la pavura de la ultraderecha que intentará evitar la votación.

 

A no confundirse.

 

 

Ricardo Candia Cares

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