El neoliberal The Economist descuera a Piñera y al «modelo» chileno

He pensado que vale la pena traducir un largo artículo que se publicó en el periódico británico The Economist. Este artículo hace a mi juicio un imparcial análisis de la actual crisis política chilena. A continuación se presenta una traducción literal del artículo en referencia.

The Economist, marzo 12, 2020. “Remodelando el modelo”. ¿Puede Chile reinventarse así mismo? ¿Por qué los ciudadanos del país están tan enojados?[1]

“Camina usted de oeste a este a lo largo de la Alameda en Santiago. Esta es la más importante avenida de la capital. Llegando a Providencia se encuentra por varias millas hacia el noreste, una catastrófica escena de desolación. Cientos de negocios cerrados, algunos operando a medias a través de pequeñas puertas hechizas. La estación Baquedano del metro y un hotel vecino han sido incendiados. En las calles el pavimento se ha roto, dejando largos espacios de tierra y basura al descubierto. Casi todos los semáforos han sido destrozados. Las murallas y las estatuas están tapadas de insultos hacia el gobierno y la elite chilena. En muchos de ellos se trata de asesino a Piñera (el presidente de centro-derecha), también se maltrata a los carabineros (la fuerza policial del país), al Estado y al sistema capitalista. Otro tipo de rayados anuncian la llegada de una nueva revolución, o al menos de una nueva constitución.

 

El problema estalló debido a una subida del precio del metro el 6 de octubre (seis centavos de dólar) este hecho llevó a una masiva evasión por parte de los estudiantes secundarios. Días después el metro sufrió ataques incendiarios. El gobierno acusó de todo esto, a agitadores extranjeros pero no ofreció pruebas creíbles. El Presidente Piñera declaró que Chile estaba en guerra y declaró un Estado de Emergencia por diez días y envió al ejército a las calles. Esta es la segunda vez que ocurre esto, desde la dictadura de Pinochet (1973 -1990). Esta acción estatal desató protestas pacíficas en todo el país, incluyendo una marcha de más de un millón de personas en Santiago, ciudad que tiene siete millones de habitantes. Al mismo tiempo supermercados y farmacias fueron asaltados y vandalizadas y muchos edificios públicos e iglesias fueron quemados. No obstante la enorme mayoría de los destrozos ocurrieron en áreas pobres de la capital y otras ciudades. Al menos treinta personas murieron y la economía también se vio gravemente afectada. El crecimiento del año pasado fue de apenas un 1 por ciento, tomando en cuenta que anteriormente el gobierno había pronosticado un crecimiento del 2, 6 por ciento.

 

Las personas descontentas que marcharon, son una masa poco integrada de gente joven. En la capital más de 200.000 jóvenes, no estudian ni trabajan. Así Chile tiene un proletariado de graduados de pésimas universidades privadas y lo que es peor, muchos de ellos acarrean una enorme deuda estudiantil. En la década pasada estos descontentos se habían incrementado con grupos anarquistas que se especializaban con ataques a la policía en Santiago y otras ciudades. Además están los vagabundos, muchos de ellos pertenecientes a las barras bravas del futbol, y que ahora se agregan a los soldados de a pie que trabajan por los carteles de la droga y que operan activamente en los barrios populares. El gran problema es que mucha de esta gente protestante esta fuera del sistema político y esto ha creado el extraño problema de que el gobierno no tiene con quien negociar. Todo esto hizo crisis el 12 de noviembre, cuando muchos chilenos temieron que el país enfrentaba una alternativa trágica, esto es entre la anarquía y la ley marcial. “Muchos chilenos me llamaron para decirme que la ciudad capital estaba en llamas”. Esto lo dijo el señor Piñera en una entrevista el pasado enero. “Yo tuve dos opciones, una llamar a las fuerzas armadas otra vez, o darle una oportunidad a la paz, el diálogo y los acuerdos. Esta fue una muy difícil situación” todo esto lo agregó Piñera.

 

De acuerdo con fuentes confiables, esta vez los comandantes militares rechazaron la orden de intervenir en el caso de que no se les daba impunidad frente a futuras sanciones y juicios. El Presidente Piñera sin embargo insistió en que los militares le habían obedecido sin condiciones. Esto no está claro pero parece que cualesquiera sean las razones, es evidente que el Presidente se retractó de su orden inicial. Ante todo esto, el gobierno rápidamente negoció un acuerdo entre los partidos políticos para realizar un  plebiscito a realizarse el 26 de abril próximo. Esta consulta se hacía para decidir si se creaba una asamblea que escribiera una nueva constitución. También el gobierno apuró gestiones para aumentar las pensiones de los más pobres, un aumento de impuestos para los más ricos y prometió muchas nuevas medidas apaciguadoras. Al parecer todo esto produjo un escape para las enormes tensiones. Las protestas declinaron durante el verano del hemisferio sur, y esto porque es tiempo de vacaciones. Pero llegando marzo, estas protestas han revivido y el vandalismo selectivo se ha incrementado. Muchos países latinoamericanos sufrieron demostraciones el año pasado, aunque nunca del tamaño de las chilenas. Todo esto es muy extraño pues en los últimos treinta años, Chile se ha visto como el país latinoamericano que probablemente pronto alcanzaría el estatus de país desarrollado. Naturalmente las gigantescas protestas han sido un tremendo golpe a esta esperanza y ellas ya son una gran amenaza para el progreso del país. Pero ellas también se podrían convertir en el empujón a través del cual Chile finalmente se ubica junto a los países de la elite mundial. “Chile podría llegar a ser un país con un más sólido y sustentable contrato social que resuelva la herencia de temas legales dejados por la dictadura pinochetista” esto lo dijo el presidente del Banco Central Mario Marcel. Todos estos obstáculos han contribuido a crear la llamada trampa del desarrollo intermedio, donde problemas sociopolíticos impiden llegar al estatus de país desarrollado. Pero si la violencia continúa y el Estado es incapaz de contentar por medios democráticos y el bloque conservador cambia de opinión, hay otros que temen un futuro muy negro. “esto sería un momento clásico de tipo peronista, donde un país exitoso en su desarrollo, tiene agudas contradicciones que no puede manejar” esto lo dijo Oscar Landerretche, un economista alineado con el partido socialista, y que se refería al periodo argentino en los años 1940, donde ese país abrazó el populismo y la dictadura.

Rabia de medio camino

 

En muchos aspectos Chile ha sido una historia exitosa, desde que la democracia volvió en 1990. Fue gobernado por la centro-izquierda por 24 años. Ha combinado desarrollo económico, estabilidad política, instituciones bastante sólidas, y servicios sociales en expansión. Aquellos chilenos bajo la línea de la pobreza (206 dólares al mes) disminuyeron de un 45 por ciento de la población a finales de los años 80, a solo un 9 por ciento en el año 2017. Ahora un 65 por ciento de los chilenos son de clase media, cuando en 1990 esta clases solo tenía un 24 por ciento. Esto de acuerdo a los criterios del banco mundial. Desde que Chile entró en OCDE, el club de los países ricos en 2010, las elites chilenas han pensado que el país tiene muy pocas cosas en común con sus vecinos.

 

¿Qué provocó entonces la explosión social?

 

“Hay varias teorías” dijo el Presidente Piñera, un hombre de negocios multimillonario. “Yo estoy de acuerdo con todas y ellas son contradictorias, lo que significa que carecemos de un diagnóstico compartido”. La primera teoría, sostenida por la derecha, es la reducción en la velocidad del desarrollo económico desde el año 2014. En el primer período de Piñera, del año 2010 al año 2014, el crecimiento chileno fue de 5,3 por ciento anual en promedio. Este fue empujado por la reconstrucción después del terremoto del año 2010. Piñera gano un segundo período en 2017, prometiendo repetir el éxito anterior, pero falló en esta promesa. Una segunda teoría se refiere a las crecientes expectativas. Ella ve el descontento como consecuencia del éxito que consistió en crear una gran clase media y esta obra demanda mucho más gobierno.

 

Una tercera visión pertenece a la izquierda, y ella radica en el hecho que el país se está revelando contra una enorme e injusta desigualdad que ha creado el modelo neoliberal de Pinochet. Este modelo le dio al sector privado libertad para producir, y confino al Estado a tener un rol solamente subsidiario. Esto aún en la entrega a la sociedad de servicios sociales vitales. De acuerdo a los estándares de la OCDE, (no los de América Latina) la desigualdad en el ingreso es en verdad enorme. Esto se ve claramente en el cuadro número uno “usted puede ir con un proceso de rápido desarrollo económico y tener una modernización capitalista y, sin embargo, persistir con niveles de desigualdad pre capitalistas y de total ausencia de la meritocracia y una alta movilidad social”. Esto lo dijo Landerretche. Sin embargo, la distribución del ingreso a mejorado en este siglo (aquí se muestra el grafico número uno donde se ve claramente que el índice GINI que mide la desigualdad ha caído de 0,50 en el año 2004 a 0,45 en el año 2018. Es preciso recordar que la desigualdad total es 1 y la igualdad total es 0). No obstante, el promedio de los países de la OCDE es un índice GINI inferior a 0.30, y esto se ha mantenido entre 2002 y 2018.

 

Una cuarta teoría enfatiza las fallas políticas. En el segundo periodo de la señora Bachelet, una presidenta socialista, la mayoría de la izquierda se alejó de su idea de un proceso gradual y conservador de reformas. Se propuso la idea de que este tipo de reformas en verdad había sido un fracaso. En cuanto al señor Piñera y su equipo, que viene de un  sector privilegiado de la sociedad chilena, este sector carece de habilidades y simpatías para satisfacer las necesidades de las masas. En sus primeros 18 meses, en el segundo periodo de su cargo, este equipo fracaso en obtener una prometida reforma a los impuestos y a las pensiones, a través de un congreso en manos de la oposición y que tiene mayoría. En recientes encuestas de opinión, ellas ubican la popularidad del Presidente entre un 6 y un 12 por ciento de los encuestados. Pero ellas, más aun, revelan un enorme abismo entre el pueblo y el sistema gobernante. La confianza en las instituciones, desde la policía a la prensa, la clase política, las iglesias; se ha catastróficamente evaporado. Hay un segundo cuadro donde se ve que la policía cayó desde un 60 por ciento de confianza en agosto del año 2015 a solo un 15 por ciento hoy día, a comienzos de diciembre del año 2019. La iglesia católica cayó de un 20 por ciento en el año 2015 a un 12 por ciento en el año 2019. La prensa cayo de un 25 por ciento a un 10 por ciento en el mismo periodo. Las instituciones de gobierno de un 15 por ciento a un 5 por ciento. El congreso de un 5 por ciento a un 3 por ciento y los partidos políticos se mantienen estables con apenas un 2 por ciento de aprobación. Todos estos datos provienen del Centro de Estudios Públicos.

 

“No es solo sobre 30 pesos, es sobre 30 años de abusos y miserias” esto lo dice un eslogan popular. Considerando este gigantesco problema, y utilizando parámetros más generales, es necesario clarificar que es la desigualdad gigantesca, la que está en el centro del problema. “No es solamente sobre el ingreso, es sobre el lugar que se tiene en la sociedad, es el género, el color de la piel, donde se vive, a qué escuela se fue, que apellido se tiene, etc.”. Esto lo dijo Heraldo Muñoz, dirigente del Partido de la Democracia que es de centro-izquierda. “La explosión es contra la arrogancia y la elite”. En forma más concreta el descontento está más focalizado en las pensiones, el cuidado de la salud, y los enormes y vergonzosos privilegios de una muy pequeña minoría. Todo esto significa que ser de clase media en Chile, implica recibir servicios de baja calidad.

 

A la pregunta de cuáles son los tres problemas principales que el gobierno debería resolver, se señala lo siguiente: el 65 por ciento contesta que este problema son las pensiones. El 45 por ciento señala que el problema es el de la salud. El 39 por ciento contesta que el problema es la educación. No obstante el 52 por ciento indica que el crimen debería controlarse lo antes posible. El 20 por ciento contesta que la desigualdad es un problema grave. Y finalmente un 8 por ciento señala que la reforma a la constitución era también un problema importante.

 

Una de las políticas básicas del modelo pinochetista, fue el modelo de las pensiones sostenidas por ahorros individuales o también llamados AFPs. Aquí no hay contribuciones del parte de Estado ni tampoco de los empresarios. Este modelo fue impuesto por José Piñera, hermano del Presidente, en 1981. En aquella época se afirmaba que el sistema iba a dar pensiones equivalentes al 70 por ciento del salario final.

 

Este modelo fue alabado y copiado en otros lados y le permitió tener a Chile un mercado de capitales enorme y quecontribuyó a un financiamiento barato para las grandes empresas locales. Andres Uthoff, miembro del comité de pensiones bajo el gobierno de Bachelet, indica que los cálculos de José Piñera dependen de tres condiciones: primero el empleo es continuo y con un ingreso uniforme. Segundo, tasas de interés sobre el 5 por ciento y tercero, ningún aumento en la esperanza de vida de la población. Desafortunadamente, nada de esto se ha dado. El mercado laboral chileno es de tipo latinoamericano y no de tipo europeo. Este sistema se destaca por sus bajísimos salarios, alta rotación y de un tercio de la fuerza laboral que realiza trabajo informal. “por cada diez personas de la fuerza laboral, solamente cuatro hacen contribuciones regulares a la AFP por toda su vida laboral”. Esto lo dijo Ignacio Briones, que asumió el cargo de Ministro de Finanzas el pasado octubre. En años recientes millones de chilenos han llegado a la edad de su retiro. Cuatro quintos de todas las pensiones ha resultado ser inferiores al salario mínimo (o sea 300 mil pesos por mes) y que equivale a unos 370 dólares mensuales. Es así como el 44 por ciento de las pensiones, están bajo la línea de la pobreza, todo esto de acuerdo al señor Uthoff.

 

La señora Bachelet creó una malla de seguridad, en la forma de una pensión básica para los pobres de 160 mil pesos al mes. Pero esto no ayuda para nada a los jubilados de clase media. Aquí hay un punto crucial. Pinochet no ayudó a las fuerzas armadas a disfrutar de las famosas AFPs “El gobierno gasta más en las pensiones de sus fuerzas de seguridad (y este gasto representa el 2 por ciento del producto bruto), que todo el gasto en pensiones para el resto de la población”. Esto lo señaló Roberto Zahler, un expresidente del Banco Central de Chile. El gobierno y la oposición están cerca de un acuerdo donde se agregará contribuciones por parte de los empleadores al sistema de pensiones.

 

La dictadura creó un sistema de salud segregado. Todos los chilenos con trabajo pagan una contribución del 7 por ciento de sus salarios mensuales al seguro de salud. En teoría lo trabajadores pueden usar esta contribución para ingresar al sistema privado de salud. Este es un sistema que no tiene lista de espera y son llamados ISAPRES. No obstante, estos organismos de salud privado en la realidad demandan una contribución salarial mucho mayor. “Así los ISAPRES seleccionan a la gente y crean un mejor sistema de salud para los chilenos más adinerados” esto lo señaló Carolina Velasco, experta del Centro de Estudios Públicos. Un 77 por ciento de la población pertenece a FONASA, que es el sistema público de salud. Este sistema está siempre corto de dinero y de doctores, por lo tanto las listas de espera son extremadamente larga. “En Chile 25 mil personas mueren mientras esperan atención médica”. Esto lo dijo Germán Codina, el alcalde de Puente Alto. Este es un distrito pobre del gran Santiago. Codina pertenece al Partido Renovación Nacional, o sea el mismo partido del Presidente Piñera.

 

Fuera de todo lo anterior, está el catastrófico problema de las medicinas. FONASA entrega algunas gratis. “pero hay colas de hasta 8 horas para obtener estas medicinas estatales. Además en muchos casos estas medicinas estas agotadas”. Esto lo confirmó la señora Velasco. En el año 2009, las tres grandes cadenas de farmacias, y que controlan el 90 por ciento del mercado fueron encontradas culpables de colusión en sus precios, (naturalmente nadie fue a la cárcel). Aun hoy día, el precio de las drogas está súper inflado. Para dar un ejemplo, un esteroide nasal cuesta la alta suma de 51 dólares en Santiago y esto debe compararse con un precio por el mismo producto de 22 dólares en Lima y de solo 13 dólares en Madrid. Este aberrante y exagerado abuso en los precios de los medicamentos, es solamente una pequeña parte de un sistema empresarial profundamente corrupto. Desafortunadamente este ejemplo es común en el tipo de abusos que hacen los negocios chilenos. El agua y los derechos de pesca están en manos privadas y esto es a perpetuidad. Hasta hace muy poco, corruptos carteles florecieron en muchos sectores comerciales. Esto fue particularmente grosero en el tema del papel Confort, el turbio negocio de los buses urbanos e interurbanos y el famoso negocio de los pollos “la inmensa mayoría de los ricos evaden los impuestos, el 1 por ciento más rico no paga más del 15 por ciento de su ingreso”. Esto de acuerdo a Rodrigo Valdés que fue Ministro de Finanzas de Bachelet. “los abogados especializados en impuestos, son dueños de helicópteros, y esto indica que todos tenemos graves problemas éticos” esto también lo dijo el señor Valdés.

 

Gobiernos sucesivos han tratado de lidiar con estos problemas, pero esto no ha sido suficientemente rápido y oportuno. Estos gobiernos progresistas han tenido una obstinada resistencia de parte de la derecha chilena y también de parte de los poderosos lobbies empresariales que ella tiene. El congreso aprobó una dura ley sobre la competencia en el año 2009, y que señala que la corrupta fijación de precios es una ofensa criminal. No obstante, esta ley no es retroactiva. “Mucha gente piensa, y con razón, que nada ha cambiado, hasta que un empresario criminal vaya a la cárcel” esto lo dijo Eduardo Engel, un economista de la Universidad de Chile. “aquellos que se rehúsan a escuchar, o que bloquean el necesario cambio, son cómplices criminales de la tragedia que estamos viviendo”. Esto lo dijo el señor Codina de Puente Alto. La constitución escrita en dictadura, ha sido enmendada más de 40 veces, y hoy día también tiene la firma de Ricardo Lagos, un presidente socialista. Pero a pesar de todo esto, la constitución aún otorga corrupta protección solo para los intereses de los ricos. Un conjunto de cruciales leyes orgánicas, solo pueden ser cambiadas con una mayoría de 4/7 en el congreso. El Tribunal Constitucional, que tiene un marcado sesgo reaccionario y conservador, ha protegido a las ISAPRES en el tema de la regulación de precios de los servicios de salud, esto solo como un ejemplo.

 

Cuando la señora Bachelet propuso una nueva constitución, para derrotar esta injusta resistencia reaccionaria en el 2015, esto fue recibido con un despectivo bostezo colectivo. Ahora esta nueva constitución es como un desesperado camino para evitar los enormes problemas que se avecinan. Los que se oponen a la nueva constitución, piensan que esta nueva carta constitucional, llevará a la creación de “derechos” que serán imposibles de cumplir y también llevará a la irresponsabilidad fiscal. Pero la ley del plebiscito de abril, al crear una convención constitucional, señala que el nuevo documento, debe tener el apoyo de una mayoría de 2/3 de dicha convención. Como así también debe tener la aprobación en un nuevo referéndum, en el cual el voto será obligatorio. “El mecanismo requiere que se llegue a acuerdos”. Esto lo dijo Giorgio Jackson, un diputado de izquierda, “de tal forma que no hay mucho tiempo para la radicalización y tampoco para la polarización”. Jackson agrega que “además hay poca demanda para debilitar la independencia del Banco Central y a esto se agrega las estrictas leyes fiscales que Chile tiene”.

 

La propuesta para una nueva constitución, ha dividido a la derecha chilena. Algunos políticos que originalmente apoyaron esta idea, lo hicieron en pánico, pero esto ya no ocurre. A pesar de toda esta resistencia, Eugenio Tironi; (un consultor en política que dirigió la campaña para derrotar la continuación de Pinochet en el poder a través del plebiscito de 1988), cree que en abril al menos el 60 por ciento de las ideas de la convención serán aprobadas y esto será por el 60 por ciento de aquellos que voten. El señor Piñera parece virar entre las demandas por orden en la sociedad y que vienen de su base política y las enormes demandas por cambio que provienen de la inmensa mayoría de los chilenos. Ambas condiciones parecen ser necesarias. La gran escala de las protestas y la violencia esparcieron miedo entre los empresarios.

 

“Tenemos un tema muy básico” esto lo digo Bernardo Larraín de la SOFOFA, un importante lobby empresarial. “¿Tiene el Estado chileno la capacidad para mantener el orden público, de tal manera que la gente pueda asistir a su trabajo y las empresas privadas puedan operar normalmente?”. Los carabineros fueron muy respetados en el pasado, pero ellos se han visto salpicados y manchados por los numerosos escándalos de alta corrupción, esto a pesar de que se cree que el país tiene menos vicios que sus vecinos latinoamericanos. Frente a la provocación, los carabineros ha demostrado incompetencia y también brutalidad. 1900 personas han sido heridas por balines y bombas lacrimógenas. Hay 440 personas con gravísimos daños a los ojos. Todo esto de acuerdo al Instituto Nacional de Derechos Humanos.  Con solo 60 mil carabineros, es obvio que esta fuerza es demasiado pequeña. “La policía se vigila a sí misma”, esto lo dice Lucía Dammer, una científica política de la Universidad de Santiago. “El mundo político no ha puesto ningún límite sobre ellos. Pero ahora la reforma de la policía es visto como un tema esencial y ella tomará varios años”.

Gracias a su prudencia económica, Chile tiene dinero para responder a algunas de las demandas por mayor gasto público, este alcanza al 9 por ciento del presupuesto de este año, aunque mucho se gastó en reparar los enormes destrozos causados. En adición a esto, el señor Briones está preparando un plan para el gradual y moderado aumento de los impuestos y gastos permanentes. “La lista de demandas es infinita y debemos priorizar” Briones ha dicho. “Nosotros solo somos Chile, no somos Suecia”.

¿Será esto suficiente? Mucho dependerá de si la convención constitucionalempieza a andar o la violencia en gran escala se reinicia y hunde la economía. “Por supuesto hay una gran incertidumbre y las inversiones han sido pospuestas”. Esto lo dijo Larraín, no obstante, al menos antes de calcular los gastos del Covid-19, el Banco Central piensa que Chile no tendrá recesión y que la economía crecerá al 1 por ciento este año, ayudada por el estímulo fiscal y monetario. Así como la rebelión estudiantil en Francia en mayo de 1968, los eventos de Chile han sacudido violentamente el país que parecía estar progresando. Todo esto ha puesto, tanto la sobrevivencia del Presidente, como su estabilidad política, en serias dudas. El señor Piñera dice que está leyendo una biografía del Presidente Charles de Gaulle que sufrió las protestas de 1968 como Presidente de Francia y que luego se retiró poco después. El señor Piñera insiste en que sobrevivirá hasta el fin de su mandato en 2022. “No sabemos si la crisis es un camino para mejorar Chile o si es un camino para arruinarlo” el Presidente concluye.

 

El país carece de una tradición populista reciente, pero su conducta tiene algunos de sus elementos. “El pueblo unido funciona sin partidos”, esto lo proclama un gigantesco rayado de paredes. Los próximos meses determinarán si Chile busca a un salvador o sigue el camino de mejorar sus instituciones. El tiempo solo, no será la cura. No hay manera de volver al país que se perdió en octubre del año pasado”.

 

Este es el reportaje de un honesto periodista británico de derecha. La revista The Economist fue fundada en el siglo XIX por la elite liberal de Gran Bretaña. Esta elite estaba naturalmente inspirada por los principios éticos liberales de Adam Smith y toda la larga lista de filósofos liberales que se han destacado en los últimos cuatro siglos. Es precisamente esta salida ética-liberal la que en Chile se perdió totalmente después de la muerte del Presidente Balmaceda en 1891. Es así como es altamente probable que la elite chilena tanto de derecha como de la izquierda concertacionista y liberal, reclame que el artículo fue escrito por un marxista disfrazado. La corrupta elite neoliberal que ha gobernado Chile desde el año 1973 no tiene ningún tipo de ética, y es por ello que probablemente este artículo sea criticado y desprestigiado por la clase política, tanto de derecha como de izquierda, que hoy día gobierna el país.

 

Es esta falta de principios éticos fundamentales, lo que hace pensar a muchos observadores imparciales que Chile no tiene remedio y está condenado a sufrir por un largo período de tiempo todas las penas del infierno. El país está así condenado a sufrir en los años venideros golpes de Estado, dictaduras militares y probablemente todo termine con un sistema revolucionario, parecido al que instaló a Stalin en Rusia, Mao en China y Castro en Cuba. El daño a la institucionalidad política del país es ya demasiado grande y este daño solo puede ser curado por un inteligente y valeroso príncipe redentor que posteriormente sea seguido por una sucesión de príncipes redentores que duren varias décadas. Probablemente esta sería la receta que Maquiavelo haría para un país altamente corrupto como lo es Chile en la actualidad.

 

  1. Duque Ph. D

Cientista Político

Puerto Montt, 18 de marzo de 2020

[1] Versión original: https://www.economist.com/the-americas/2020/03/12/can-chile-reinvent-itself.

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