Cuando los medios hegemónicos hablan de la pandemia del Covid-19, se muestran preocupados por la caída de las ganancias de los supermillonarios y, obviamente, segregan de sus análisis a los condenados de le Tierra (Franz Fahnon dixit), niegan la gravedad de la crisis sanitaria, y se abstienen de hablar del colapso del capitalismo.

 

Demos una recorrida por los barrios precarios (villas miserias, favelas) de Buenos Aires y Rio de Janeiro, viendo las dificultades de aislamiento de sus habitantes, de la falta de agua, del desinterés oficial en Brasil, de los problemas y soluciones solidarias en Argentina.

En Argentina cuatro millones de personas viven en barrios populares, de urbanización precaria, lo que en muchos casos significa condiciones de hacinamiento y ninguna posibilidad de hacer trabajo en casa. Hay 135 municipios de la provincia de Buenos Aires, en emergencia sanitaria por la pandemia del coronavirus.

 

A eso se suman dificultades más básicas: lavarse frecuentemente las manos es una recomendación difícil cuando la red de agua potable es una canilla de uso compartido en un pasillo. Son condiciones instaladas por la pobreza estructural, que hacen que la preocupación mayor de los funcionarios es garantizar la llegada de agua y la distribución de alimentos.

 

En los 4.400  barrios populares del país, viviendas en las que faltan dos o más de los servicios de agua, electricidad o cloacas. el 93,5 por ciento no tiene acceso formal a la red de agua potable. La preocupación oficial está puesta en la demanda de salud que va a producirse en el pico del contagio, esperado para finales de abril o principios de mayo.

 

El gobierno, al que en esta gestión se sumaron dirigentes de movimientos sociales, parece preocupado por un confinamiento prolongado a causa del coronavirus, para lo que será necesario ampliar la asistencia económica al millón de personas que dependen enteramente de trabajos eventuales y carecen de planes sociales.

 

«Resguardarse en la casa es un elemento importante, pero que no alcanza en los sectores más humildes, que no tienen las condiciones de la clase media de recluirse en sus casas, porque hay problemas de hacinamiento», señala Daniel Menéndez, subsecretario de Promoción de la Economía Social. Y en los barrios populares –las villas miseria- es la militancia social la que comienza a cubrir la logística necesaria para que las familias no se queden sin alimentos.

 

Los movimiento sociales, se organizan para que haya trabajo, que haya actividad y posibilidad de acceder a los alimentos. El ministerio de Desarrollo Social apura la realización de pequeñas obras de infraestructura en los barrios para generar trabajo local, que ayude a limitar la circulación de las personas y funcione, a la vez, como un paliativo para la caída de las changas o trabajos eventuales.

 

Funcionarios y dirigentes d movimientos sociales se reúnen con supermercadistas para que comprendan que deben hacer donaciones, y garantizar el stock de mercadería para que los comedores escolares puedan armar las bolsas de alimentos», contó a Página12 Mariel Fernández, intendenta de Moreno, distrito del conurbano bonaerense con un solo hospital para atender a 500 mil habitantes.

 

Moreno es uno de los seis municipios del Gran Buenos Aires con niveles más altos de Necesidades Básicas Insatisfechas. Fernández señaló que más que aislamiento, lo que intentan hacer es que la gente se quede en el barrio y para eso es fundamental garantizarles el alimento.

En Moreno se va a construir uno de los cinco hospitales modulares destinados al conurbano, pensados para la internación de pacientes con coronavirus, mientras los hoteles sindicales son tomados para las personas que necesiten aislamiento.

 

La secretaria de Integración Sociourbana, Fernanda Miño, quien vive en La Cava, la villa más emblemática de la localidad de San Isidro, señaló que en los barrios la casa es chica, hay muchas situaciones familiares, indefectiblemente los vecinos salen a los pasillos o a la calle más cercana. “No vamos a hacer cola al supermercado porque no hay plata para llenar la heladera, pero si a la única canilla de agua la tenés en la esquina de tu casa no te queda otra que salir», dijo a Página/12.

 

Miño cree que las municipalidades van a tener que asumir el trabajo de ir a los barrios, llevar los bolsones a cada casa en lugar de hacer ir a la gente a un lugar donde puede amontonarse, deberán hacer ruedas sanitarias con los elementos básicos. «Siempre hay una organización social que se pone ésto al hombro, que se pone el guante y el barbijo y sale a repartir».

 

El negacionismo de Bolsonaro y la falta de agua en las favelas

 

El ultraderechista y delirante presidente brasileño Jair Bolsonaro decretó la suspensión de los contratos de trabajo, y dejar de pagar los salarios durante cuatro meses, con el pretexto de hacer frente a la crisis económica agravada (la crisis ya existía) por el coronavirus, que puede llevar al país a la recesión.

 

Pero fue tal el rechazo a la propuesta, diseñada junto al ministro de Economía, el pinochetista Paulo Guedes, que horas después de anunciarla, Bolsonaro se vio obligado a dejarla parcialmente sin efecto.

 

En Brasil, 38 millones de personas tiene trabajo informal, sin ningún amparo legal, o trabajo precario, y los otros 70 millones perdieron parte sustancial de sus derechos desde el golpe de Estado que llevó a Michel Temer al poder y luego al actual desgobierno.

 

En tiempos de coronavirus, más importante que lavarse las manos con alcohol en gel es asearse con agua y jabón varias veces al día. Pero la realidad en las favelas de Río de Janeiro está lejos de ser ideal para evitar el covid-19, ya que falta agua en varios barrios marginales de la ciudad y los niños ni siquiera pueden lavarse las manos.

 

La confirmación del primer caso de contagio en la inmensa favela Ciudad de Dios, en la zona oeste de la ciudad de Rio, no sorprendió, pero disparó alarmas y pánico en hn país donde el presidente, Jair Bolsonaro, sigue calificando a la pandemia como una “gripecita”,

 

Desde el golpe institucional que destituyó a la presidenta Dilma Rousseff, las políticas económicas y las reformas llevadas a cabo primero por Michel Temer, y ahora extremadas por Jair Bolsonaro, devolvieron a la zona de pobreza a casi una treintena de millones de brasileños y a la miseria al menos otros seis millones.

 

En todo Brasil, doce millones de personas viven en villas miserias. Sao Paulo, la ciudad más populosa, alberga a un millón 300 mil personas en viviendas precarias. Solo en el área urbana de Río existen al menos unas 740 favelas (villas miseria) que abrigan un millón y medio de personas, casi un cuarto de la población total.

Si se considera el conurbano de la ciudad, donde sobrevien al menos otro millón, se llegaría a la dos millones y medios de personas, un seis por ciento del total de habitantes del país, que viven en condiciones extremamente precarias, sin estructura mínima de higiene y sanidad, en ambientes de 30 metros cuadrados donde se hacinan cuatro o cinco personas,  podrá sufrir una devastación sin precedentes a raíz del contagio del coronavirus.

 

Pero el drama no alcanza solamente de loa favelados, ya que son 35 millones más los brasileños que viven en situación por demás precaria, el 17 % de la población del país.

 

El gobierno negacionista no responde a ninguna pregunta. Es imposible mantener distancia entre los habitantes, o satisfacer las medidas mínimas de higiene. Y la atención del gobierno al comienzo de expansión del coronavirus, se concentran en las favelas de Río de Janeiro, por la precariedad de su situación.

 

La favela Rocinha, la mayor de Rio donde sobreviven 100 mil personas, carecía de agua en varias de sus zonas. Ni hablar de alcohol, guantes de latex, mascarillas… Enclavada entre barrios de clase alta con el metro cuadrado más caro de América latina (Gávea, San Conrado y Leblon), es considerada privilegiada, por estar cerca del lugar de trabajo de sus habitantes (empleadas domésticas, taxistas, empleados de comercio, guardias).

 

Lo de Rocinha no tiene que viajar tres horas para ir y volver del trabajo, como los favelados  de zonas distantes del centro. En Rio no existen barrios sin favelas (excepto Jardim Botanico). Hoy los favelados cariocas se reúnen en “oficinas de crisis”, en señando a los habitantes cómo proceder con la pandemia.

 

“Es un problema estructural que no es hoy. La queja del residente es seguida por una justificación de Cedae [Compañía Estatal de Agua y Alcantarillado de Río] y la respuesta es que no pagamos por el agua. Tenemos un impuesto social, las favelas de Río son inmunes al problema del impuesto al agua”, explica a Brasil de Fato Patrick Lome, residente del morro do Borel y dirigente juvenil de las favelas.

 

Residente de Maré y miembro del Colectivo Papo Reto, Renata Trajano afirmó que el problema es crónico, pero que se vio agravado por la crisis de Cedae, cuando a principios de años se detectó geosmina, qe causaba cambios de color, olor y sabor en el agua.

 

El volumen de quejas en los últimos días y la preocupación por la proliferación del virus llevaron a la Oficina del Defensor Público a crear un canal para llevar a cabo una encuesta sobre la situación del suministro de agua en Río de Janeiro, especialmente en las favelas.

Dirigentes sociales y de asociaciones de habitantes de favelas no solo de Río (que concentra la mayor población de villas miseria del país) pero de todo Brasil tratan de llevar a cabo campañas de concientización, mientras reclaman de los gobiernos la ausencia absoluta de infraestructura, empezando por agua y condiciones mínimas y urgentes de salubridad, como cloacas.

 

El ultraderechista presidente Jair Bolsonaro sigue refiriéndose al coronavirus como una “gripecita”, su ministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, médico ortopedista, hace advertencias alarmantes sobre el futuro de las favelas brasileñas. Pero ni uno ni otro aclara qué medidas serán tomadas, y mucho menos explican por qué ninguna fue adoptada hasta ahora.

 

*Periodistas e investigadores –argentino y brasileña- del Centro Latinoamericano de Análisiis Estratégico (CLAE, esgtrategia.la)

 

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