1. Contextualización

 

El día de ayer se decretó una cuarentena total en Italia que, con la finalidad de detener la dispersión del nuevo virus SARS-CoV-2 causante de la epidemia de Covid-19, afecta ya a más de 60 millones de personas, lo anterior en una inédita medida de restricción de las libertades cívicas en Europa occidental no vista desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Medidas similares fueron tomadas hace unas semanas en diversas ciudades, regiones y localidades de China, Corea del Sur e Irán. Adicionalmente, se ha producido un importante salto de la crisis económica internacional reflejado en una caída abrupta de las bolsas de comercio alrededor del mundo. Un ejemplo de la magnitud de este derrumbe, gatillado por el temor de los inversionistas a los efectos económicamente disruptivos de esta epidemia y el fracaso de las negociaciones entre Rusia y Arabia Saudita para acordar un recorte de la producción de petróleo, pudo verse en la paralización de actividades que afectó a la bolsa de Nueva York y en una serie de caídas bursátiles internacionales no vistas desde el año 2008. Todo esto en el contexto no sólo de la virtual paralización de una serie de grandes ciudades, localidades y pueblos en Europa, Asia y Norteamérica, sino que de un golpe creciente al corazón productivo del capitalismo: las cadenas productivas y de abastecimiento mundiales. En este escenario, algunas de las industrias que vienen siendo más duramente castigadas por esta situación son aquellas relacionadas al turismo, los viajes aéreos o lo servicios, comenzando a escucharse además los anuncios de algunas importantes firmas capitalistas (entre otras, Coca Cola, MAC o Ferrari) con respecto a una serie de problemas de suministro que estarían amenazando la mantención de sus niveles productivos.

 

Italia en cuarentena

 

Pero la crisis mundial gatillada por el coronavirus de Wuhan podría estar sólo en sus comienzos. Y es que ante un escenario económico y político internacional ya debilitado por un estado de crisis económica capitalista crónica heredado desde el pasado crack financiero del 2008, el avance de la peste de Wuhan amenaza con descargar toda su furia, al unísono, en contra del conjunto de las economías y los mercados del mundo. Un ejemplo de esta amenaza puede encontrarse en las tasas de mortalidad asociadas tendencialmente al avance de esta peste, las cuales por su magnitud constituirían un factor socioeconómico de una potencial escala disruptiva no vista desde el fin de las guerras mundiales. Con una mortalidad estimada que oscila entre un 0.7% y un 4%, este virus podría llegar a matar, en el caso de terminar de descontrolarse (aquello tal como parece indicar la dinámica de contagio internacional) y de que una vacuna no pueda ser desarrolla a tiempo, a una cifra que podría variar, esto tal como atestiguan una serie de modelos, entre uno y cien millones de personas.

 

La epidemia del nuevo coronavirus podría matar a millones alrededor del mundo

Una evidencia que apunta hacia este escenario sería la experiencia de algunas pandemias del siglo pasado tales como la gripe asiática de 1957 y la española de 1918 que con tasas de mortalidad aproximadas de 0.6% y 2% se cobraron entre los uno y cincuenta millones de muertos respectivamente. Otra evidencia de lo mismo podría encontrarse en el número de fallecidos como producto de la pasada gripe porcina que, con tasas de mortalidad mucho menores a las asociadas a la epidemia de covid-19, habría matado (de acuerdo con estimaciones científicas actualizadas) entre 200 y 400 mil personas alrededor del mundo. Dicho de otro modo, estamos hablando de una posible replicación en los próximos meses y años de algunos de los escenarios epidémicos más letales de la historia, esto en momentos en que, sin haberse llegado todavía a una cifra sustantivamente superior a las cuatro mil muertes, el nuevo coronavirus ha tomado ya la forma, como hemos dicho, de un factor disruptivo inédito de la economía y la sociedad mundial.

 

¿Cuál será el impacto real de esta plaga sobre la economía internacional en el caso de que la cifra de muertos se eleve a las decenas o centenas de miles, no pudiendo descartarse que aquella llegue a los millones de fallecidos? ¿Qué efectos podría tener el avance de esta epidemia ante un escenario de descontrol potencial de la misma en las principales capitales del mundo, esto tal como parece anunciar la situación de algunas ciudades tales como Roma, Milán, Madrid, Londres o Nueva York? ¿Cómo afectará la dispersión de este virus las economías de los llamados países en desarrollo, aquello una vez que las barreras de contención que han puesto los gobiernos se vean sobrepasadas? ¿Que sucederá cuando esta nueva plaga se anide en el corazón de las atestadas ciudades del “tercer mundo”, reproduciendo su simiente venenosa entre millones de desgraciados cuyo único destino será, muy probablemente, servir como carne de perros y ratas una vez que las morgues de sus países ya no den abasto con el océano de muertos que podría generar el avance de esta peste?

 

No podemos responder ahora estas preguntas, esto sobre todo en momentos en que todavía no está claro si los gobiernos alrededor del mundo, las instituciones de salud internacional y los grandes laboratorios serán capaces, o no, de desarrollar una vacuna a tiempo que sirva para contener el avance del virus. Lo que sí sabemos, sin embargo, es que la crisis mundial producida por la propagación de este patógeno ha dejado en evidencia, esta vez a un nivel sin precedentes desde las grandes convulsiones históricas de la primera mitad del siglo pasado, las endebles bases de desarrollo en que se sostiene la sociedad contemporánea, caracterizada hoy por una situación de desorden y debilitamiento internacional cada vez más creciente. Ejemplos de esta situación de mayor desorden mundial y desestabilización geopolítica sobre la que viene desplegándose la actual crisis epidémica serían, entre otros, tanto las renovadas disputas entre potencias imperialistas tales como las vistas en el marco de la reciente guerra comercial entre China y Estados Unidos, así como también el agravamiento de diversos conflictos regionales como el de la guerra civil en Siria en donde está teniendo lugar un fuerte enfrentamiento entre Rusia y los poderes occidentales. Otro ejemplo de lo anterior puede verse en los episodios cada vez más frecuentes de caos asociados al tendencialmente insoluble problema migratorio, planteándose aquí repercusiones particularmente explosivas en caso de que los campos de refugiados ubicados en algunos países tales como Grecia o Turquía lleguen a ser afectados por el avance de la epidemia.

 

Como vemos, lo que partió hace unos meses como una crisis de salud pública remitida a una ciudad específica de China (Wuhan), se ha transformado hoy en una inminente pandemia que amenaza no sólo con una cantidad de muertos que pueda llegar a las decenas de millones, sino que, además, con convertirse en un factor de desestabilización aguda de las propias bases de la economía, la política y la sociedad mundial con resultados que podrían ser impredecibles. Esto último al modo de un factor de “interferencia estructural”, posiblemente creciente, del propio curso de la lucha de clases moderna, aquello tal como se ha visto, entre otros lugares, en algunos países tales como Italia en donde se debieron cancelar las pasadas movilizaciones por el 8 de marzo y el resto de las concentraciones o manifestación públicas. Todo esto en medio de un clima de incertidumbre que ha servido para dividir, gracias al clima de temor y recelo producido por las cuarentenas masivas, al movimiento de masas y la sociedad civil de las organizaciones sociales. Un ejemplo de lo anterior han sido los importantes grados de aislamiento que han caracterizado la acción de una serie de organizaciones de izquierda y sectores sindicales que, aunque en gran medida incapaces de realizar una lectura adecuada de la verdadera gravedad que tiene el peligro de la expansión de la epidemia, han intentado llevar adelante en Italia una serie de movilizaciones sociales para reivindicar mejores condiciones y garantías laborales al calor de la crisis sanitaria. Otro ejemplo de la interferencia creciente que viene significando el avance de esta crisis en el ámbito social son los importantes brotes de racismo y xenofobia (hasta ahora fundamentalmente anti-china y anti-asiática) que la expansión de este virus ha generado en diversos países.

 

Las movilizaciones del 8 de marzo fueron canceladas en Italia debido al coronavirus

 

Con todo, tal como veremos en este y otros de los materiales temáticos alrededor de esta epidemia, la crisis mundial gatillada por el coronavirus de Wuhan no debe entenderse ni como un hecho aislado, así como tampoco al modo de un mero “catalizador” del desarrollo de las contradicciones “clásicas” (económicas, sociales y políticas) del modo de producción capitalista. Lejos de aquello, contrariamente a lo que vienen repitiendo una serie de intelectuales y organizaciones de izquierda tradicional que prefieren hacer eje en sus explicaciones en una serie de factores de orden económico, social o político propios del desarrollo capitalista contemporáneo, la crisis desatada por la epidemia de covid-19 respondería, como discutiremos, al avance de un nuevo tipo de dinámica histórica que presentaría una naturaleza súper-catastrófica inédita desde los orígenes mismos del capitalismo moderno. Lejos de remitirse esta última, ya sea al debilitamiento estructural que ha venido experimentando la economía internacional en décadas pasadas, o bien a las políticas de privatización neoliberal que han dado por resultado una importante precarización de los sistemas de salud alrededor del mundo, la crisis gatillada por la aparición del nuevo coronavirus se relacionaría, de fondo, al despliegue de un proceso más profundo de crisis terminal de la propia sociedad industrial marcada por una “combinación catastrófica” entre, por un lado, los factores de crisis económica, política y social clásicos del capitalismo moderno y, por otro lado, el desarrollo de un agotamiento irreversible (definitivo) de las condiciones ecosociales de reproducción del modo de producción capitalista y de la existencia misma de la civilización contemporánea.

 

A continuación, se realizará una caracterización del contexto ecosocial y epidemiológico de la actual crisis sanitaria mundial, discutiéndose posteriormente la relación entre esta crisis y su marco histórico específico: la crisis de la sociedad industrial. Entre otras cosas, esta discusión servirá de contextualización tanto para las diversas secciones de esta serie en torno a los impactos del calentamiento global y la crisis ecológica sobre el sistema terrestre y la civilización moderna, así como también para el resto de materiales temáticos elaborados alrededor del estallido y la propagación de la presente crisis epidémica. Una de las razones de lo anterior es que debido al impacto socioeconómico, político y cultural inédito que ha tenido el avance de esta crisis, alimentada como veremos por el desarrollo de una crisis ecosocial planetaria que avanza con cada vez más fuerza, aquella constituiría una especie de marco predilecto (al modo de una ventana hacia el futuro) desde donde comenzar nuestra discusión en torno a los impactos que podría tener sobre el proceso histórico la presente dinámica (súper-catastrófica) de derrumbe socio-ecosistémico global. Es precisamente desde esta perspectiva que comprende la actual crisis epidémica mundial en el contexto de una dinámica de degradación ecosocial e histórica mayor que ésta se nos presenta, en realidad, sin importar la magnitud que pueda adquirir durante los próximos meses, al modo de un mero acto introductorio; esto es, en su calidad de expresión orgánica de un proceso de colapso civilizatorio y extinción masiva más amplio, a la manera de una puerta de entrada hacia una nueva era de cataclismos y muerte.

 

  1. Contexto ecosocial y epidemiológico de la crisis sanitaria mundial de covid-19

 

A diferencia de la perspectiva marxista tradicional que, como dijimos, tiende a reducir los impactos de la crisis provocada por la epidemia de covid-19 a los ya mencionados factores económicos, políticos y sociales clásicos de desestabilización del capitalismo industrial (véase aquí las recientes opiniones en torno a este tema de los intelectuales Michael Roberts o Mike David[1]), aquellos deben explicarse, en último término, en el marco de la combinación de los efectos, cada vez más disruptivos, de la “triada cataclísmica” representada por los siguientes factores concomitantes: 1. los impactos destructivos sobre el planeta del sistema industrial y la actual tendencia de crecimiento humano exponencial; 2. la apertura de un nuevo “horizonte epidémico” en el desarrollo histórico y; 3. el desarrollo de una dinámica súper catastrófica (inicial) de cambio climático y calentamiento global acompañada de un escenario internacional de escasez de recursos inminente.

 

En el caso de la discusión en torno a la naturaleza de la crisis mundial gatillada por la propagación del nuevo coronavirus, una primera cuestión a tener en cuenta es que el enfoque marxista e izquierdista tradicional tendería a privilegiar en su explicación de las causas y las perspectivas de esta última, antes que el análisis de los vectores de tipo socio-ecológicos, medioambientales y biológicos que se hallarían en la base de dicha crisis, algunos de los factores de orden social y económico que se asociarían al desarrollo de la misma (falla estructural de los sistemas de atención médica como producto de los recortes neoliberales en derechos básicos, orientación del sistema capitalista a la búsqueda de ganancias y no a la satisfacción de las necesidades humanas, perfil anti-popular de los gobiernos empresariales, impacto sobre la economía mundial, etc.). Esto queda claro si se tiene en cuenta, entre otras cosas, la subvaluación que haría el análisis marxista tradicional tanto del papel que tendría la sociedad de masas moderna y los grados de destrucción ambiental planetaria asociados a aquella en la génesis de la actual epidemia de coronavirus, así como también del rol que jugarían otros factores tales como el cambio climático y los niveles de sobrepoblación en el modelamiento de los impactos que tendrá sobre el sistema social la propagación global de ésta y otras enfermedades infecciosas durante este siglo.

 

Con respecto a las causas de la mayor recurrencia que está teniendo el desarrollo de epidemias y pandemias a nivel internacional en comparación a las ocurridas durante las últimas décadas, investigadores tales como el ecólogo de enfermedades Peter Daszak han planteado que aquellas deben encontrarse, en primer lugar, en las características cada vez más invasivas de las actividades humanas sobre los ecosistemas naturales, las cuales generarían las condiciones propicias (alentadas por los efectos de la sobrepoblación y nuestra huella ecológica) para que se produzcan saltos de virus más frecuentes entre las especies naturales y la humanidad[2]. Una muestra de lo anterior, además del propio origen de la enfermedad de covid-19 debido a un posible salto de un virus alojado en animales salvajes hacia poblaciones humanas que habría sido favorecido por los patrones alimenticios existentes en China (caracterizados por un alto consumo de especies exóticas), puede encontrarse en las pasadas epidemias de SARS o ébola, también atribuidas a posibles saltos virales inter-especies como resultado del mayor contacto entre humanos y animales. Sería así el propio sistema económico moderno y su impacto cada vez más destructivo sobre los ecosistemas naturales, así como también las prácticas alimenticias y estilos de vida (ecológicamente destructivos) de la sociedad de masas contemporánea, lo que estaría propiciando de forma más recurrente, tal como se desprende de lo planteado por Daszak, la aparición en la escena histórica de virus tales como el que produce la actual epidemia de covid-19.

 

La aparición del ébola en poblaciones humanas se debió a un salto de virus entre especies

Con todo, la subvaluación del rol de los niveles de destrucción y alteración medioambiental asociados a la economía industrial y su lógica de crecimiento sin límites en la generación de mejores condiciones para la propagación de las recientes epidemias de SARS, ébola, fiebre porcina, covid-19, constituye sólo una de las falencias del discurso y el marco de análisis marxista tradicional (esto al menos al nivel de las organizaciones de izquierda) en su evaluación de la actual crisis epidémica. Otro de los flancos ciegos del análisis marxista tradicional (y de sus respectivas respuestas político-programáticas) con respecto a los posibles impactos socioeconómicos y políticos de la crisis desatada por la irrupción del nuevo coronavirus sería su tendencia a comprenderlos en el marco de una crisis de salud aislada y no en su contexto epidemiológico más amplio: esto es, tal como sugieren una serie de investigadores en el artículo “Global rise in human infectious disease outbreaks”[3], una situación caracterizada por un aumento sustancial de las enfermedades virales y bacterianas alrededor del mundo. En otras palabras, tal como vienen planteando una serie de investigadores a nivel internacional, el desarrollo de una nueva era de epidemias y pandemias en el proceso histórico[4].

 

Algunas de las causas del avance de este nuevo “umbral epidémico” al cual se enfrenta la sociedad contemporánea serían, entre otras, los efectos de la sobrepoblación y el mayor hacinamiento de los grupos humanos, el impulso descontrolado de la urbanización, las consecuencias negativas del cambio climático sobre los ecosistemas naturales y las capacidades inmunológicas de las poblaciones, así como también los impactos de la globalización en la mayor dispersión de infecciones[5]. Uno de los indicadores de la magnitud que estarían alcanzando estos factores puede encontrarse en el hecho de que, de acuerdo con las Naciones Unidas, casi el 70% de la humanidad hacia el año 2050 podría vivir en ciudades, incrementando con ello no sólo los grados de hacinamiento de miles de millones de personas, sino que, además, las posibilidades del desarrollo de epidemias tanto o más explosivas como la que se vive durante estos días[6]. Todo esto, cabe recordar, ante un escenario de crecimiento exponencial de la población mundial que podría alcanzar durante este siglo la exorbitante cifra de 12 mil millones de personas; es decir, un aumento en casi 60% de sus ya altísimos (y absolutamente inviables) niveles demográficos.

 

La población mundial podría llegar a los 12 mil millones durante este siglo[7]

En el caso de la posible influencia del cambio climático en la propagación de futuras plagas epidémicas, un dato especialmente preocupante puede hallarse en el hecho de que, de acuerdo con las previsiones del Foro Económico Mundial, el avance del calentamiento global hacia el año 2080 podría aumentar el número de personas bajo riesgo de sufrir enfermedades asociadas a picaduras de mosquitos en unos mil millones en comparación a las tasas actuales, esto último incluyendo a poblaciones en regiones tales como Europa y el este de África (libres aún de este tipo de enfermedades)[8]. Un ejemplo reciente de lo anterior puede encontrarse en el efecto potenciador que tuvo uno de los pasados episodios de calentamiento oceánico conocido como ENSO durante la epidemia de Zika durante el año 2015[9]. Otro ejemplo de lo mismo sería la crisis por infecciones de dengue que se vive hoy en Argentina y que ha afectado ya a más de 600 personas. Un dato contundente que mostraría la actual tendencia de incremento de las tasas de enfermedades infecciosas a lo largo del planeta puede verse en el hecho de que, de acuerdo con la OMS, existirían ya alrededor de siete mil alertas de posibles brotes infecciosos cada mes en el mundo; es decir, una cifra sustancialmente superior a las de décadas pasadas[10].

 

Número de países experimentando un aumento de crisis epidémicas (1995-2018)[11]

 

De vital importancia en la generación de condiciones más favorables para una mayor transmisión de epidemias a nivel internacional destacan, como ya dijimos, las características de la llamada globalización que, gracias al importante desarrollo que han tenido los sistemas de transporte en las ultimas décadas, ha significado un sustantivo aumento de la capacidad de las poblaciones para desplazarse a lo largo y ancho del planeta. Una muestra de lo anterior es que hoy cualquier persona estaría hipotéticamente capacitada, por ejemplo, para trasladarse desde la más remota villa a un centro urbano en menos de 36 horas, incrementando con ello la potencial velocidad de expansión de posibles focos infecciosos.[12] Otra muestra de la magnitud que viene alcanzando el transporte de personas alrededor del planeta puede hallarse en el masivo aumento de viajes en avión que pasaron desde los 310 millones en 1970 a los 4.2 mil millones durante el 2018, habiendo constituido hoy el transporte aéreo, de hecho, una de las principales bases para la rápida propagación que ha tenido la actual epidemia de coronavirus en diversos continentes[13].

 

Pero la perspectiva marxista tradicional no sólo fallaría al momento de integrar los problemas asociados al avance del sistema industrial, la urbanización sin límites, el crecimiento demográfico descontrolado y el cambio climático al tener que dar cuenta de las causas y proyecciones de la actual crisis epidémica. A la vez, dicha perspectiva dejaría en gran medida de lado dos problemas claves de este nuevo “horizonte epidemiológico” que estaría tomando cuerpo en el escenario histórico y que representarían, de por sí, una importante crisis estructural de los actuales sistemas de salud a nivel internacional y, más de fondo, de los propios fundamentos de la medicina moderna. Estos problemas son la creciente amenaza que representaría el fenómeno de la “resistencia microbiana” y el de una posible propagación de una serie de “patógenos antiguos” desde el ártico u otras zonas frías del planeta como efecto del calentamiento global.

 

Virus gigante de treinta mil años hallado en muestras de permafrost siberiano[14]

 

La importancia de estos problemas no puede ser subestimada. En el caso de la resistencia microbiana; es decir, la aparición de virus, bacterias y otros patógenos inmunes a los antibióticos y las vacunas como producto de la capacidad de estos microorganismos de desarrollar resistencias naturales basadas en mutaciones genéticas y otros mecánicos biológicos, aquella representaría, de acuerdo con la OMS, un peligro tal que sería capaz de poner en riesgo las propias bases de la medicina moderna[15]. Una de las razones de lo anterior sería que el aumento de patógenos microbianos resistentes a los métodos médicos tradicionales pondría en cuestión la utilidad de una serie de tratamientos sobre los cuales se sostienen los sistemas de salud actuales (por ejemplo, los basados en la penicilina), permitiendo lo anterior la reaparición o mayor incidencia de enfermedades que se consideraban ya superadas.

 

De acuerdo con la doctora Miriam Cires, este problema presentaría una gravedad tal que aquel podría llegar prontamente a amenazar las capacidades de los sistemas médicos contemporáneos para un tratamiento efectivo de una serie de enfermedades tales como las infecciones respiratorias agudas (o neumonía), enfermedades diarreicas, el paludismo y la tuberculosis[16]. Según Cires, la extensión cada vez mayor de este problema podría ser vista tanto en el hecho de que hoy más de la mitad de los casos de neumonía estreptocócica en una serie de regiones del mundo serían ya resistentes a la penicilina, así como también en el de la importante reducción de la efectividad de la cloroquina en el tratamiento del paludismo[17]. Otro ejemplo de la importancia creciente de este problema es que hoy se producen más de 25.000 muertes por enfermedades asociadas a distintos tipos de resistencia bacteriana solamente en la Unión Europea[18]. Adicionalmente, esta situación podría constituir, asimismo, una grave amenaza para la “capacidad de carga” (y por tanto para la viabilidad) de la mayoría de los sistemas de salud del planeta, los cuales podrían verse prontamente superados (abrumados) debido a las mayores dificultades, costos y complicaciones asociadas potencialmente al tratamiento de enfermedades que ya se creían totalmente superadas.

 

El siglo XXI podría ver un retorno de enfermedades infecciosas que se creían ya superadas

 

Otra muestra del tipo de amenazas al que se enfrenta hoy la medicina moderna radicaría en el peligro que representa la reaparición de bacterias o virus antiguos (u otras especies de patógenos) que, habiendo estado congelados por cientos o miles de años en el ártico u otras zonas frías alrededor del globo, podrían eventualmente “despertar” como producto del calentamiento global y entrar en contacto con poblaciones humanas. Algunas de las implicaciones potenciales de este peligro serían, por ejemplo, la posibilidad de un rebrote no sólo de algunos agentes microbianos tales como los causantes de la viruela, la peste bubónica u otras enfermedades infecciosas propias de los siglos recién pasados, muchos de los cuales se encuentran en estado de latencia en algunas zonas frías tales como Siberia o Alaska, sino que, además, la de otros patógenos con miles o decenas de miles de años de antigüedad[19]. Un ejemplo de lo anterior, con efectos probablemente desconocidos, es el hallazgo de varios tipos de virus gigantes (Pithovirus sibericum y Mollivirus sibericum) con más de 30.00 años que fueron encontrados en muestras de permafrost siberiano por un equipo científico a cargo del investigador Jean-Michel Claverie de la Universidad de Aix-Marseille. De manera sorprendente, estos virus fueron capaces posteriormente de “revivir” en laboratorio y demostrar que todavía conservaban sus propiedades infecciosas[20]. En el caso de otras investigaciones similares, bacterias con antigüedades aproximadas entre 100.000 y 8 millones de años también han podido ser revividas por equipos científicos[21].

 

Virus y bacterias antiguas se esconden en las áreas congeladas del planeta

 

Ahora bien, el peligro de la reaparición de patógenos antiguos no se remitiría exclusivamente al problema del derretimiento de zonas congeladas o al de la desestabilización de ciertas capas de suelo en regiones frías tales como el permafrost, sino que, además, al de los efectos de una serie de actividades propias de la sociedad industrial tales como la minería o la extracción de gas natural o petróleo que han venido tomando un importante impulso en ciertas zonas del Ártico. Uno de los peligros asociados a estas actividades en dichas áreas es que, al realizarse excavaciones y perforaciones en capas de suelo antiguo, aquellas puedan traer a superficie virus o patógenos que, tal como lo visto previamente, podrían ser capaces de “reactivarse” en caso de entrar en contacto con humanos u otros animales[22]. Una de las posibilidades más alarmantes de lo anterior sería que ciertas especies de virus que afectaron a los primeros habitantes humanos del Ártico (o incluso aquellos que contagiaron a poblaciones locales de neandertales, denisovanos o de otras especies de homínidos ya desaparecidas) puedan comenzar a infectar, otra vez, a poblaciones humanas actuales[23]. Considerándose aquí que muchos de estos patógenos podrían ser totalmente desconocidos por la humanidad, no existiendo además en muchos casos posiblemente ningún tipo de respuesta inmunológica por parte de nuestros organismos ante aquellos, se hace claro que el potencial catastrófico de estos “gérmenes dormidos” podría ir mucho más allá que el asociado a un mero “hallazgo evolutivo”. Debe sumarse a lo anterior el peligro de que algunos de estos agentes infecciosos puedan haber desarrollado en el pasado diversos mecanismos de resistencia microbiana a los medicamentos tradicionales que podrían, o bien servir tanto para una mayor dispersión de estos patógenos en el presente, o bien ser transmitidos a virus y bacterias actuales[24]. Una muestra de lo anterior es que se han encontrado especies de paleobacterias con genes asociados a una posible resistencia a la tetraciclina (medicina utilizada para combatir ciertas infecciones bacterianas) y a una serie de antibióticos glicopéptidos[25].

 

III. Coronavirus de Wuhan, epidemias y sociedad industrial

 

Hemos evaluado hasta aquí la relación entre el origen y la posible magnitud de la actual epidemia de covid-19 discutiendo algunos aspectos del contexto ecosocial y epidemiológico de esta última. Dos cuestiones resaltan en esta discusión. Primero, que esta crisis sanitaria global no constituye un hecho epidémico aislado, sino que es parte de una tendencia más general caracterizada tanto por el avance de una nueva generación de enfermedades infecciosas (fenómeno que hemos denominado como el de un “nuevo horizonte epidémico” en el proceso histórico), así como también por un empeoramiento generalizado de las condiciones de reproducción ecosocial de las sociedades humanas. Sería justamente esta base doble (nuevo horizonte epidémico y mayores grados de descomposición de la base ecosistémica de los sistemas sociales) y no la mera crisis de los sistemas de salud neoliberales y las características propias del sistema capitalista declinante contemporáneo lo que se encontraría, en realidad, en la base del origen, magnificación y posibles impactos a largo plazo de la actual crisis sanitaria mundial.

 

En otras palabras, la degradación de los sistemas de salud pública en el contexto de los regímenes neoliberales, la desfinanciación de los sistemas de seguridad social y la mercantilización de las diversas esferas de la vida cotidiana, aunque cumplirían el papel de potenciadores de los efectos más nefastos de la presente crisis epidémica, no deben ser entendidos como los factores centrales o más importantes en el origen, trayectoria y proyecciones de ésta. Un ejemplo de lo anterior es la inexistencia de este tipo de crisis sanitarias en la arena internacional, al menos con la gravedad e impacto planetario que viene tomando la actual epidemia de coronavirus, durante una gran parte del siglo pasado. Todo esto plantea la necesidad de asumir, si partimos del hecho de que lo que explica los grados de dispersión e impacto de esta epidemia no sería, como dijimos, ni el estado de los servicios de atención médica a nivel internacional en sí mismo, así como tampoco la mayor debilidad de los sistemas de protección social de una serie de países luego de décadas de planes neoliberales, que crisis sanitarias tales como la que se vive hoy a lo largo del mundo deberían seguir repitiéndose, de manera inevitable y posiblemente a una escala y ritmos cada vez mayores, en el futuro cercano. Esto último, otra vez, sin importar a que tipo de reformas, mejorías o transformaciones estructurales puedan ser sometidos los sistemas de salud pública en diversos países. La razón de lo anterior sería que, si bien la implementación de reformas al nivel de los sistemas de atención médica en cada país podría ciertamente servir para palear el avance de epidemias tales como la que estamos presenciando durante estos días (por ejemplo, en términos de las tasas de mortalidad asociadas a la misma), dichas medidas no implicarían, necesariamente, un cuestionamiento de las bases estructurales que se encontraron (y que se encontrarán con mucha más fuerza en el futuro) en el origen de ésta y las próximas crisis epidémicas que azoten al planeta: sobrepoblación, hacinamiento urbano, prácticas productivas ecológicamente invasivas, etc. Por el contrario, dichas bases seguirán intocadas en tanto la sociedad industrial y de masas subsista, preparándose así el escenario, al modo de un problema crónico y sin solución, para nuevas y más poderosas crisis epidémicas y sanitarias.

 

La industria de animales salvajes en China ha sido foco de diversos focos epidémicos

 

No, ninguna reforma de los sistemas de salud pública (por ejemplo, las asociadas a un aumento potencial de sus niveles de financiamiento) estará capacitada para modificar las verdaderas raíces estructurales (de naturaleza ecosocial) que explican el tipo de violenta dispersión internacional y los efectos, cada vez más profundos, que está teniendo sobre el sistema mundial la presente crisis sanitaria global, esto tal como una aspirina o un analgésico tampoco pueden combatir las causas profundas de una enfermedad mortal en estado avanzado. ¡No! Ni la inyección de vastas sumas de recursos al servicio del combate de esta y otras epidemias, ni la existencia de sistema de salud plenamente públicos orientados a las necesidades del conjunto de la población y ajenos a los intereses del lucro y el mercado… y ni siquiera la existencia de un modelo de sociedad industrial alternativa al capitalismo (por ejemplo, el socialismo moderno) estarían capacitados, realmente, para cuestionar la base fundamental de problemas tales como aquellos de los que estamos siendo testigos con la propagación de la peste de Wuhan; esto es, la descomposición terminal de las bases ecosociales de reproducción de la sociedad contemporánea.

 

Los impactos nefastos de la economía moderna y la huella ecológica de la humanidad sobre el planeta, el carácter cada vez más invasivo de las prácticas productivas sobre los ecosistemas, el crecimiento poblacional infinito, la urbanización sin limites, el cambio climático, la globalización, el aumento de las enfermedades infecciosas y su mayor recurrencia a nivel internacional, el problema de la resistencia antimicrobiana y la reaparición de patógenos antiguos, serían así todos factores que, encontrándose en la base del origen y el impacto de la actual epidemia de coronavirus, responderían a un único problema: la sociedad industrial moderna y su modelo de desarrollo económico y tecnológico característico. Dicho de otra manera, lo que se hallaría en la base de los efectos de la epidemia de covid-19 sería, tal como ya dijimos, no sólo el capitalismo y su intrínseca tendencia a la mercantilización de las diversas esferas de la vida humana (por ejemplo, en el ámbito de la salud pública), sino que, por el contrario, algo más profundo; esto es, la civilización moderno-industrial basada, entre otras cosas, en una perspectiva eminentemente utilitarista y antropocéntrica del dominio de la naturaleza y una comprensión técnico-productivista, inherentemente destructiva, del concepto de progreso. Sería justamente este modelo de civilización y su conceptualización particular de la relación humanidad-naturaleza, modelo que el capitalismo moderno habría llevado hasta su consumación máxima, pero cuyo origen debe hallarse en los últimos siglos de la Edad Media con los primeros albores de la sociedad moderna y su marco de relaciones económicas, sociales, políticas y sistemas de pensamiento característicos inspirados en el marco valórico renacentista y humanista, lo que se encontraría en la raíz histórica (basal) de los altísimos grados de devastación socioambiental planetaria y desequilibrio climático sobre los cuales están comenzando a gestarse crisis tales como la del nuevo coronavirus.

 

La perspectiva antropocéntrica de la modernidad constituye una de las bases de la actual crisis planetaria

 

A partir de aquí, sería así el conjunto de sistemas sociales propios de la modernidad industrial y sus patrones de desarrollo económico y demográfico basados en una lógica de crecimiento infinito (incompatible con la existencia de un planeta con recursos limitados), esto desde las actuales democracias occidentales avanzadas y la serie de regímenes capitalistas totalitarios o autoritarios desarrollados en el último siglo (entre otros los regímenes fascistas, las dictaduras nacionalistas o las petro-monarquías) hasta la mayoría de los modelos socialistas vigentes durante el siglo XX, los cuales serían los responsables de los actuales grados de desequilibrio ecosocial sobre los que la aparición de nuevos patógenos tales como el SARS-CoV-2 está volviéndose más frecuente. Un ejemplo claro de lo anterior en el ámbito de los sistemas socialistas puede encontrarse en los niveles de destrucción ecológica sin precedentes asociados en el pasado al régimen soviético, los cuales se expresaron en importantes desastres medioambientales tales como, entre otros, los conocidos casos de la destrucción del Mar de Aral y el desastre nuclear de Chernobyl. Otro ejemplo de lo mismo puede hallarse en las destructivas políticas de desarrollo industrial impulsadas durante el primer periodo de la Revolución Rusa por el partido bolchevique bajo la dirección de Lenin y Trotsky. En el caso de este último, uno de los principales defensores de un tipo de desarrollo industrial “sin límites” (véanse sus alusiones en Literatura y Revolución a la necesidad de una manipulación y control total de la naturaleza por parte del “nuevo hombre socialista”), puede mencionarse su rol en los planes de industrialización temprana de la URSS que servirían, posteriormente, como una importante base para las políticas de desarrollo económico stalinista. Recuérdese aquí, asimismo, además de la fascinación productivista de Trotsky por las emanaciones industriales (expresada en una serie de loas poéticas que pueden encontrarse en diversos pasajes de su obra), su responsabilidad en los proyectos para la construcción de la central hidroeléctrica del Dniéper, la cual sería culminada posteriormente bajo el régimen de Stalin.

 

El modelo socialista industrial también es responsable de la crisis ambiental contemporánea

 

Un ejemplo reciente de lo anterior en el campo socialista, demostrando con ello que no se trata de un problema remitido solamente al siglo pasado o al ámbito exclusivo de la URSS, lo constituye el caso de algunas experiencias contemporáneas de gestión obrera tales como el de la mega-industria Zanón en Argentina, una de las fábricas más contaminantes de Latinoamérica en el rubro de la altamente nefasta industria de producción de cerámicos. Otro caso es el de la empresa Madygraft en el rubro de la destructiva industria gráfica, responsable esta última a nivel mundial de la desaparición progresiva de importantes reservas naturales tales como el Amazonas. Aunque casos minúsculos en comparación a aquellos que se encuentran detrás de los desastres ambientales producidos por los regímenes socialistas de tipo productivo-industrialistas desarrollados durante el siglo pasado, resalta sin embargo la casi total indiferencia que estas experiencias bajo control obrero han demostrado, aquello fundamentalmente por la responsabilidad de sus dirigencias sindicales (muchas de ellas ligadas a partidos de izquierda parlamentarista con una marcada extracción ideológica industrialista tales como en el caso del PTS argentino), ante los problemas ambientales y ecológicos, esto prácticamente desde su fundación hace algunos años (en el caso de Zanón desde el 2002).

 

Zanón – ¿Destrucción ambiental bajo control obrero?

 

Ahora bien, tal como señalamos en la introducción de este material, la actual epidemia de covid-19 no es el único ni el más grave de los productos de la presente dinámica de degradación ecosocial que se encuentra en la base de esta última. En realidad, si tenemos en cuenta el peligro que representa no sólo la armada de nuevos virus, bacterias y otros patógenos que, como producto de dicha dinámica, se aprestan a golpear, de modo cada vez más brutal, al conjunto de las sociedades humanas, sino que, además, los efectos súper-catastróficos del fenómeno de quiebre ecosistémico planetario en curso y del avance, ya irrefrenable, del calentamiento global, la actual crisis sanitaria global se nos presenta, como dijimos… nada más que como un anticipo. Esto es lo que comenzaremos a ver en la primera parte de esta serie referida a la gravedad y los efectos del primer grado de calentamiento global sobre los sistemas sociales, el proceso histórico y la lucha de clases.

 

 

Marzo 10 – 21, 2020

Prăbușirea a început

 

 

  • *Introducción a la serie “El calentamiento global como horizonte cataclísmico de la historia. Notas para un Marxismo colapsista”. La primera parte de esta serie, referida a los efectos del primer grado centígrado de calentamiento global, fue elaborada durante los años 2018 y 2019. La presente introducción fue elaborada entre los días 10 y 21 de marzo del año 2020 (versiones preliminares de este material estuvieron disponibles en línea desde el 14 de marzo).  

Especial Crisis Mundial por el Coronavirus

 

-Coronavirus de Wuhan, Cambio Climático y Crisis Civilizatoria

Notas para un Marxismo Colapsista (Palabras iniciales)

 

Enlace:

https://www.scribd.com/document/451654082/Coronavirus-de-Wuhan-Cambio-Climatico-y-Crisis-Civilizatoria

 

-El calentamiento global como horizonte cataclísmico de la historia

Grado 1: La antesala del infierno

(con sección introductoria en torno a la crisis del coronavirus)

 

Enlace:

https://www.scribd.com/document/451654506/El-Calentamiento-Global-como-Horizonte-Cataclismico-de-la-Historia-I

 

-¡Peste!

¡Una nueva era de grandes plagas ha comenzado!

 

Enlace:

https://www.scribd.com/document/451654725/Peste-Una-nueva-era-de-grandes-plagas-ha-comenzado

 

 

Coronavirus: ¡Emergencia colapsista!

20 medidas ante la catástrofe

 

Enlace:

https://www.scribd.com/document/453349601/Coronavirus-Emergencia-colapsista-20-medidas-ante-la-catastrofe

 

 

Materiales de lanzamiento reciente

 

-El Horizonte de un colapso civilizatorio inminente.

Entrevista de Paul Walder a Miguel Fuentes (I)

 

Enlace:

http://www.mural.cl/2019/12/14/parte-i-el-horizonte-de-un-colapso-civilizatorio-inminente-conversacion-entre-paul-walder-y-miguel-fuentes/

 

-La inevitabilidad de la catástrofe.

Entrevista de Paul Walder a Miguel Fuentes (II)

 

Enlace:

http://www.mural.cl/2019/12/22/conversacion-con-miguel-fuentes-parte-ii-la-inevitabilidad-de-la-catastrofe-eco-social-planetaria/

 

Material especial (Inédito)

 

-Polémica entre Miguel Fuentes, Michael Lowy, Antonio Turiel y Jorge Altamira

Ecosocialismo versus Marxismo Colapsista (Secciones I, II, III y IV)

 

Parte I

Enlace

https://www.elciudadano.com/politica/ecosocialismo-versus-marxismo-colapsista-i/06/14/

 

Parte II

Enlace

https://www.elciudadano.com/medio-ambiente/ecosocialismo-versus-marxismo-colapsista-ii-una-conversacion-con-michael-lowy-miguel-fuentes-y-antonio-turiel/06/26/

 

Parte III

Enlace

http://www.mural.cl/2020/01/14/ecosocialismo-versus-marxismo-colapsista-iii-una-conversacion-con-michael-lowy-miguel-fuentes-y-antonio-turiel/

 

Parte IV

Enlace

https://www.scribd.com/document/449782563/Michael-Lowy-versus-Miguel-Fuentes-Partes-I-a-IV

[1] Ver los artículos en línea “Coronavirus, deuda y recesión” en el portal Sin Permiso y “COVID-19: The monster is finally at the door” disponible en el sitio web de Links: International Journal of Socialist Renewal.

[2] “Coronavirus: Estamos encarando epidemias como el covid-19 de forma equivocada. Entrevista con el ecólogo de enfermedades Peter Daszak”. BBC Mundo (https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-51796442).

[3] Enlace: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4223919/.

[4] “Coronavirus isn’t an outlier, it’s part of our interconnected viral age”. World Economic Forum (https://www.weforum.org/agenda/2020/03/coronavirus-global-epidemics-health-pandemic-covid-19/).

[5] Idem.

[6] Idem.

[7] OurWorldinData.org.

[8] “Coronavirus isn’t an outlier, it’s part of our interconnected viral age”. World Economic Forum (enlace arriba).

[9] Idem.

[10] Idem.

[11] Harvard Global Health Institute. Global Economic Forum analysis of data from WHO Disease Outbreak News (https://www.weforum.org/agenda/2020/03/coronavirus-global-epidemics-health-pandemic-covid-19/).

[12] “Coronavirus isn’t an outlier, it’s part of our interconnected viral age”. World Economic Forum (enlace arriba).

[13] Idem.

[14] IGS CNRS/AMU (https://www.livescience.com/52175-ancient-giant-virus-revived-siberia.html).

[15] “Antimicrobial resistance: global report on surveillance 2014” (https://www.who.int/drugresistance/documents/surveillancereport/en/).

[16] “La resistencia a los antimicrobianos, un problema mundial” (http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-21252002000200012#cargo).

[17] Idem.

[18] “Antimicrobial resistance: global report on surveillance 2014” (enlace arriba).

[19] “There are diseases hidden in ice and they are waking-up”. BBC Earth (http://www.bbc.com/earth/story/20170504-there-are-diseases-hidden-in-ice-and-they-are-waking-up).

[20] Idem.

[21] Idem.

[22] Idem.

[23] Idem.

[24] Idem.

[25] Idem.

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