Estimados Peter y Gary,

Profesores de Bioética y Derecho en las Universidades de Princeton y Rutgers.

 

¡Un saludo revolucionario desde el Sur!

 

La humanidad contemporánea y el mundo entero transitan por los caminos de una profunda crisis sanitaria multimodal y económica, entremezcladas entre sí en una sola llamarada. Las razones del pánico e incertidumbre por el futuro pueden ser comprensibles e incluso justificadas. Algunos analistas vaticinan que, debido a sus efectos prospectivos, esta crisis puede llegar a ser la peor catástrofe desde la Segunda Guerra Mundial y la Gran Depresión del 29.

 

Ya veremos en retrospectiva qué (nos) pasa, si acaso fuera una exageración prematura o un juicio ponderado y acertado debido a los alcances objetivos. Está en vilo si se supera o no el pico de la crisis del 2008 y de 2001-2004 con la guerra imperialista de Irak-Afganistán, el atentado terrorista yihadista a las Torres Gemelas y el crack financiero, fenómenos espectaculares que inauguraron el nuevo milenio y nuevo siglo. Algunos indicadores procesuales actuales de la pandemia y la recesión nos muestran que puede llegar a ser igual o diferente, menor o peor, al menos, a lo ocurrido hace una década.

 

La familia viral del coronavirus (SARS 1, MERS, etc.) y su manifestación reciente con el COVID-19 (SARS-Cov-2), declarado pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 11 de marzo, así como la entrada en recesión de la economía mundial, según confirmó el 27 de marzo el Fondo Monetario Internacional (FMI), remueven de modo intempestivo los cimientos de la civilización capitalista. En especial, sus deteriorados modelos de sanidad pública, mayoritariamente privatizados y desfinanciados, otrora ufanados por sus desarrollos técnicos y científicos, el impacto en la banca y las bolsas, de igual modo, sus regímenes laborales y de empleo, destruidos y flexibilizados. A esto súmese, aparte de la aeronáutica y el turismo, las industrias alimentarias y extractivas, cuya opresión y explotación ya no solo consta de los proletarios humanos y pobres, sino también de los animales domésticos y ahora de los salvajes.

 

El capital parece estar arrasando con todo, comercializando con lo vivo y lo abiótico, algo que el joven Marx, refiriéndose a un poema de Shakespeare, denominó el “dinero, ramera universal”. El capital es por fin global e influye en el plano microbiológico y sanitario, en el impacto de emisiones en el plano macro climático también, ya no solo en las finanzas y valores. Aun así, los confinamientos parciales y disminución de la producción muestran cosas interesantes, como el paseo de animales salvajes necesitados en las urbes y una aparente recuperación del aire (cuyo impacto es mínimo, según la Organización Metereológica Mundial). Por ello, es sensato sostener que esta crisis “pasajera” no surgió merced del azar, pues no se trata de un simple accidente silvestre y anomalía de un “cisne negro”, como comunican algunos connotados opinadores del sistema.

 

Aunque, según la OMS, el virus tenga una tasa promedio general de letalidad, que puede variar, de más del 3.4%, mucho menor a otros anteriores (como el ébola, +50%, y el dengue que supuestamente es menor, 2.5%, pero cuyas víctimas infectadas se cuentan por millones en países pobres). La transmisibilidad de este coronavirus es poderosa y su nivel de mortalidad en focos nacionales principales es mayor (Italia: +10% letalidad, en vilo USA), pudiendo llegar a infectar a millones y, posiblemente, dejar un saldo catastrófico de cientos de miles de muertos, ojalá sean mucho menos víctimas (véase, mapa actualizado del Center for Systems Science and Engineering (CSSE), Johns Hopkins University). Lo anterior es cierto, aunque la mayoría de contagiados presenten síntomas leves y haya tasas de recuperación por encima de la mitad.

 

Señores Singer y Francione, sus valiosas filosofías morales, pese las limitaciones y endogamias, sostengo, ya venían señalando e intuyendo las profundas contradicciones del sistema capitalista respecto a la naturaleza, en el ámbito más específico, del daño a los animales. Algunos decenios atrás, ustedes comenzaron a desarrollar un trabajo concienciador en torno a los males del “especismo”, esto es, la noción de propiedad humana sobre los animales (domésticos y salvajes) y la desconsideración humana discriminatoria y tiránica de los intereses sintientes esenciales de ellos. Por lo pronto, desde ese entonces hasta hoy, la mayoría de los socialistas del mundo, no se han percatado de ustedes y están un paso atrás, sin siquiera sopesar sus aportes.

 

El último coronavirus data de 1950 y 2003, tal vez llegó para quedarse y para generar otra serie de patógenos zoonóticos (transmitidos de animales a humanos o viceversa) y a su vez enfermedades humanas autónomas (cánceres, etc.) de alta virulencia y mortalidad, esto si seguimos con el Business as usual, su impacto en el estilo de vida social y la producción irracional capitalista. La promesa de la vacuna aun no es hoy una realidad, solo hay unos dudosos paliativos farmacológicos y tradicionales, que mejoran los síntomas, pero no curan, tales como la bilis de oso y su ácido ursodesoxicólico, recomendada por el gobierno chino en la comercialización de la fauna silvestre e incluso granjas artificiales.

Gary Francione

Señores Singer y Francione, sus teorías éticas a favor de los animales, forjadas en la segunda posguerra y la globalización, se empezaron a gestar poco tiempo después del coronavirus humano OC43 (1967), yendo a la par de la instrumentación capitalista de la naturaleza, algo no fortuito, sino tal vez una forma filosófica de responder a la “injusticia interespecies” del mundo contemporáneo.

 

La presente misiva es para invitarlos a ustedes dos, Singer y Francione, a alzar su voz pública frente a la catástrofe e injusticias no naturales sino profundamente sociales que estamos viviendo en los países centrales y ahora en los periféricos neocolonizados quien les escribe, es oriundo de estas bellas tierras. El terrible sufrimiento humano y animal involucrado en ello, podría motivar a que ustedes se pronuncien a vivas voces y compartir con el público lo que se ha venido pensando en “silencio” y trabajando por décadas.

 

Profesores Singer y Francione, si no me equivoco, ustedes desarrollan su trabajo académico y en la actualidad residen en el Estado de New Jersey, el primero, de modo intermitente visita Melbourne. Ambos están situados en los Estados Unidos de América, la superpotencia criminal, un país que va ensanchando el número de contagios y víctimas mortales debido a la necro política burguesa e irresponsable del magnate imperialista, Donal Trump y otros mandatarios federales, los cuales están jugándose su reelección e intereses empresariales frente a los demócratas, incluido Bernie Sanders, que no se atreve a romper con el aparato de los ricos. Lo crucial no son las figuras, sino el magma.

 

Queridos Singer y Francione, a la altura del siglo, muy pocos pueden desconocer que ustedes han sido, para mal o bien, dos de los principales portavoces ideológicos del movimiento diverso en defensa de los animales. Ustedes dos ya pueden ser catalogados como pensadores éticos clásicos y fundacionales en la defensa de la “liberación” de los animales, en el marco de la crisis cíclica capitalista mundial. Miles de activistas, organizaciones y ciudadanos se valen directa o indirectamente de un discurso fundacional antiespecista inaugurado por ustedes en el año 1973-75 y 1993-96. Es tiempo de hablar ya, desde una óptica distinta a la tradicional. Como personalidades democráticas públicas y académicas que son, pueden tener ese deber mínimo y responsabilidad moral frente a los grandes problemas de nuestro tiempo y que nos atañen como sociedad, como comunidad, como mayorías vivas.

 

Algunos pensadores de nuestro tiempo han apuntado, con aciertos y desaciertos, a cuestiones tales como como:

 

El pánico mediático, el deseo y las teorías falsas de la conspiración, lo sintomático de la pseudociencia posmoderna, inclusive la minimización vulgar del virus y su impacto sanitario en la salud, bajo argumentos paranoicos relativos a la “invención de la pandemia” como forma para asegurar las sociedades de control y el estado de excepción como regla permanente de gobierno (Agamben).  El ensayo permanente de un Estado de emergencia, policivo y antidemocrático, en Oriente y Occidente, incluyendo esta vez el dispositivo de la sanidad y la ciencia (Esposito).

 

El pesimismo clasemediero de la derrota y la fortaleza del capital que saldrá avante, el fracaso latente de Europa (y ahora de Estados Unidos), la atomización de las relaciones sociales y la digitalización implementada en estados asiáticos como forma de represión (Byung-Chul Han). Otras, por el contrario, ven una oportunidad de retejer lazos comunitarios y reflexividad, en cuarentenas, trabajos del cuidado redistribuido (en casa, servicios públicos y hospitales, nuevo estado social), socialización, de pensadoras feministas (Yayo Herrera y Maristella Svampa), sin ignorar la violencia doméstica. Por último, estaría el sueño surreal y virus ideológico de Wuhan, la fragilidad mortal del capitalismo y el relanzamiento de un proyecto comunista post-stalinista “reinventado” (Žižek) que lejos está de ser socialista revolucionario (o transtopia).

 

Aparte de ellos y a excepción de un puñado de ecologistas, tecnócratas verdes (la portavoz de UN Environment, Inger Andersen) y científicos como Andrew Cunningham (Zoological Society of London) y Peter Daszak, solo unos pocos han puesto el dedo en la llaga civilizatoria y la enfermedad, indagado en profundidad sobre el origen causal y significado etiológico-ético-político e histórico de la pandemia y sus efectos multicausales y correlativos con la recesión económica y la producción capitalista, en lo que respecta a las relaciones instrumentales de humanos y no humanos.

 

Es hora de quitar el prejuicio de que aquellos que defienden a los animales y la naturaleza son unos misántropos que no se interesan por el hambre, el desempleo, la enfermedad, la pobreza, las guerras, la desigualdad y violencia a los humanos. Antes bien, estos padecimientos e injusticias están profundamente entrelazadas con el daño al mundo natural y por tanto, a nuestra especie.  Estoy seguro de que ustedes dos, Singer y Francione, que por larga data han abogado por una postura no antropocéntrica y no especista en la cultura y la sociedad, eso sí, desde orillas diferentes y hasta contradictorias, pero en esencia comunes, pueden dar una cuota de respuesta pública útil, uniéndose al clamor mundial democrático, con sus ideas y reflexiones, propuestas y soluciones. Un vídeo desde sus hogares, haciendo uso activo de las redes sociales, podría servir para un público amplio y la opinión pública, ante la emergencia sanitaria y social que vivimos en más de 180 países, muchos de ellos en cuarentena y confinamientos parciales. De lo contrario, se podría desaprovechar una oportunidad.

 

El día de hoy me dirijo a Uds., como un miembro anónimo y activista más del movimiento obrero y sindical, socialista y político e intelectual de izquierdas del mundo. Desde esa orilla, les comparto una convicción común: la única salida antisistémica y realista a la crisis procesual actual es una alternativa anticapitalista en defensa de los intereses básicos del bien común de la clase trabajadora, los sectores populares y los pueblos oprimidos, por tanto, de la salud pública, la ciencia y los derechos sociales, contra la destrucción ambiental y social del capitalismo y la clase burguesa mundial (tanto imperialista como semicolonial). Este sistema es irreformable en sus aspectos constitutivos, aunque su cosmética paliativa pueda retrasar, temporariamente, nuevas catástrofes.

 

Naturalmente, como vienen haciendo ustedes hace 40 años, los dos objetarán que sí se puede reformar de raíz los males civilizatorios, valiéndose para ello de una serie de razonamientos fácticos y lógicos, morales, jurídicos y políticos, más o menos sofisticados. Ustedes dirán, como reformadores que son, que podemos superar la explotación y opresión animal, igual la humana, en una nueva sociedad democrática, sostenible e igualitaria, mucho más regulatoria del capital, el mercado y los gobiernos, ante el fracaso latente del stalinismo y el neoliberalismo.

 

Me temo que no sea así. La realidad objetiva es otra. El sistema y el tipo de modelo reformista que ustedes defienden a través de su trabajo ideológico académico se encuentra si no en una crisis profunda y descomposición social, al menos sí que es frágil y difícil de remontar. Buscar remontarnos a la Edad de Oro del estado de bienestar capitalista (ahora en forma de un Green New Deal), es quedar presos de un facilismo utópico de volver a un pasado irrepetible, volver atrás la rueda de la historia. Por supuesto que podríamos ir a modelos reformistas del capital, pero únicamente aparecerían como respuesta a la revolución mundial socialista, no por un “abracadabra” del avance de la civilización capitalista, la cual está en una ruina estratégica.

 

La salida no es, como dices tú, Singer, junto a la filósofa liberal italiana, Paola Cavalieri, prohibir la caza, cesar la comercialización y consumo de animales silvestres, en lo inmediato, los mercados húmedos. Así como el desmantelar de modo gradual y regular la agroindustria intensiva de animales domésticos dado su estado de confinamiento poco salubre y de dolor intensificado. El problema no es (solo) una rama reificadora y modalidad explotadora específica, mucho menos atenernos a ofrecerles empleo alternativo y hacer donaciones altruistas efectivas a los pobres con los recursos de los más pudientes y medidas de redistribución.

 

Tampoco lo es una vía intersubjetiva y legal que propones tú, Francione, en la promoción del imperativo personal de “volverse vegano”, como solución madre a un complejo de problemas tales como el cambio climático. En un mundo cada vez más desigual, atenerse a prohibir toda propiedad animal, manteniendo intactas las relaciones sociales capitalistas, es pasar por los obstáculos. El problema no es, entonces, (solo) un tipo de consumo y legalidad. El karma del virus no es que la gente no se haya unido a un grupo vegano, tampoco que haya comido y vendido animales exóticos. La cuestión pareciera ser mucho más compleja que el ad nauseam de los portavoces.

 

El problema objetivo es todo el sistema y el tipo de civilización moderna, un modo de producción, sistema de estados, modo de vida y de pensar ideológico: el capitalismo. La totalidad. No podemos superar lo que ustedes llaman “especismo” sin luchar por el socialismo mundial, esto es, una economía planificada y democracia proletaria, un modo histórico y topología diferente de relacionamiento menos antagónico entre humanos entre sí y de estos con el medio ambiente y los animales.

 

Aun cuando China, con ocasión del virus, prohíba ciertas prácticas y negocios, incluso retire la inyección de la bilis de osos y sus granjas inhumanas, lo mismo otros países fortalezcan su sistema de sanidad e inviertan en ciencia y tecnología, como “lecciones históricas” y presiones sociales desde la clase trabajadora y los sectores populares. Aunque no está descartado que esto ocurra, las fuerzas destructivas capitalistas demoledoras al cuerpo de los obreros, los animales y naturaleza, continuarán operando de modo inmisericorde con la connivencia y límites insuficientes de la ley liberal burguesa, por tanto, sin atisbo alguno de atenerse a una moralidad sintiente, significativa y auténtica, como la que proponen ustedes, Singer y Francione.

 

Para finalizar esta carta, permítanme contarles una experiencia personal. El 7 de octubre del 2019 terminaba de sustentar mi trabajo de grado de filosofía en una universidad sudamericana, luego de estar meses sumergido en un diálogo socialista silencioso con el pensamiento de ustedes. El resultado de esto fue “El concepto de ‘Liberación animal’ en Peter Singer y Gary Francione desde un análisis marxista” (121 págs., Repositorio Institucional Edoc U. Rosario).

 

Pasado un mes, en noviembre y diciembre, empezaba a gestarse la epidemia en mercado húmedo de Wuhan, luego vuelta pandemia global en el tercer mes de 2020, al empezar a penetrar en el resto de Asia y Europa, América y África. Ante dicho desastre, quise ver lo que pensaban ustedes. Pues bien, el 2 de marzo, Singer y Cavalieri publicaban su artículo “The Two Dark Sides of the COVID 19” (Project Syndicate, 2/3/2020; también está en español). Francione, sacaba a su vez posters veganos de animales domésticos y silvestres, algo cuestionado por el filósofo Steven Best. Francione, estas en deuda de hacer un análisis y declaración ante la gravedad de la crisis civilizatoria, tal y como lo hiciste el año pasado con la Huelga Climática Global.

 

¡Vaya coincidencia…! Saben…aunque tratemos de dar la espalda, tanto pensadores en defensa de la naturaleza y los animales como de ciertas clases sociales humanas en nombre de toda la subjetividad humana, somos parte de la lucha de clases y la filosofía no es ajena a los avatares de la historia y la perennidad del presente, que toca a nuestra puerta hogareña.

 

En estos tiempos de coronavirus y crisis, aprovecho entonces la misiva para compartirles mi trabajo. Me congratularía que pudieran leer esta carta y el trabajo adjunto, pese a las facilidades y dificultades de la globalización. Sin embargo, es pertinente traer a colación el manuscrito, a propósito del posible origen animal del SARS-Cov-2 y otros anteriores (gripe porcina, gripe aviar, ébola, otros coronavirus, el SIDA, etc.), sobre estimulados, en parte, por la explotación capitalista de la naturaleza y su impacto negativo en la vida humana y no humana. En los agradecimientos de la tesis (págs. 4-5) doy sentidas gracias a sus ideas.

 

Como verán, el tema es un análisis comparativo crítico y retrato de ustedes mismos, Singer, filósofo australiano, Francione, filósofo estadounidense, ambos contradictores –con la paradoja antidialógica y antidemocrática de que el primero no responde las críticas del segundo, algo común en tiempos de no-pandemia y el pasado siglo, ya veremos qué pasa en la tan anhelada pos-pandemia–. Estas son las pequeñas mezquindades de la vida y absurdos civilizatorios. Nunca es tarde para mejorar la comunicación democrática entre los ciudadanos de creencias símiles y disímiles, incluido los desconocidos. Es una lástima el poco ejemplo que da la filosofía oficial y la academia, que luego se lamenta del estado del mundo, cuando también es producto de esta decadencia…

 

Los recientes sucesos socioambientales, económicos y político en China, USA y la Eurozona, Australia e Italia, Brasil y Chile, Colombia y España, Siria e Irán, Sudáfrica y Egipto, India y Rusia, Venezuela y Palestina, son una brújula y termómetro de la lucha de clases del siglo XXI y el posible colapso estratégico del capitalismo. Las campanas de la resistencia, la revolución y la contrarrevolución parecieran resonar cada vez con más fuerza: motines, protestas, huelgas (de brazos caídos, por la cuarentena, contra el desempleo, por la paga y no desmejora de los derechos adquiridos), confinamientos y represiones psicológicas, descontentos, mensajes de redes sociales y llamadas, charlas presenciales y polémicas ideológicas, estallidos y desplazamientos forzados, rebeliones, guerras y masacres, represión e intervenciones colonialistas y ocupaciones, desatención sanitaria y social, saqueos de comida. Aun así, todavía carecemos de organización política y una Internacional de los trabajadores, centralización y una filosofía revolucionaria, en el sentido radical del término.

 

Históricamente, no sé si estén de acuerdo, un mundo está muriendo y colapsando, y con ello, su ideología dominante. Me temo que esto es algo más allá de los agoreros sin fundamento científico y empírico. El capital y su zeigeist son insostenibles en el horizonte estratégico, un mundo post-capitalista, un mundo socialista, está pariéndose de las entrañas del viejo, sin garantías que el parto doloroso sea exitoso y de que no sucumbamos a la barbarie antropológica y ecológica en curso.

 

Así puedan llegar a salir vivos y relanzados de esta crisis, volver todo a la normalidad y dejar este dolor de cabeza, los grandes ricos ya nunca más se repondrán desde la gesta revolucionaria de 1917 (un año antes de la gripe española y en plena guerra mundial) y ulteriores revoluciones socialistas. No deberemos “esperar” mil años ni siquiera menos de la mitad de tiempo para que podamos verlo, vivirlo, sufrirlo y lucharlo, y a la postre, celebrarlo. Larga vida para ustedes y protección a nuestros seres queridos, a nosotros mismos y al resto de especies animales y especies vegetales con quienes cohabitamos conflictivamente y de modo diferenciado el planeta Tierra.

 

Con admiración iconoclasta,

Sergio Ch.

Colombia, abril 2 del 2020, año de la pandemia del COVID-19

 

 

Publicado originalmente en Blog Educativo Siglo XXI

Carta abierta a Peter Singer y Gary Francione: coronavirus y anticapitalismo

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