Durante los meses de mayo y junio de 1938, en los albores del estallido de la Segunda Guerra Mundial y ante la victoria inminente de las fuerzas franquistas en España, Trotsky terminaba de escribir su folleto Lecciones de España: Última advertencia. En este folleto, ante la perspectiva de la formación de un Frente Popular en Gran Bretaña destinado a replicar los errores del partido comunista y el anarquismo que habían colaborado en España con el avance del fascismo, Trotsky caracteriza al proceso revolucionario español (el cual todavía no había sido del todo derrotado) como una última oportunidad de la lucha de los trabajadores y los sectores populares en Europa para frenar no sólo la victoria franquista, sino que, además, la consolidación de las posiciones del fascismo a nivel internacional y el curso hacia la guerra mundial. De acuerdo con Trotsky, el destino de la revolución española marcaría un antes y un después en el curso de la situación internacional y de la lucha de clases en el mundo. Dicho de otra manera, se perdía España… y la guerra mundial sería inevitable. Con todo, esta previsión de Trotsky al denominar al proceso español como una “última advertencia” para que las fuerzas revolucionarias tomaran una política correcta para detener al fascismo (lo cual para Trotsky pasaba por la adopción de un programa que combinara las tareas de la lucha armada en contra de Franco con las de la expropiación de la burguesía y la toma del poder por los trabajadores) no cayó del cielo. Por el contrario, aquella era la culminación de más de una década de análisis y actividad política en la cual Trotsky, con perspectiva casi profética, había anunciado el curso que estaba tomando el ascenso del fascismo en Europa y planteado, paso a paso, una serie de políticas para enfrentarlo.

 

León Trotsky

 

Más de ocho décadas luego de que Trotsky lanzara esta advertencia con respecto a España, el desarrollo de la actual epidemia de covid-19 constituye hoy otro tipo de “advertencia final” en el proceso histórico, esta vez no con relación al peligro inminente de ninguna guerra mundial o movimiento político reaccionario en particular tal como fue el fascismo, sino que, por el contrario, respecto a algo potencialmente mucho más devastador que todo lo visto en la historia moderna. No el derrumbe del sistema económico y el mercado mundial, sino que su disgregación definitiva; no la crisis de los estados nacionales y sus regímenes políticos característicos, sino que la implosión y la caída de los mismos; no la victoria de uno u otro agente histórico de la lucha de clases moderna, sino que la desintegración de sus actores fundamentales (por ejemplo, en el caso del movimiento obrero industrial) y el desplome de los pilares estructurales que la hacen posible. En otras palabras, no el desarrollo de otro periodo “clásico” de crisis del capitalismo (tal como los anteriores), sino que la apertura de una dinámica de colapso del modo de producción capitalista y la propia civilización urbano-industrial moderna, todo esto en el marco de una descomposición acelerada de las condiciones ecosociales de reproducción del mundo contemporáneo y de la apertura de un fenómeno de extinción masiva de la vida terrestre que avanza ya con fuerza en todo el planeta. Esta vez, sin embargo, no tenemos ningún gran líder revolucionario que pueda advertirnos de este peligro. Esta vez, este peligro mortal avanza, tal como alguna vez avanzaron Hitler, Mussolini o Franco, en el contexto de una ceguera estratégica casi completa al nivel de los programas de las organizaciones anticapitalistas alrededor del mundo.

 

¿El fin del mercado mundial? ¿La implosión de los estados nacionales? ¿La desintegración de la clase obrera y la disgregación de los pilares estructurales que hacen posible la lucha de clases contemporánea? ¿El colapso del modo de producción capitalista y la civilización moderna? ¡Efectivamente! Es de todo esto de lo cual nos habla, tal como veremos a lo largo de este material, la expansión de la actual epidemia de coronavirus y el impacto internacional, sin precedentes, que aquella está teniendo sobre el curso de las relaciones sociales, la economía y la política mundial. ¡Sí! La presente crisis pandémica ha adquirido el carácter de un punto de inflexión del proceso histórico que, expresándose al modo de una primera “coyuntura colapsista” de la historia moderna; esto es, una primera crisis (o falla) multi-sistémica de la sociedad industrial (algo así como un primer “paro cardíaco” de la civilización moderna), constituye un verdadero preanuncio del tipo de dinámicas económicas, sociales y políticas que marcarán el curso de la historia humana durante este siglo. Esas dinámicas económicas, sociales y políticas, totalmente inéditas, que serán esculpidas por dicho nuevo “maestro de la historia” en que se está convirtiendo esa nueva fuerza rectora del proceso histórico: el colapso. Ese verdadero demiurgo de los infiernos que, al modo de un nuevo Hefesto salido de los reinos del Hades capitalista, se dispone a tomar el control de las riendas del devenir humano y a arrebatarlos de las manos de sus hermanos la Revolución y la Guerra, aquellos principios rectores de la dinámica histórica moderna que, al modo de una Atena y Ares de la historia contemporánea, habían mantenido hasta ahora la hegemonía del proceso histórico.

 

Hefesto

 

Hefesto (colapso), Atena (revolución) y Ares (guerra) como potencias motrices de ese gran torbellino histórico que, con una potencia destructiva de escala y magnitud histórico-geológica inconmensurablemente superior a todo lo visto en el siglo pasado, se disponen a avanzar entre sí y en cuya conflagración titánica la economía, la política y la sociedad humana… estarían destinadas a hacerse añicos. Es justamente del despertar de este nuevo Hefesto del siglo XXI que se apresta a ajustar cuentas con esos sus principios gemelos de la Revolución y la Guerra que han demostrado hasta ahora su inutilidad para dar una resolución definitiva a los desequilibrios producidos por la hibris de esta raza maldita en que se ha convertido la humanidad, de lo que nos habla la actual crisis epidémica planetaria. Una nueva fuerza elemental destructiva (el colapso) que, como producto de su naturaleza híbrida semi-histórica y semi-geológica; es decir, que responde en sus orígenes a factores históricos (humanos) pero cuyo curso de desarrollo ha pasado ya a adquirir un impulso motriz propio, independiente ya en su desarrollo destructivo de la propia acción humana, se apresta a volar en pedazos (piénsese, por ejemplo, en los efectos que tendrá el cataclismo ecológico-ambiental durante los próximos años sobre los sistemas sociales) la propia mecánica de los procesos económicos, sociales y políticos de la modernidad. Una nueva fuerza, supra-histórica, más poderosa que la Revolución, más destructiva que la Guerra, que se apresta a azotar al mundo, esta vez con una magnitud sin precedentes desde el origen de la civilización, con aquellas armas ciclópeas de la peste, la hambruna, la sequía, la extinción y la muerte.

 

Todo esto, ante un escenario en el cual los propios actores fundamentales de la era moderna y la lucha de clases contemporánea (por ejemplo, en el caso del movimiento obrero o las clases capitalistas) podrían estar prontos a experimentar una reducción cada vez más marcada de sus capacidades de agencia y voluntad histórica, pasando aquellos a transformarse, progresivamente, tal como en la representación homérica de la Guerra de Troya, en meros instrumentos al servicio de la pugna entre una serie de fuerzas desatadas y contrapuestas que ni siquiera comprenden. Una pugna dialéctica de épocas revueltas que hoy, ante nuestros ojos, entre el recuerdo de las plagas de la antigüedad y la necesidad de un horizonte comunista, comienza a tomar la forma de un remolino de potencias primordiales en el cual la historia humana, la ecología y la geología terrestre han comenzado a chocar entre sí de manera cada vez más violenta, enconada e irreconciliable. Dicho de otro modo, lo que nos mostraría la actual crisis sanitaria global no sería el horizonte de un nuevo derrumbe económico o la perspectiva de una crisis capitalista más, esto tal como nos repite el discurso marxista oficial en sus diversas variantes, sino que, por el contrario, algo mucho más profundo: una pugna de potencias históricas, ecológico-ambientales y geológicas primigenias en la cual se estaría por poner sobre la mesa, pronto, durante las próximas décadas, el derecho a la existencia misma de la historia humana y la posibilidad de su fin. Un choque decisivo entre el pasado (la plaga y la peste), el presente (la sociedad de clases) y el futuro (el socialismo o la barbarie) en el que, al modo de una lucha que tiene lugar en medio de una caída hacia el centro de ese agujero negro llamado colapso, las propias leyes de la mecánica histórica han comenzado a desvirtuarse, disgregarse y a perder, antes de adquirir un carácter nuevo, su consistencia moderna.

 

 

El horizonte de un colapso civilizatorio constituye una distorsión espacio-temporal del tiempo histórico

 

Claro que la izquierda marxista tradicional (especialmente su ala hegemónica industrial-productivista) no piensa ni que la actual crisis epidémica represente el preanuncio ni de un próximo colapso civilizatorio, ni de una “última advertencia” ante nada más que, como veremos, otra crisis capitalista que, tal como todas las crisis capitalistas ocurridas durante los dos últimos siglos, debería traducirse sobre el escenario histórico, fundamentalmente,  en una repetición de la formula leninista (“clásica”) de, tal como les gusta repetir, y repetir, y repetir a nuestros marxistas tradicionales (con aires de profundidad y de gran “responsabilidad” ante el curso de la historia)… la posibilidad de una nueva era de “crisis, guerras y revoluciones”. Es decir, la comprensión de un fenómeno tal como el asociado a la actual crisis sanitaria mundial sería entendido por esta izquierda marxista tradicional, otra vez, tal como veremos a lo largo de este material, en el marco de una posible repetición, aunque en un “escenario diferente” (más “tecnológico” y más “globalizado”), de la misma dinámica de enfrentamiento revolución-contrarrevolución de los siglos precedentes. ¡Todo muy atenido a los esquemas clásicos del marxismo! ¡Todo muy respetuoso de no meter una coma, punto o sílaba adicional, en una especie de degeneración escolástica del pensamiento marxista contemporáneo, a los textos sagrados de la III o la IV Internacional

 

¿La presente pandemia de coronavirus como una posible “última advertencia” ante un fenómeno de colapso civilizatorio inminente? ¡No! ¡Crisis, guerras y revoluciones!, nos responde el militante socialista común. ¿La posibilidad, cercana, de una verdadera implosión, por derrumbe estructural, de la propia lucha de clases moderna y sus actores fundamentales: por ejemplo, el movimiento obrero industrial y los sectores populares urbanos? ¡No! ¡Eso no es más que escepticismo catastrofista!, nos responde el profundo estratega marxista. ¿Qué acaso no confiáis en la capacidad todopoderosa de las masas y la clase obrera?, increpa el joven intelectual trotskista desde su cuarentena en algún barrio universitario. ¿Has olvidado acaso que la teoría marxista es, no importa en que condiciones, no importa en que contextos, una teoría esencialmente “optimista”?, remata vía Twitter, al instante, desde el mismo barrio universitario, su muy serio (y sofisticadamente académico) amigo autonomista. ¡Ciertamente! ¡Ciertamente!, aprueban a coro el conjunto de las elites intelectuales de izquierda, esa mezcla de entidades mediáticas sonrientes y bienintencionadas a medio camino entre militantes bolcheviques, “filósofos sociales” y gerentes empresariales caracterizadas siempre por su incredulidad (disfrazada de sensibilidad democrática “progre”) respecto de un horizonte de colapso cercano. ¿Qué acaso, dicen otra vez, no debemos terminar de adaptar primero la obra de Gramsci y sus reflexiones, muchas de aquellas hoy ya medio inservibles ante el escenario de súper-catástrofe ecológico-social que se aproxima, en torno a las democracias capitalistas avanzadas y el papel de los medios de comunicación en el conflicto de clases… antes de pensar en la posibilidad de que esas mismas “democracias avanzadas” terminen estallando en pedazos como efecto de un derrumbe civilizatorio? ¿Qué acaso, repiten de nuevo, no tenemos todavía que seguir dando pasos en la hoy ciertamente tan mediática lucha por los derechos individuales de las minorías sexuales y las reivindicaciones ciudadano-liberales de los programas LGTB de la modernidad tardía… antes de comenzar a pensar en la posibilidad (¿remota?) de un fenómeno fulminante de extinción humana como producto de un cataclismo ecosocial inevitable? ¿Colapso civilizatorio? ¡Burradas!, increpan las nuevas elites intelectuales marxistas. ¿Extinción masiva? ¡Excentricidades!, vociferan los jóvenes profesionales de izquierda.

 

Claro que no hay que estar al tanto de la situación política en América Latina para poder admirar estos “tipos políticos”, aquello tanto en el terreno de una serie de figuras de izquierda parlamentaria con un trabajo de inserción relevante en el ámbito de las redes sociales en Argentina (por ejemplo, el dirigente millenial Nicolás del Caño o la cercana a la social-democracia Myriam Bregman), hasta aquellos que se perfilan como las nuevas caras (rejuvenecidas) del progresismo capitalista y el marxismo electoralista en Chile: por ejemplo, entre otros, el académico e hijo de ministra concertacionista Nicolás Grau, el miembro de la poderosa familia de golpistas DC Sebastián Aylwin (miembro activo de una millonaria firma de abogados en la cual su familia comparte propiedad directa con otros poderosos empresarios), el comentarista neo-concertacionista “gramsciano” de Facebook Luis Thielemann o el algo menos conocido, quizás por su mera condición de administrador de discursos y repetidor de “refritos ideológicos”, aunque muy similar en esencia a los precedentes, el dirigente y estratega internacional de la IV Internacional Univesitaria Fabián Puelma. ¡No! En realidad, estos “tipos políticos”, tal como la gangrena de un tejido infecto y maloliente cuando se esparce, estarían ya presentes, sin distinción, a lo largo y ancho de la izquierda mundial, siendo hoy por hoy uno de los rasgos ideológicos transversales del “enfermo” cuerpo teórico-estratégico marxista. Todos ellos, claro, al ritmo de los likes y shares de las redes sociales, abocados casi totalmente a sus miserables discusiones de “coyuntura” y a sus aún más miserables “campañas electorales” (es sabido que el gran premio a los cuales pueden aspirar estas alimañas son los siempre apetecibles puestos parlamentarios). Todos ellos, siempre y por regla general… absoluta y totalmente ignorantes de la crisis civilizatoria que acecha ya, como una sombra mortal, el destino mismo de nuestra especie. ¿La necesidad de pensar la posibilidad del comunismo ante un escenario infernal de hecatombe planetaria? ¡Claro que no! ¡Hay cosas mucho más importantes en las que pensar! ¿Qué?… ¿Acaso no se han enterado de las excelentes oportunidades congresales que brindan las próximas elecciones por una nueva constitución en Chile?

 

 

Las nuevas elites intelectuales de izquierda chilena también son escépticas de la posibilidad de un colapso civilizatorio inminente

 

Pero la izquierda marxista tradicional y sus rostros siempre sonrientes se equivocan. Pésele a quien le pese, le guste o no a la izquierda siglo-veintera en sus diversos ramales (esto desde la izquierda filo-stalinista hasta el ecosocialismo académico y pasando por las distintas tendencias social-demócratas, marxista-leninistas, trotskistas, guevaristas, maoístas, etc.), lo que nos muestra la actual crisis epidémica global es, como dijimos y tal como desarrollaremos a continuación, la posibilidad inminente de un derrumbe cercano, total y definitivo de la sociedad moderna y la civilización contemporánea. Ahora bien, a diferencia de lo señalado por Trotsky al escribir en 1938 Lecciones de España: Última advertencia y anunciar la inevitable catástrofe que se avecinaba en el caso de que la revolución española fuera derrotada, esta vez lo que estaría en juego sería, literalmente… el apocalipsis. Es lo que veremos en las próximas secciones de este material, discutiendo en contra de algunos de los pilares fundamentales de la matriz de análisis marxista tradicional en el caso de la actual crisis sanitaria planetaria.

 

*Este material constituye la primera sección de un artículo más extenso llamado “Coronavirus: Emergencia Estratégica. Caracterización ecosocial e histórica”.

Abril 1- 6, 2020

 

Por Miguel Fuentes

 

Próximas secciones de este material

 

¿Cuál es la gravedad de la actual crisis epidémica y por qué aquella constituye una “última advertencia” antes de un fenómeno de colapso?

 

Las (caducas) operaciones ideológicas del análisis marxista clásico ante la crisis mundial de coronavirus

 

Una caracterización marxista-colapsista de la actual pandemia

 

 

Especial Crisis Mundial por el Coronavirus

 

-Coronavirus de Wuhan, Cambio Climático y Crisis Civilizatoria

Notas para un Marxismo Colapsista (Palabras iniciales)

 

Enlace:

https://www.scribd.com/document/451654082/Coronavirus-de-Wuhan-Cambio-Climatico-y-Crisis-Civilizatoria

 

-El calentamiento global como horizonte cataclísmico de la historia

Grado 1: La antesala del infierno

(con sección introductoria en torno a la crisis del coronavirus)

 

Enlace:

https://www.scribd.com/document/453635428/El-Calentamiento-Global-como-Horizonte-Cataclismico-de-la-Historia-I

 

-¡Peste!

¡Una nueva era de grandes plagas ha comenzado!

 

Enlace:

https://www.scribd.com/document/451654725/Peste-Una-nueva-era-de-grandes-plagas-ha-comenzado

 

 

 

 

 

 

Coronavirus: ¡Emergencia colapsista!

15 medidas ante la catástrofe

 

Enlace:

https://www.scribd.com/document/453349601/Coronavirus-Emergencia-colapsista-20-medidas-ante-la-catastrofe

 

 

Materiales de lanzamiento reciente

 

-El Horizonte de un colapso civilizatorio inminente.

Entrevista de Paul Walder a Miguel Fuentes (I)

 

Enlace:

http://www.mural.cl/2019/12/14/parte-i-el-horizonte-de-un-colapso-civilizatorio-inminente-conversacion-entre-paul-walder-y-miguel-fuentes/

 

-La inevitabilidad de la catástrofe.

Entrevista de Paul Walder a Miguel Fuentes (II)

 

Enlace:

http://www.mural.cl/2019/12/22/conversacion-con-miguel-fuentes-parte-ii-la-inevitabilidad-de-la-catastrofe-eco-social-planetaria/

 

 

Material especial (Inédito)

 

-Polémica entre Miguel Fuentes, Michael Lowy, Antonio Turiel y Jorge Altamira

Ecosocialismo versus Marxismo Colapsista (Secciones I, II, III y IV)

 

Parte I

Enlace

https://www.elciudadano.com/politica/ecosocialismo-versus-marxismo-colapsista-i/06/14/

 

Parte II

Enlace

https://www.elciudadano.com/medio-ambiente/ecosocialismo-versus-marxismo-colapsista-ii-una-conversacion-con-michael-lowy-miguel-fuentes-y-antonio-turiel/06/26/

 

Parte III

Enlace

http://www.mural.cl/2020/01/14/ecosocialismo-versus-marxismo-colapsista-iii-una-conversacion-con-michael-lowy-miguel-fuentes-y-antonio-turiel/

 

Parte IV

Enlace

https://www.scribd.com/document/449782563/Michael-Lowy-versus-Miguel-Fuentes-Partes-I-a-IV

[1] Este material constituye la primera sección de un artículo más extenso llamado “Coronavirus: Emergencia Estratégica. Caracterización ecosocial e histórica”.

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