Las plagas del terror mundial

Según un artículo de la Gaceta Médica, un diario español de información sanitaria,   firmado por Sandra Pulido,“La llamada Gripe Española empezó en Francia en 1916 o en China en 1917, muchos estudios sitúan los primeros casos en la base militar de Fort Riley (Arkanzas, EE.UU.) el 4 de marzo de 1918.”[1]

 

La Gripe Española, según este trabajo periodístico, no se originó en España tal y como lo mostraron los medios ingleses y mundiales en 1918, sino que fue atribuida a esa nación por el reportaje de un corresponsal del Times de Londres en Madrid, igual que hoy Mike Pompeo, califica al COVID 19 como el Virus de Wuham o Virus de China.

 

Ahora, eso a simple vista pareciera unEl presidente Donald Trump, en una de sus conferencias de prensa.a “comparación” sencilla y no lo es, porque sobre el discurso de los voceros oficiales estadounidenses se esconde una invisible actitud terrorista y guerrerista que toma su mayor expresión en el discurso del presidente Donal Trump, pero de manera aterradora en personajes como el diplomático William Brownfield y el representante especial de EEUU para Venezuela Elliott Abrams.

 

En medio de la más atroz catástrofe de salud en su propio territorio,el gobierno de Trump luego de amenazar a Venezuela como narcoestado exige una “negociación”a ese país y proponen instaurar un “Consejo de Estado sin Maduro ni Guaido”, lo que trasgrede la propia Constitución de Venezuela, algo muy similar a lo que los nazis implantaron en Francia luego de la ocupación en 1940, dividieron el país galo e instalaron un siniestro Consejo de Estado cuya jefatura estuvo controlada por el ultraconservador Mariscal Philippe Pétain quien se dispuso a cumplir los designios de la Wehrmacht nazi.

 

Un “remedio” para la actual “crisis humanitaria” que dicen vive Venezuela, que en contrasentido ha mostrado los índices más bajos de afectación de la pandemia del COVID 19  en América y el mundo.Solo en Telesur y en VTV vemos como Venezuela ha capeado el temporal de la pandemia con cifras favorables de control, sencillamente es silenciada por las agencias internacionales de noticias.

 

La batería de mensajes confusos y mentirosos contra Venezuela no han parado en las redes, como balas en una guerra de baja intensidad, pareciera que en las próximas semanas escalará vista las declaraciones de dos voceros del “terror”, William Brownfield, muy  parecido al personaje siniestro Frederick Krueger de la película “A NightmareonElm Street (1984) y Elliot Abrahams,  ambos escogidos para disparar mensajes desde Washington y alimentar la guerra psicológica contra Venezuela y América Latina.

 

Un trabajo escrito por el profesor Jean Delumeau titulado “El miedo en Occidente (Siglos XIV-XVIIIElliott Abrams: EEUU tomará más medidas contra Venezuela en el ...),” señala como “El Poder ha necesitado infundir miedo y terror para sujetar, dominar y controlar a las masas”.Esa es la responsabilidad de ambos altos funcionarios del gobierno de los Estados Unidos en la actualidad y lo hacen descarnadamente.

 

Elliot Abrams, como representantes especial de EEUU para Venezuela dijo el 20 de enero de 2020: Vamos a incrementar su aislamiento”. El 8 de abril señaló:“Solo digo que si piensan que la situación en Venezuela mejorará en los próximos seis meses, se equivocan, empeorará.”[2]. Por cierto, lo cita Efecto Cocuyo, un portal subvencionado por la USAID con un aporte de miles de dólares para soportar la guerra sucia informativa contra Venezuela.

 

El mismo enviado especial de Trump para Venezuela en una entrevista en el  Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington,sentenció el 11 de abril de 2020: «Si el régimen decide trágicamente que va a subyugar, que va a reprimir más, probablemente esté haciendo que la transición sea igual de probable, pero más peligrosa y brusca,(…)”

 

Es un discurso cargado de violencia, agresión y amenazas con el fin de controlar y confundir se agrega la violación a lo instituido en Naciones Unidas y los llamados de su Secretario General António Guterres, incluso viola el texto de la misma constitución de los Estados Unidos y los reglamentos del Pentágono de manera contradictoria.

 

La perla de esta conducta política agresiva la añadió el embajador William Brownfield al señalar públicamente que:Ahora, con la estrategia de EE. UU, se acusa a la cabeza del Estado de narcotráfico y se ofrece un precio por su captura (15 millones de dólares). Eso lo que asegura es que Maduro no pueda permanecer ni regresar a Venezuela nunca más. “

 

Es claro que estos personajes hacen el papel de “aterradoras” plagas en la guerra de baja intensidad en medio de las incertidumbres de la pandemia, pero lo que se gestiona en las redes sociales, a veces de apariencia ingenua, tiene quizás mayor impacto al generar incertidumbre, ansiedad y pánico que es lo que hace una guerra psicológica, desintegrar la personalidad, el sentido de resistencia y moral colectiva. Los mismos habitantes al reproducir y enviar mensajes de miedo o confusión se convierten en agentes de un enemigo invisible que está disparando mensajesde pavor al mejor estilo terrorista através de terceros, incluso de las mismas víctimas.

 

Según el profesor Noam Chomsky en su libro “Hegemonía o supervivencia”, los propios manuales del ejército de los Estados Unidos definen la conducta del terrorismo: “el empleo premeditado de la violencia o amenazas de violencia para lograr objetivos de naturaleza política, religiosa o ideológica (…) mediante la intimidación, la coerción o la siembra del miedo[3]. Allí esta retratada la conducta de Donald Trump, Mike Pompeo William  Brownfield y Elliot Abrams y sin dudas, del gobierno de los Estados Unidos a escala global.

 

 

Notas

[1] Disponible en: https://gacetamedica.com/investigacion/la-gripe-espanola-la-pandemia-de-1918-que-no-comenzo-en-espana-fy1357456/

[2]Disponible :  https://efectococuyo.com/politica/elliott-abrams-sobre-venezuela-la-forma-en-que-esto-terminara-es-con-una-negociacion/

[3]Chomsky Noam (2004) Hegemonía o supervivencia. El dominio mundial de EEUU. Editorial Norma. Bogotá Colombia. p.266

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