Es verdaderamente impactante la enorme diferencia que se puede apreciar al comparar la conducta de los ciudadanos chinos con la conducta de los ciudadanos chilenos y con referencia a la crisis del Coronavirus. En China por varios meses, las calles de las ciudades afectadas por el virus se veían totalmente desiertas. Ellas lucían como ciudades fantasmas, con calles donde no se veía gente ni vehículos. En los pocos casos donde se veía personas en las calles, ellas disciplinadamente mantenían una adecuada distancia y todos usaban guantes y máscaras protectoras contra la infección. En Chile, por el contrario, mucha gente les hace poco caso a los toques de queda e ignoran la distancia social requerida, y muchos se ven sin mascaras ni guantes protectores.

 

Esta peculiar conducta de los chilenos, no permite predecir que la crisis del Coronavirus será enfrentada con disciplina, rigor y prudencia adecuada. Si nuestra conducta pública no mejora drásticamente, entonces es probable que Chile sufra la catastrófica suerte que ya ha sufrido Italia y España. En estos dos desafortunados países, miles de ciudadanos han muerto y sus sistemas de salud se encuentran totalmente colapsados.

 

Otro país que probablemente tendrá que sufrir grandes pérdidas en vidas humanas son los Estados Unidos de América. La gran potencia del norte, en vez de prepararse rápida e inteligentemente para la catástrofe que ya se veía venir, erróneamente pensó que su población estaba inmune y que el Coronavirus causaría poco o nada de daños. El Presidente Trump señaló a comienzos de la crisis, que el Coronavirus no sería peor que un resfrío común. El país del norte así perdió enero, febrero y gran parte de marzo para prepararse adecuadamente. En total, más de 75 preciosos días fueron desperdiciados y ellos no se usaron para planificar e implementar una adecuada respuesta y también obtener los insumos médicos necesarios. Los líderes del coloso del norte, solo fueron capaces de entender la verdadera gravedad de la catastrófica situación para mediados de marzo. Pero para esa fecha, ya era demasiado tarde. Y es así como posteriormente, miles de ciudadanos estadounidenses han perdido la vida (ya van más de 24 mil muertos) y cientos de miles han hecho colapsar el sistema de salud en ciudades importantes (ya van más de 600 mil enfermos). La ciudad más afectada es Nueva York, donde la crisis tiene características parecidas a las que sufrieron anteriormente importantes ciudades de España e Italia.

 

Ahora, a casi mediados de abril, (cuarto mes de la crisis), se puede detectar que el planeta ha reaccionado de dos maneras radicalmente diferentes ante esta catástrofe. Por un lado, están los países que cuentan con un bien organizado aparato estatal, y que tienen todas las características de una eficiente “Estado de Bienestar”. Este es un sistema político muy parecido al que creó el Presidente Franklin Delano Roosevelt en los Estados Unidos en 1933. Ejemplo que luego se expandió por el resto del mundo, después del fin de la Segunda Guerra Mundial. Este virtuoso Estado de bienestar tiene poderosas, eficientes y bien organizadas instituciones estatales dedicadas a la protección de la salud pública. Sus hospitales públicos están muy bien equipados con adecuado personal médico y sanitario y también con toda la infraestructura y tecnología para detener con éxito crisis y epidemias tales como el Coronavirus actual[1].

 

Además, este exitoso Estado de bienestar, tiene poderosas instituciones públicas dedicadas a dar apoyo social y económico a la población y en particular a los más pobres. Dentro de este sistema protector, se cuenta con suficientes recursos para mantener el consumo y el estándar de visa de millones de trabajadores en el caso que pierdan sus empleos debido a una guerra o gravísima recesión económica o una terrible pandemia. Diversas variaciones del Estado de bienestar se dan en Australia, Canadá, Nueva Zelanda, Reino Unido, Países Bajos, Bélgica, Francia, Alemania y los países escandinavos. Un tipo parecido de protección para sus ciudadanos se da en Rusia y en países de la Europa Oriental que previamente estuvieron en la órbita soviética. Una sólida defensa estatal de la población también se da en países asiáticos tales como Vietnam, Laos, Camboya, Corea del Sur, Singapur y Taiwán. Una altísima protección de la salud y el ingreso igualmente se da en el caso de la China comunista. China se dio el lujo de paralizar toda actividad económica en la región que dio inicio a la actual pandemia. Por más de tres meses la región afectada fue sometida a una estricta cuarentena y solo ahora se ha empezado a volver a la normalidad. Finalmente, hay que decir que Japón también cuenta con un adecuando sistema de protección social para crisis económicas y de salud.

 

Desgraciadamente para la humanidad, hay también otro grupo muy importante de países donde desgraciadamente la ideología neoliberal, ha destruido las estructura e instituciones de salud pública, propias del Estado de bienestar. Entre estos desafortunados países se encuentran: los Estados del sur de Europa, tales como España, Portugal, Italia y Grecia. Al otro lado del atlántico están los Estados Unidos y América Latina. Todos ellos con la única excepción de Cuba y Nicaragua, probablemente seguirán el trágico camino de Italia y España.

 

En los países del hemisferio occidental, en los últimos 40 años se adoptó a fondo la ideología neoliberal y fue así como la salud fue brutalmente privatizada. También fueron privatizados los motores principales del desarrollo económico y, de esta manera, las importantes empresas estatales dejaron de existir. En estos países neoliberales, la economía y la salud, están en su gran mayoría en manos de un corrupto e ineficiente sector privado. Es así como es altamente probable que la catástrofe social que ya afectó a Italia y España, ahora se traslade a América. Ya esta gran tragedia y crisis humana y sanitaria se ha hecho evidente en algunas regiones de los Estados Unidos donde se ubican grandes metrópolis que padecen de altísima contaminación ambiental, tales como Nueva York y los Ángeles. Ya han surgido serios estudios académicos que señalan que ciudades con altos índices de polución sufren muchas más muertes por el Coronavirus, que ciudades con índices de contaminación menores.

 

La tragedia también se ha empezado a extender por América Latina. Ante esta gran crisis de salud, el fatal modelo neoliberal sin duda pondrá los intereses de los ricos y del capital, por sobre los intereses de la enorme mayoría de la población. Con todo esto, probablemente la estricta cuarentena que ya se ha impuesto por todos lados pronto dejará de existir. Es así como es altamente probable que las drásticas medidas de aislamiento público pronto desaparecerán. Esto ocurrirá primero en los Estados Unidos y luego en América Latina. Ante esta tragedia, muy pronto la tasa de mortalidad aumentará considerablemente.

 

Con el objeto de describir y explicar con mayor documentación científica, este gravísimo problema que hoy desgraciadamente afecta al mundo en general y a Chile en particular, se ha traducido de forma literal y textual un importante trabajo académico escrito por el profesor Mark Blyth. El doctor Blyth es experto en economía internacional y hace clases en la Universidad de Brown en los Estados Unidos. Este artículo se publicó en la revista estadounidense Foreign Affairs el 30 de marzo del 2020.

 

  • Mark Blyth “La economía de los Estados Unidos particularmente vulnerable al coronavirus. El modelo de crecimiento económico de América sugiere que hay muy pocas buenas opciones”. Foreign Affairs, marzo 30, 2020.

Dos distintos modelos epidemiológicos, actualmente guían y dividen la opinión experta sobre como mejor enfrentar el coronavirus. El primero, elaborado por el Colegio Imperial de Londres, asustó profundamente a los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña. Así, estos dos gobiernos impusieron un sistema de estricto distanciamiento social de las personas. Este modelo predecía que, si el fenómeno se dejaba sin control, la enfermedad produciría medio millón de muertos en el Reino Unido y 2.2 millones de muertos en los Estados Unidos.  Todo este descalabro, sin contar las muertes adicionales, provocadas por el colapso del sistema sanitario.

 

El segundo modelo desarrollado por la Universidad de Oxford, sugiere que el virus ya ha infectado al 40 por ciento de la población británica, pero que la inmensa mayoría solo ha tenido síntomas suaves o ninguno. No obstante, de acuerdo con este modelo de Oxford, el Covid-19 aún puede causar muchas muertes y también gravísimos problemas a los sistemas de salud. Pero como se predecían pocos casos críticos en el futuro, el modelo de Oxford sugiere que un cierre indefinido de la economía no es necesario ni prudente.

 

La atracción del modelo de Oxford es obvia. Pero si los líderes políticos planean en base al modelo de Oxford, pero terminan viviendo bajo las proyecciones del modelo del Colegio Imperial de Londres, ellos convertirán una pésima situación en una mucho peor y mortal catástrofe.

 

Del mismo modo, decisiones de alto nivel, deben hacerse para proteger la economía nacional de los efectos del Coronavirus. Estas decisiones se deben predecir con otro tipo de modelo. Los economistas políticos usan “modelos de crecimiento” para guiar a los países en circunstancias normales. Pero estos modelos también indican la forma en que los países responderán en casos de una crisis como una pandemia mundial. El modelo económico del Reino Unido (modelo de crecimiento) es impulsado por las finanzas, las ventas de casa y propiedades, y sobre todo por el consumo doméstico. Cuando el modelo británico fue golpeado por el Coronavirus, y todo fueron ordenados a quedarse en sus casas, se tomaron rápidas medidas para mantener y empujar el consumo (medidas tales como garantizar el 80 por ciento de los salarios). Naturalmente, esta fue una respuesta muy necesaria.

 

En contraste, en Alemania, cuya economía es esencialmente una plataforma exportadora gigante y chupando demanda del exterior; la respuesta necesaria incluyó recortar la semana de trabajo, garantizar los balances de las compañías, pero sin apoyar los salarios.

 

Para los Estados Unidos, el problema de cómo proteger la economía es mucho más complicado. Como modelo de desarrollo, los Estados Unidos es un exportador masivo de productos primarios, aviones, armas, petróleo, servicios y sobretodo finanzas. Todo esto, pues Estados Unidos representa un cuarto de la economía mundial. No obstante, lo que empuja la economía estadounidense es aún el consumo doméstico.

 

Aunque no es una economía empujada por el crédito, en cuanto a la deuda, Estados Unidos está en el promedio de los países de la OCDE, en términos de la relación de deuda familiar versus ingresos. El rol que la deuda privada tiene en los Estados Unidos, hace difícil que el país responda a una crisis como la actual. Esta realidad se hace mucho más clara cuando se compara el modelo de crecimiento de Estados Unidos con el de otros países.

 

Aliviando el choque.

 

Modelos de crecimiento, tales como los de Europa del norte y del oeste, tienden a tener “grandes Estados de bienestar”. Estos Estados de bienestar actúan como amortiguadores, ayudando a mitigar los efectos de los golpes económicos. En general, mientras más abierta es la economía al comercio internacional, más grande es el Estado de bienestar que se ha construido para que actué como un amortiguador en caso de que el comercio mundial se paralice. Grandes Estados de bienestar, también permiten que los ciudadanos tengan altas deudas, ya que ellos tienen un muy buen seguro de desempleo. Los pueblos más endeudados del mundo, no son los estadounidenses, pero sí los daneses y lo holandeses.

 

En contraste, países anglosajones, y en particular los Estados Unidos, tienden a tener Estados débiles, bajos impuestos y un gran sistema financiero. Ellos también tienen mercados laborales altamente flexibles, pero carecen absolutamente del Estado de bienestar. Esto significa que estos países dependen de sueldos y salarios para empujar y mantener el crecimiento. Debido a que los salarios hoy día compran cada vez menos, astutamente se han creado las tarjetas de créditos, los préstamos estudiantiles y las grandes deudas médicas. Cuando los presupuestos familiares se reducen drásticamente, estas deudas no son compensadas con los amortiguadores que tienen países como el Reino Unido, Alemania y países escandinavos.

 

Esta falta de amortiguadores es parte integral del modelo de los Estados Unidos. Cuando un sistema como el estadounidense es golpeado; se tiende a salvar el sistema financiero, esto para mantener constante el flujo del crédito. Se deja que la economía real absorba el choque a través del desempleo y de las políticas de austeridad. Se asume que al no tener amortiguadores los precios y los salarios se ajustaran rápidamente, el capital será reubicado y así el crecimiento volverá sin necesidad de la intervención del Estado. Pero estas no son circunstancias normales, y ya los políticos estadounidenses se han dado cuenta que las soluciones normales son inútiles para enfrentar la epidemia del Coronavirus actual.

 

El desastre amplificado.

 

Los Estados Unidos tienen una enorme ventaja sobre otros países. Es el único país que puede imprimir la moneda de reserva global. Otros países necesitan los dólares de Estados Unidos porque los bancos de estos países prestan en dólares, pero no pueden imprimirlos. Durante crisis previas, como las del 2008, drásticas caídas de los mercados financieros fueron corregidas por la Reserva Federal, con cortes de tasas de interés y masivas compras de bonos. Pero esta vez, la acción de la Reserva Federal no ha tenido para nada su efecto tranquilizador. Los mercados financieros han seguido cayendo estrepitosamente y el dominio del dólar ha fallado en prevenir que se desate la huida hacia el billete verde. Aun cuando el Congreso finalmente pasó un plan de estabilización de dos trillones de dólares, todavía no hay acuerdo a quién se salvará: si a las empresas, o a los consumidores. Todo esto refleja las grandes tensiones que se han desatado en el modelo de desarrollo actual. En las últimas décadas, los Estados Unidos han típicamente decidido salvar al capital y que factor trabajo se las arregle con el sistema de desempleo. Pero este instinto de proteger a los grandes y dejar que los trabajadores y los pobres sufran, es la clave de por qué la pandemia es un desastre para el modelo de desarrollo estadounidense, lo que no es el caso para Alemania, el Reino Unido y los otros países que mantienen el Estado de bienestar.

 

El modelo de desarrollo de Estados Unidos trabaja bien, en la medida que exista poco desempleo, los salarios son ganados y gastados, el crédito ha sido reciclado para cubrir las diferencias entre salarios y costos para consumidores y las compañías. Pero cuando los mercados se congelan y no pueden fijar los precios de los bienes correctamente, (nadie sabe el precio real de las acciones de United Airlines, porque no se sabe cuándo los estadounidenses empezaran a volar de nuevo), entonces el modelo de desarrollo colapsa. Cuando esto ocurre es muy difícil encontrar el fondo. La FED y el Congreso pueden intentar encontrar el piso de los precios de los bienes y esto se hace salvando compañías. Pero no hay fondo para las mucho más grandes crisis del consumo, que ocurre cuando un tercio de la fuerza del trabajo es despedida y los otros dos tercios están encerrados en casa por un largo período de tiempo. En este tipo de mundo, salvar el capital y esperar que el factor trabajo se ajuste, a través de la reducción de salarios y el desempleo; es prácticamente imposible dada la gigantesca escala del colapso.

 

El modelo de crecimiento de los Estados Unidos, está construido de una forma de que simplemente no puede cerrarse sin provocarse un enorme daño a sí mismo. Debido a que el modelo está diseñado para ajustarse mediante la reducción de salarios y desempleo en vez de aumentar los beneficios de este desempleo. Los líderes políticos pueden considerar beneficios de desempleo temporales para golpes inducidos por los bancos, pero no pueden considerar semi permanentes transferencias de efectivo. Esto es lo que los británicos están haciendo ahora y aceptan un colapso casi total del valor de sus bienes. Así la solución británica es demasiado tóxica políticamente y solo puede ser usada como una medida de muy corto plazo en el contexto estadounidense. De tal forma, cuando se hizo claro –que de acuerdo al Colegio Imperial de Londres– que la respuesta epidemiológica correcta, era poner la economía en hibernación total por varios meses; los líderes de Estados Unidos rápidamente empezaron a buscar otras alternativas de solución.

 

Una alternativa fue propuesta por el Presidente Trump y varios líderes estatales, y ella fue simplemente la “reiniciación de la economía”. Pero el costo directo de esto, de acuerdo al Colegio Imperial de Londres, será la muerte de al menos 2.2 millones de americanos. O también como lo puso el vice gobernador de Texas Dan Patrick, “los viejos deben morir para salvar la economía”.

 

Desafortunadamente, aún si los americanos están viviendo en el modelo de Oxford; el reiniciar la economía no será posible si esto significa que el 70 por ciento de los americanos se agarran una enfermedad grave y que requiere cuidados intensivos en el 10 por ciento de los casos. Si los americanos vuelven al trabajo, esta alta tasa de infección, definitivamente cerrará los mercados de trabajo, independientemente de si el Presidente Trump lo desea o no. Los consumidores definitivamente no irán a los centros comerciales, “cuando ellos son obligados a consumir hasta caer muertos”. Y los negocios cuyos empleados están en las salas de emergencia, definitivamente no invertirán en hacer productos que no se podrán enviar al mercado.

 

Los Estados Unidos con 330 millones de habitantes, 270 millones de revólveres, 80 millones de operarios por hora, sin derechos a días de enfermedad, 28 millones sin seguro médico; enfrentaran así desafíos muy distintos a la de otros países industriales. Está más que claro, que poner la economía en el congelador por seis meses o más; destruirá totalmente lo que quede del tejido social, y también destruirá su modelo de desarrollo. Pero, por otro lado, reiniciar actividades ahora, podría transformar la pandemia en una terrible plaga que causaría tanto o más daño como el que producirá el congelamiento.

 

Abandonando el encierro.

 

¿Cuál de estos poco apropiados caminos tomará finalmente los Estados Unidos? Una vez más, el examen del modelo de desarrollo es un proceso esclarecedor.

 

Este modelo sugiere que Estados Unidos temporalmente ayudará a las empresas privadas, apoyará parcialmente el consumo, y definitivamente abandonará la cuarentena tan pronto como sea posible. El Presidente Trump y sus acólitos, están dispuestos a sacrificar unos pocos millones de vidas a fin de salvar sus inversiones. También apuestan a que el sistema de salud, a pesar de sus problemas, siempre será capaz de salvar a la elite.

 

Si la epidemia del coronavirus se desenvuelve de acuerdo al modelo del Colegio Imperial de Londres, la reapertura de la economía de Estados Unidos, simplemente aumentará el daño ya provocado por la conducta actual del país. Por el contrario, si la pandemia sigue el curso del modelo de Oxford, las economías de otros países sufrirán menos que la de Estados Unidos y se recuperarán mucho más rápido, pues el encierro o cuarentena produce menos daños económicos que el permitir una infección descontrolada. El mercado de valores de Estados Unidos puede subir si el modelo de Oxford resulta cierto. Pero todo esto no hará nada en favor de los millones trabajadores por hora que ya han sido despedidos y tampoco ayudará a los miles de pequeños negocios que ya han quebrado, pero sobre todo aumentara los millones de nuevas infecciones que resultarán si los Estados Unidos reinician sus actividades de manera anticipada y demasiado temprana.

 

Si Estados Unidos sigue este fatal camino, se llegará al momento que el Presidente Clinton dijo que nunca se llegaría. “Es decir, cuando algunos lucran y hacen dinero apostando contra la vida de los americanos”. Después de todo, si la estrategia de los líderes de Estados Unidos es “dejar que la pandemia siga su curso” el resto del mundo dejará de ver a los Estados Unidos como un modelo de crecimiento. En verdad, si todo esto pasa, Estados Unidos pasará a ser un modelo para nadie.

 

 

  1. Duque Ph. D.

Cientista político.

Puerto Montt,

14 de abril de 2020.

 

[1] Es necesario clarificar que desafortunadamente el poderoso Estado de bienestar creado por Roosevelt en los Estados Unidos, inició su desintegración durante la administración del Presidente Nixon en los años 70. Esta tendencia destructiva se intensificó durante la administración del Presidente Reagan en los años 80 y ella alcanzó si apogeo cuando se extinguió la Unión Soviética a principios de los años 90 del siglo XX. En esa fecha el Presidente Clinton consolidó el período neoliberal.

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