Este lunes tuvimos ocasión de ver en pantalla (T.V.) al Sr., Juan Sutil –recientemente elegido presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC),- anunciar el término de una campaña para reunir fondos dentro del gremio, como un aporte a la lucha contra la pandemia (Covid-19). Allí solemnemente los auto-convocados, de pie rodeando  el micrófono, escuchaban en actitud solemne la alocución, mientras Sutil anunciaba la donación  de $83.000 mill.,  para el MINSAL, destinados a comprar elementos necesarios  para los contagiados con  el virus.

 

Con clima de mucha emoción,  tocó después el turno a Ministros y Subsecretarios, quienes agradecieron  esta importante demostración de “solidaridad.”

 

Poco importa si la cifra pudiera ser una pitijaña; si lo vemos desde la perspectiva global de lo que ganan (explotando, coludiéndose, corrompiendo políticos, eludiendo impuestos etc. etc.); porque, la verdadera importancia política de tales habituales liturgias, es blanquear la imagen de los empresarios, utilizando “ideológicamente”  conceptos como “solidaridad”, o las invocaciones a la unidad de todos los chilenos “el virus lo paramos todos” etc.,  especialmente en un momento de especial  sensibilidad, angustia e incertidumbre  del pueblo; creen ver -con obsceno cinismo- una la oportunidad receptiva para relevar la imagen de los empresarios, como personas –que no están tan interesadas en ganar dinero, sino, capaces de ser solidarios cuando las circunstancias lo requieren.

 

Partamos primero por afirmar que no conocemos nada en el mundo más opuesto a la solidaridad, que el modelo salvaje neoliberal. Todos conocemos sus fundamentos teóricos y sus mitos del libre mercado ; “cada individuo aislado persigue en el espacio del mercado  sus propios intereses egoístas, y, de este choque de intereses, redunda finalmente provecho de toda la sociedad (?). Como asimismo su utopía del libre mercado: la división internacional del trabajo determinadas por ellas, (nosotros fuimos signados a la exportación de commodities) que establecen áreas  monopólicas a través del desarrollo desigual de  alta tecnología, (celulares, industria espacial, bélica, farmacéutica etc.), acceso al capital financiero,  monopolios de los mercados de alimentos y fruta, (United Fruit, Unilever), Lobbies etc.

 

Segundo, la utilización evidente ideológico-política del concepto de solidaridad. Este como sabemos, es un concepto de ayuda entre iguales y busca transformar las raíces del mal causante de situaciones de injusticia. Cito: “la diferencia de  la solidaridad que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba hacia abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder” (Eduardo Galeano).

 

Por tanto, sería  caridad y, en ningún caso solidaridad. Y no simple caridad-cristiana, sino caridad-política, lenitivo para sus consciencias intranquilas pensando en la potencia desconcertante demostrada por el movimiento social y, temiendo –como ciertamente lo es-  “solo una pausa por el virus”, sus instintos olfativos ya barruntan que el movimiento social está  latente, con todo ese potencial de energía popular (que a diferencia de la contumacia  gubernamental) no habrá paz social, en tanto el modelo neoliberal no haya sido barrido para siempre de la historia de nuestro país.

 

Por eso toda esa hipocresía  solidaria, contrasta  con la realidad de las comunas más pobres que deben hacer colas desde las 4 de la mañana para obtener un número, que no hay jeringas para inyectar a los insulino-dependientes, que faltan medicamentos para enfermos de cáncer y sus familiares tienen que volver por ellos, en otra colatón desde las 4 de la mañana,  Y tragarse la espuma impotente de la rabia de un destino miserable.

 

Porque, si algo ha quedado claro en esta pandemia, es que es imposible abordar catástrofes sociales  globales  u otras similares,  en el marco de una sociedad egoísta, estrecha, que discrimina quien vivirá o quien morirá por falta de respiradores, una sociedad -como la nuestra- rica en recursos pero con una distribución regresiva del ingreso donde (el 70% del ingreso es captado por el 5% de la elite), que toma decisiones en función de la preservación del modelo; este tipo de sociedad ha -quedado claro-  que  (y aquí también un bucle para el capitalismo en general), que si no sirve por su naturaleza abusiva  para tiempos “normales,”  a fortiori puede servir,  para  circunstancias donde se transparenta la esencia regresiva, elitista, salvaje e insensible de su estructura, para los cuales la valorización del capital es su verdadera  religión.

 

Stgo. 16.04.20                                           P. Valenzuela (Esopo, CS)

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