El virus no ha afectado la rabia de la gente

La rabia volverá a estallar

Los tiempos gloriosos en que todo era cosa de tirar y abrazarse están llegando a un límite en el que se perfila su final.

 

En nuestro país castigado por un grupo de pobres millonarios estúpidos, la gente que hasta hace poco no decía esta boca es mía, ha comenzado a desperezarse y ya no es suficiente la represión.

 

Si las agencias secretas querían probar el efecto del virus, terminaron por demostrar la necesidad de cambiar el rumbo que lleva la humanidad. Lo que ha matado gente en el mundo no es el virus por sí solo. Es un virus que ataca a un mundo deshumanizado en que la gente sin derechos sobrevive amenazada por la economía.

 

Se viene un tiempo de difícil pronóstico.

 

Es cosa de observar el caso de Chile. El gobierno ha utilizado el temor al virus para ganar tiempo luego de estar acorralado por la rebelión popular del octubre.

 

Dicho de otra manera, al sistema político lo sostiene el comprensible temor a la enfermedad y a la muerte. Pero hay que reconocer que hasta ahora no hay quien proponga alguna opción alternativa al estado de tierra de nadie en que se había convertido el país.

 

El virus no ha atacado la bronca de la gente. Antes bien, la ha aumentado por el desprecio que el gobierno de la ultraderecha ha mostrado en contra de la gente común, contrastando con la enorme y generosa ayuda que ha dispensado a los grandes empresarios.

 

Torpes millonarios utilizando helicópteros y avionetas, violando todas las disposiciones, ocultando sus nombres, todo facilitado por las autoridades, mientras que a la gente común se le persigue con saña.

 

Es del caso tener en cuenta que cuando la emergencia termine, incluso antes, la gente va a salir a las calles ante el oscuro panorama que ofrece no el virus, sino la solución criminal, egoísta, miserable que se le impone a la gente.

 

Se hará necesario retomar con mayor fuerza aún el espíritu de octubre, el único que ha sido capaz de acorralar a este sistema corrupto, egoísta, criminal, mentiroso y manipulador.

 

Es cierto que impulsado por la rebelión popular de octubre, se creó un estado generalizado de no saber hacia dónde ir. Superar esa falencia es el paso que falta.

 

Puede sonar extraño y cruel, pero el sistema político chileno deberá prender velitas a la irrupción del Coronavirus. Les salvó la vida. Por ahora. Le regaló varios meses de este año aciago.

 

Sebastián Piñera y su gobierno ha manejado la pandemia con absoluto desapego a la vida de la gente común. La criminal necesidad de proteger los negocios lo hace impulsar una normalidad inexistente en el servicio público, en centros comerciales, incluso con la vuelta a clases sin apego a ninguna consideración científica ni humana.

 

“No podemos matar toda la actividad económica por salvar las vidas”. Lo expresado desde el alma por el presidente de la Cámara de Comercio es la doctrina que sostiene las decisiones gubernamentales. Aunque se diga otra cosa.

 

El gobierno desfondado de Sebastián Piñera ha administrado, más bien manipulado, la crisis humanitaria que nos afecta.

 

Su propósito es manejar las cifras de manera que ante los ojos del mundo aparezca como quien fue capaz de sortear la emergencia y salvar vidas, trabajos y negocios y de paso quitar todas las ganas de la gente que hasta hace poco lo tenía acorralado. Y pasar a la historia.

 

Pero antes de soñar con la posteridad, debería considera que la rabia de la gente no ha sido afectada por el virus. Al contrario.

 

 

Por Ricardo Candia Cares

 

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