El 1 de mayo se ha instalado en la memoria y en la acción de la clase trabajadora como una de las fechas más importantes del calendario de lucha y organización internacionalista y proletaria, millones de trabajadores y trabajadoras en el mundo entero conmemoran este día pero a la vez levantan las banderas de la emancipación.

 

Recordamos en esta fecha a los mártires de Chicago, sin duda, pero también y con orgullo proletario a todos y a todas las compañeras que han entregado con generosidad y coraje sus vidas en el desafío hermoso de conquistar una sociedad sin clases, libre de explotación y de toda forma de opresión.

 

Recordamos a quienes desde la lucha sindical, política, los campos, los liceos y universidades, los barrios populares, villas y poblaciones, la guerrilla, las fábricas y talleres, a quienes desde cualquier puesto y época en los que les haya correspondido luchar, lo han hecho por derrocar el capitalismo y por la emancipación del proletariado y la revolución socialista en pos de alcanzar el comunismo.

 

Nos reconocemos en la llama alegre que enciende la esperanza clandestina en las luchas contra las dictaduras, en las marchas de miles que abren las vías y las alamedas manifestando la decisión de vencer, en la huelga reivindicativa y en la huelga general que rompe las normalidades de la domesticación y la impotencia, en las murallas rebeldes que despliegan sus rojos colores gritando revolución. En las mujeres que van rompiendo con firmeza y creatividad las relaciones patriarcales que imponen la violencia y la cultura machista, en quien desafía la norma reproductiva del capital y de la vida toda, pública y privada.

 

Somos comunistas en rebeldía porque el comunismo es subversión, desafío, irreverencia, continuidad histórica y a la vez construcción de lo nuevo. Seremos acción que destruye las cadenas de lo viejo, con fuerza de masas y pueblo, con ideas y armados de futuro y para el futuro luminoso que esperamos construir y vivir. Para las y los verdaderos comunistas la nueva sociedad es totalmente antagónica a la sociedad capitalista, ninguna humanización del sistema de explotación cabe en la nueva sociedad como lo quisiera el falso PC que hoy rasguña los sillones del poder.

 

Estamos viviendo una larga y profunda crisis del capitalismo monopólico, que es de carácter integral y hoy se manifiesta en forma de crisis sanitaria; que afecta con mayor fuerza, como en todas las crisis capitalistas, a las masas trabajadoras y excluidas. No podemos ni pretendemos por ningún motivo minimizar los efectos y potencialidad mortal del COVID-19, pues este ya ha cobrado la vida de cientos de miles por el mundo, fundamentalmente personas vulneradas y debilitadas, trabajadoras y trabajadores de la salud y nuestros respetados abuelos y abuelas.

 

Con la misma fuerza y convicción afirmamos que la crisis de onda larga (desde 2006 y 2008) que arrastra el capitalismo monopólico y la profunda recesión económica que ya germinó no es fruto del COVID-19, sino de la salvaje y descontrolada ambición capitalista, de su voracidad destructiva, de su avaricia y barbarie, que con el fin de lograr “ganancias” inmediatas y desmedidas no duda en explotar a la clase trabajadora, a la naturaleza y a los pueblos oprimidos. La recesión que comienza la han ido construyendo los capitalistas del mundo y los de este país por supuesto.

 

Es una crisis que probablemente será muy feroz y particularmente profunda, una de esas crisis que abre posibilidades de ruptura, lo que no asegura cambios de carácter revolucionario mientras no haya una intervención decidida y organizada de la fuerza de la clase trabajadora y sus organizaciones políticas, sociales, de masas y de combate.

 

En Chile nos agarra con el impulso del alzamiento popular iniciado en octubre y que entró en “suspensión” por decisión popular en marzo. Nos encuentra en el desarrollo de un profundo despertar, proceso largo que se inició allá por el 2006 luego del hondo reflujo y derrota estratégica que sufrimos a fines de los ochenta. Desde ahí, el rearme y reorganización de la clase trabajadora ha sido sin pausa, aunque no de manera lineal ni pareja, sino más bien con saltos, avances y retrocesos, como todo proceso de lucha.

 

Nuestro enemigo de clase, no escatima esfuerzos en cuadrar a todo el bloque en el poder en  función de hacernos pagar la crisis capitalista que tiene sumida a la burguesía a escala global en una recesión infranqueable, tanto Piñera y sus secuaces, como la ex nueva mayoría agonizante y el reformismo vendido han legislado en contra de las y los trabajadores. Para el alzamiento popular fue el paquete de leyes que buscaban frenar el avance del pueblo en lucha y detener la ofensiva popular que tuvo por las cuerdas al propio gobierno. Hoy son las medidas económicas que buscan salvar a las grandes empresas y compañías y por otro lado que golpean a la clase trabajadora, sus organizaciones y al pueblo, precarizando aún más las condiciones laborales, limitando el alcance de la lucha sindical, aumentando el desempleo y la miseria.

 

Desde nuestra viva convicción, están dadas las condiciones para lograr avances de real envergadura en la lucha por la revolución y la construcción del poder popular. El nuevo ciclo en la lucha de clases está en pleno despliegue y vertiginosa disputa. La fuerza popular puede profundizar la ruptura, las masas en lucha han demostrado el potencial creador y la fuerza que tienen. Esto no significa que todo está apunto de ser ganado. Los y las comunistas afirmamos que aun estando las condiciones para el avance en la lucha por la revolución, aun persisten falencias y debilidades que debemos enfrentar y superar.

 

La masividad, radicalidad en sus formas de expresión, extensión territorial y la inusual persistencia en el tiempo del alzamiento no bastan para convertirlo en rebelión popular y detener la iniciativa reaccionaria en la cual está desatado el Bloque en el Poder. Sin embargo, insistimos en la enorme valoración de estos cuatro elementos y la potencialidad que conllevan. Pero se requieren algunos otros elementos más:

Mayor organización popular; ya sea en forma de asambleas populares, de fortalecimiento de las organizaciones populares y clasistas que ya existen o de construcción de nuevas formas organizativas que faciliten y potencien la participación, protagonismo de las masas y fuerza popular.

 

Avanzar en contenidos; el alzamiento expresó las reivindicaciones populares, se construyó un extenso y sentido pliego del pueblo, las demandas mínimas del pueblo están claras y nos queda, porque es necesario y justo, avanzar en la creación del Programa de la Revolución, que diseñe los contornos de la sociedad que soñamos y construiremos.

 

Articulación político social; las organizaciones populares, de masas y sociales deben avanzar en la construcción de un Bloque Popular y Revolucionario que sea expresión de la fuerza organizada de los sectores populares y fundamentalmente de la clase trabajadora, un bloque que exprese orgánicamente la lucha por el programa de la revolución y se despliegue con la fuerza necesaria para realizarlo.

 

Unidad política del pueblo; muy en deuda nos encontramos en el plano de la unidad de las organizaciones del campo popular, político y revolucionario. La unidad genera fuerza, capacidad, masividad, esperanza. Es tiempo de que demos pasos claros y urgentes para encaminarnos en esta unidad. Fragmentación, sectarismo, espíritu de parcela, caudillismo tanto como oportunismo, espontaneísmo, principismo o su contraparte la falta de principios, son males que nos han afectado y debilitado la construcción de una alternativa revolucionaria para nuestra clase, dejando el camino abierto al revisionismo, el reformismo y el oportunismo. La lucha popular impone la construcción de un Frente Político Revolucionario, expresión de unidad clasista, anticapitalista, antiimperialista y antipatriarcal que sea expresión concreta de la diversidad política del campo popular revolucionario que aspira a la victoria y el poder.

 

Sin duda de nuestra parte, también y fundamentalmente los y las comunistas revolucionarias debemos lograr la construcción victoriosa del partido comunista de la revolución y el poder popular. Difuminar en la marea de las masas la ideología del proletariado. Esta tarea debe realizarse en el impulso de los anteriores desafíos, complementariamente y cualificando la praxis revolucionaria, construyendo síntesis a través del aprendizaje de la lucha de masas y el combate por la revolución y el comunismo.

 

Ante la Crisis Capitalista

Avanza la Ofensiva Comunista

 

La Revolución Comunista es Imparable

 

Organización Comunista Revolucionaria

Chile, mayo 2020

Por OCR

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