Chile ha tenido siempre amplio espacio para esconder el hambre, la miseria, el despojo y el maltrato para con los más sencillos.

 

En aquel perverso juego ha participado siempre aquel segmento habitante del parlamento que se arroga alguna autoridad por sencillamente haber sido votados y convertidos en la espada de Damocles.

 

El hambre es la urgencia de los pobres. Se debate el monto que deberían recibir los millones de chilenos que bajo las actuales condiciones la precariedad los tiene acorralados, aunque siempre han estado en las mismas condiciones. El modelo les entrega dineros, les dice que es para su movilidad social y los encadena por largos tiempos. En la campaña presidencial donde el candidato de la izquierda fue Jorge Arrate, mucho habló de las cadenas con las que los bancos y los usureros hacen grandes ganancias, para la muestra el CAE.

 

Los ricos en sus casitas del barrio alto no sufren, entran tranquilos al sueño y se pasean por la vida como si nada. La boca amarga es la obligación y condena que el sistema capitalista impone a millones de hombres y mujeres para que funcione su modelo del cual las consecuencias quedan reflejadas en estos difíciles tiempos.

 

1% de privilegiados y 99% de desfavorecidos no puede ser considerado una cosa banal, algo normal como estornudar en la calle. Ese pequeño porcentaje que vive en cinco manzanas en el sector alto como se le suele denominar, donde están sus colegios, sus bancos y sus clínicas por alguna posible eventualidad.

 

Es el cuadro económico de un país que sencillamente llena una carretilla de tierra y la vende a los que hacen botones, cables, autos, trenes y aviones para llenar las calles de Chile en un eterno todo a mil.

 

Hay un Chile pobre y bien pobre.

 

El gobierno y una parte de la oposición discuten de la forma para sacar recursos y ayudar a los millones de chilenos. Pero nadie habla de los fondos que desde las arcas fiscales llegan a los bolsillos de generales, oficiales y pensionados que nunca ganaron nada, que son sin lugar a dudas un nulo aporte al progreso del país. Comandantes en jefe que no dudarían en negar lo que en algún momento de lujuria prometieron.

 

Todo Chile conoce el desfile de millones que las huestes del orden y patria inventaban para instalarse en sus alfiles y caballos para la vida del oso. Y se sigue entregando millones para camiones que tiran agua, para escopetas que dejan ciego, sueldos para funcionarios traficantes, violadores, ladrones y corruptos.

 

Las pensiones para los militares constituyen una agresión al sentido común de millones de chilenos. Un maestro rural está bastante más arriba del que maneja un barco o los costosos juguetes de guerra que los muestran en un día de música militar allá por septiembre. “El año 2019  el Estado de Chile destinó más de 2.399 millones de dólares para pagar jubilaciones, pensiones y montepíos en Capredena y Dipreca, cubriendo a casi 175.000 pensionados” El Mostrador. 09.06.2020. del otro lado 1.5 millones de personas beneficiadas con el pilar solidario, el Estado asigna 2.780 millones de dólares.

 

Quien habla es esta agresiva desigualad.

 

Donde está o están los parlamentarios con una pizca de principios para exigir un rumbo distinto a los miles de millones que se van al desaguadero uniformado. No queda duda que les acomoda más la foto gustosa con el piñerismo y así será.

 

Negociar con Piñera es tenderle un manto de impunidad a la precariedad con la que gobierna. A los que hay que colocar en la mesa de los asuntos fundamentales son a los que controlan el 95% del mercado de los medicamentos, tres farmacias.

 

Cuatro bancos controlan el 65% de los dineros, el resto se cae en algunos nuevos. El monopolio de los pollos, sólo dos carteles, Aristia y Súper Pollo. Esos son los que pagarán el café de los que vayan a sentarse en la mesa piñeirana.

 

El diario El Mostrador en su edición del 09.06.2020 deja constancia del perfil de jaguares de la familia Piñera/Morel. A muchos posiblemente les hubiera gustado recorrer los senderos tortuosos para estar en la revista Forbes. Los hijos del presidente de Chile bajo el formato de Inversiones Odisea Limitada le prestaron una friolera de millones a Costa Verde Aeronáutica de la familia Cueto, lo que demuestra que los que hacen negocios y se reparten todos son familias. La familia Cueto pagó la deuda para poder declararse en quiebra y de esa manera salvar a los hijos de Piñera. Un juego de dineros como si del mejor casino se tratara, una máquina de la suerte que perdió su sentido.

 

Frente a este cuadro no posible aceptar un Acuerdo Nacional para enfrentar una pandemia y buscar algunas soluciones de mercado chino con el actual gobierno de una derecha egoísta y miserable. Nace sin legitimidad lo que firme Elizalde/Chain/Muñoz y algunos otros. Por esos lados no van los tiros.

 

La construcción de una nueva institucionalidad que deberá iniciarse con las votaciones para una Nueva Constitución también son cuestiones que no se deben olvidar. En ese asunto fundamental están todos los chilenos los del rechazo y los del apruebo, y una vez zanjado aquella cuestión fundamental para los próximos decenios entonces posiblemente será factible llegar algún acuerdo, pero para que aquello suceda los millones de pobres en este país deberán tener la certeza de un futuro al alcance de las manos y sin hambre.

 

Y eso necesariamente requiere un modelo económico diametralmente opuesto al de las AFP/ISAPRES con una clase política diferente a los mayordomos de banqueros y empresarios que financia el dinero de todos los chilenos en el parlamento.

 

Llegó el momento de manifestar que los Piñera/Ponce/Navarro/Calderón/ Vial/Falabella/Said/Solari/Cueto/Lavín/Délano y otros no pueden comprar el modelo político, económico y social en este país. Hacer visible las urgencias desde el 18-0 fueron muchos muertos y cientos de mutilados.

 

La pandemia irá amainando lentamente, la secuela será inevitablemente dolorosa, pero deben saber que la Plaza de la Dignidad está en el mismo lugar y la primera línea son los samuráis en estado de sueño.

 

Por Pablo Varas

 

 

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