No salga si no es necesario, use mascarilla, lávese las manos, pero por sobre todo, no les crea. Ni un poco. Nada. Dude de todo lo que hagan, incluso cuando aceptan haberse equivocado.

 

La epidemia que nos ataca ha sido usada como una herramienta de control social  y de política rasca, más que otra cosa. La táctica del Sebastián Piñera en el tratamiento de la epidemia no ha sido errada. Al contrario, se ha ido afinando y perfeccionando con el tiempo. Otra cosa es que sus resultados sigan siendo el aumento de los contagios y las muertes.

 

Pero les da lo mismo porque saben que las principales víctimas son los pobres, los migrantes, los viejos y los que sobran. Los que constituyen un carga para la cultura imperante.

 

El peor escenario es un buen escenario para Piñera, Mañalich y los mafiosos del gobierno.

 

La estrategia de Piñera y su equipo es alargar lo más posible la infección, idealmente que dure el año y medio que le queda. Y si así no fuera, si por alguna razón, efectivamente el virus se vuelve buena persona o algo así, se adelanta a lo que sabe que va a pasar a la hora siguiente que se decrete el fin de la emergencia, y gestiona una ley que le permite legalizar la dictadura civil que ahora opera de facto.

 

Antes de irse, Piñera va a dejar todo atado y bien atado.

 

Por ahora, el manejo de los números no obedece a una simple estupidez inevitable y descontrolada. Es parte de la idea de generar miedo, confusión, ignorancia e  incertidumbre y a necesidad de creer en algo que te ayude, que te salve del hambre, de la pobreza y la delincuencia, en este caso en el gobierno.

 

Vea que pasa con las cajitas. Vea que pasa con los controles policiales/militares montados para la tele. Y vea lo que pasa en la realidad.

 

No es casual que no hay una campaña seria, profesional, continua, informada de parte del gobierno para persuadir a la gente. Y tampoco es casual que se culpe a carretes de irresponsables y a violadores del toque de queda o la gente que va a la feria sin permiso por el aumento de las cifras.

 

El régimen centra sus esfuerzos comunicacionales en los respiradores que son la última fase de una cadena que comienza con el contagio, y si se quiere, mucho antes con la pobreza, disfrazada o no.

 

Su real esfuerzo está en favorecer a las grandes empresas que van a hacer de la desgracia de la mayoría un pingüe negocio, ahora mismo en que la epidemia arrecia y cuando se acabe cuando aparezca la necesidad de la reconstrucción, de la recomposición y de la normalidad que tanto les gusta.

 

Otra arista de control y utilización política de la pandemia, es el tratamiento que han dado a los alcaldes que normalmente les hacen sombra.

 

El retraso en decretar cuarentena en la comuna de Recoleta no tiene razones médicas  o de control estratégico de la infección, sino que una manera de bajarle los números al alcalde Jadue.

 

Mismo caso en Valparaíso comuna en al cual el incómodo alcalde Sharp viene hace rato exigiendo que se imponga la cuarentena antes que los números se disparen…como ya está ocurriendo.

 

Está visto que decretaron cuarentena en la comuna de Valparaíso, cuando ya fue tarde porque esa era la idea original: que Valparaíso sea atacado a gran escala y que el alcalde sea presionado por la ciudadanía ante ese escenario.

 

Recuerde: pensar mal es una medida sanitaria tan efectiva como la mascarilla y la distancia física.

 

No la deseche.

 

Por Ricardo Candia Cares

 

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