No es posible sostener que Chile tiene una democracia de buena salud.

 

Quedan incólumes los efectos de la larga noche dictatorial en que los militares rompieron el modelo democrático que había funcionado hasta 1973.

 

Está el muro de las miserias de toda la criminalidad cometida por las fuerzas armadas, todos asuntos de Lesa Humanidad. En el Informe Rettig y Valech queda al descubierto la bestialidad con la que durante dos decenios un país en su totalidad fue sometido al terrorismo de Estado.

 

Lo que menos le interesó a los militares fue justamente el sistema democrático.

 

Su precariedad no alcanzaba a comprender cómo funcionan las sociedades, ni sus gentes, ni sus actores. Su conocimiento llega sencillamente hasta la esquina del barrio, marchar al compás ordenadamente de la música militar es para ellos suficiente. Los asuntos relacionados con el funcionamiento democrático de los pueblos son más serios que los que invernan bajo la gorra militar y de sus agradecidos herederos.

 

Chile es un país con un sistema democrático precario.

 

Hasta hace algunos años dos bloques se repartían las representaciones de la voluntad popular en el parlamento. Nadie manifestó que el modelo democrático de Chile es la clara manifestación de la democracia que el departamento de estado norteamericano le interesaba ensayar. Chile fue eso, un ensayo del modelo económico de la escuela de Chicago y también lo fue en su tránsito a una democracia limitada y que hasta los días actuales no la logrado transitar hacia una real transición democrática.

 

Las patologías del sistema democrático chileno vienen desde mucho antes que la pandemia llegara a todas las esquinas dejando una realidad que fue ocultada de manera intencional. Chile no es desarrollado, es un país subdesarrollado. Lo que sucede es que el 1% insiste en su monserga para auto complacerse e intentar  vender un modelo que se demostró que no funciona. No funciona. Hace mucho que se insiste que aquí los asuntos andan mal.

 

Chile con una democracia de la Doctrina de Seguridad Nacional.

 

Posiblemente detenerse a mirar lo que dejó instalada la dictadura permite entender el modelo democrático que impera en el país. Una ciudad completa de empresas que determinan hasta el dinero que se necesita para vivir después de jubilar. Cuando el futuro de las nuevas generaciones está condicionada por el modelo de la educación superior. Universidades convertidas en máquinas para estrujar lo que el modelo vocifera a los cuatro vientos, que en Chile existe movilidad social.

 

Las patologías del sistema democrático chileno vienen desde mucho antes que la pandemia llegara a todas las esquinas dejando una realidad que fue ocultada de manera intencional. Chile no es desarrollado, es un país subdesarrollado. Lo que sucede es que el 1% insiste en su monserga para auto complacerse e intentar  vender un modelo que se demostró que no funciona. No funciona. Hace mucho que se insiste que aquí los asuntos andan mal.

 

Lo agresivo es que los asuntos cuando no marchan tienen impacto en millones de personas. Cuando el hambre toca una puerta son millones las puertas haciendo ruido; entonces todo está caído.

 

Resulta incomprensible que los grupos económicos se jacten de millones de ganancias cuando estas se sustentan en pactos para atentar contra la población. Buitres trabajando a tiempo completo, papeles, pollos, cerdos, en esas condiciones entonces la democracia que en teoría debe asegurar derechos se convierte en victimaria a vista y presencia de un país completo.

 

Chile ha transitado cojeando con una democracia pactada, negociada para que los que fueron bendecidos con las empresas de todos los chilenos puedan mantenerse y expandir sus negocios dejando caer dineros para condicionar justamente el modelo democrático. Desde subsecretarios a los pocos dignos pacotilleros en oferta del parlamento evidentemente herederos del sistema binominal.

 

La crisis sanitaria, política y social que azota al Chile se mantendrá en el tiempo sencillamente porque sus patologías vienen desde hace decenios. El actual articulado de la constitución del 80 se agotó hace mucho tiempo incluyendo el agua bendita en el gobierno de Ricardo Lagos.

 

Es la defensa para la concentración del poder se lleva la misma agua al mismo molino. Chile es diferente al resto, los suizos de América Latina, el oasis del continente, el mejor sistema de salud del mundo cuando la realidad desnuda lo contrario. Un largo listado de derechos que no existen y que nacen con letra chica.

 

No está muy lejano en el tiempo cuando se iniciará un proceso para que Chile tenga una Nueva Constitución dejando en la historia el legado de Jaime Guzmán y de los militares. No debe causar asombro que la derecha defienda sus ropajes, el modelo sostenido por ellos está escrito a fuego, es justamente por aquello que la victoria debe establecer un precedente histórico.

 

O es democrática o no lo es.

 

La democracia no es sencillamente el gesto del voto libre, secreto e informado. Es un conjunto de aspectos que tienen que ven con la vida de los hombres y como de manera sana avanza un país por decenios.

 

La excesiva concentración de capitales en unos pocos mantendrá siempre a las instituciones con las manos en alto, sencillamente porque aquellos cuantos no tendrán dudas en apretar para su propios beneficios en desmedro de la tragedia, la miseria, la desigualdad y el hambre que ya es la foto que convoca a generar los cambios indispensables.

 

Por Pablo Varas

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