Claudio Crespo Guzmán

Hace un par de meses el medio de comunicación Interferencia denunció que en el sumario elaborado por Carabineros respecto a lo ocurrido el 8 de noviembre pasado en la Plaza de la Dignidad, día en que el joven estudiante Gustavo Gatica recibió balines disparados por la policía que lo dejaron ciego de por vida,  entre los 9 uniformados identificados como quienes percutaron sus armas esa jornada en ese sector, no había sido incluido uno que efectuó 170 disparos, el teniente coronel de Fuerzas Especiales (FFEE), Claudio Fernando Crespo Guzmán.

De acuerdo a lo detallado por Interferencia, Crespo no fue señalado ni interrogado dentro de esa indagatoria, aun cuando en la tabla de consumo de municiones de ese día el dispositivo con el que este uniformado ha sido identificado en sus intervenciones en la Plaza de la Dignidad, el G-3, le asigna los mencionados 170 disparos con una escopeta de perdigones -posicionándolo como el carabinero que más disparos realizó-, además de los 43 efectuados con una carabina lanza lacrimógenas. 

Durante la jornada de este miércoles, ha sido la organización Amnistía Chile la que en el marco de su campaña #InvestiguenMandos ha insistido en los antecedentes que pesan sobre Claudio Crespo y a través de un video se le denuncia por disparar “no a la parte baja de un cuerpo ni desde una distancia apropiada (…) a la multitud, no a personas específicas y contra manifestantes que no suponen un peligro real”. “Hizo esto una y otra vez, y sus supervisores no lo detuvieron“, se acusa en el registro, evidenciando con imágenes que realizó esta práctica al menos los días 21 y 28 de octubre, y 5, 8 y 26 de noviembre. 

Un interés en la eventual responsabilidad que le cabría al oficial de las FFEE en el brutal ataque recibido por Gatica es el que también ha mostrado el Ministerio Público. Esta entidad -según detalló Interferencia– «solicitó expresamente incautar la tarjeta de memoria de la cámara GoPro que portaba tanto Crespo Guzmán como el personal a su cargo el 8 de noviembre de 2019, además de ordenar la entrega del equipo computacional en el que fueron descargadas las imágenes de la tarjeta de memoria del teniente coronel y sus subordinados».

Todos estos antecedentes generaron legítimas sospechas respecto a la omisión del nombre de Crespo dentro de los 9 policías identificados en el sumario de Carabineros, sobre todo considerando el historial de violencia con el que carga el ahora teniente coronel.

Uno del que el autor de esta nota ya ha dado cuenta en un artículo anterior publicado en El Ciudadano y al cual ahora suma un nuevo testimonio.

“CRESPO TORTURABA SISTEMÁTICAMENTE A MENORES EN SU ZORRILLO”

«No era el sujeto que ‘cumplía con su deber’; él gozaba maltratando, oprimiendo y demostrando poder ante quien se interpusiera en su camino. Actuaba bien por su cuenta, a veces solo, otras veces fustigando al piquete. Recuerdo que solía llegar conduciendo descontroladamente el zorrillo -arrasando todo a su paso- e instalarse a más de una cuadra de su objetivo; descendía y apoyaba su escopeta sobre el techo de la máquina para lanzar lacrimógenas sobre su objetivo», rememoró en aquella nota Rens Veninga, fotógrafa que cubrió las marchas estudiantiles para el medio de comunicación Ciudad Invisible durante los años 2011 y 2012, cuando Crespo era capitán de la 7a Comisaría de Fuerzas Especiales de Valparaíso.

Capitán Crespo disparando una lacrimógena. Valparaíso, 2011. Foto: Daniel Labbé

El doctor Aníbal Vivaceta compartió también con Rens Veninga las calles porteñas por esos años en su calidad de integrante del medio de fotoperiodismo Huella Digital, y como profesional de la salud colaboró con organizaciones sociales que asistían a las víctimas de la represión. «Con Crespo y su piquete aprendí que cuando a ti te patean en partes duras -la frente, las costillas- alguien que tiene los zapatos lustrados, te queda como una sombra, una lesión muy típica, un moretón, pero además como un teñido en la piel por el betún del zapato. Entonces, viendo a sus víctimas, aprendí a reconocer cuándo a alguien lo habían pateado en la cabeza, en las costillas, porque se le notaban las ‘impresiones’ del betún de los zapatos de los pacos», recordó.

«Crespo torturaba sistemáticamente a menores de edad en su zorrillo. Lo digo habiendo atendido como médico a muchas de sus víctimas a través de la Comisión Ética Contra la Tortura», sentenció Vivaceta en diálogo con El Ciudadano

“ERA EL MÁS SALVAJE”

Claudio Crespo, 2011, Valparaíso. Foto: Daniel Labbé

En su calidad de académica, la profesora de la Universidad de Playa Ancha (UPLA), Lorena Godoy, tenía por entonces un estrecho vínculo con los alumnos. Además de ejercer la docencia para la carrera de Educación Diferencial, realizaba guía de tesis y supervisaba prácticas profesionales. “Por el testimonio de mis estudiantes y de otras universidades también, se sabía que caer en las manos de Crespo, si te pillaba, te sacaba la mierda, con golpes, con patadas, con torceduras de cuello, de brazos”, recuerda hoy al entregarnos un nuevo testimonio sobre el actuar del uniformado durante las movilizaciones de 2011.

En ese sentido, recuerda lo ocurrido a Pablo -cuyo apellido ha sido omitido por seguridad-, estudiante de la UPLA que participaba de la toma. “Él fue golpeado directamente por el entonces capitán Crespo con su escudo y culatazos una vez que cayó al suelo, frente a la (Universidad) Católica. Y lo que estaba haciendo Pablo en ese momento era ayudar a una señora con coche, con una guagua, para sacarla de ahí donde estaban reprimiendo con gases y el carro lanza agua”, detalla la académica.

Fue en ese mismo sector en donde de hecho se registró la brutal agresión que se observa en el video que compartimos a continuación hecho llegar por una fuente -respecto de la cual nos reservaremos su nombre por seguridad- y que asegura que quien aparece en el video disparando a la espalda de un manifestante es Claudio Crespo. El autor de esta nota estaba en ese momento en ese mismo lugar y también puede dar cuenta de ello.

 

En ese contexto, Lorena Godoy decidió asumir un rol que tenía que ver con la observación, la intervención en casos de detenciones ilegítimas y el cuidado de aquellos que estaban en la calle protestando, entre ellos por supuesto sus alumnos. Se integró entonces a la mencionada Comisión Ética Contra la Tortura. «De alguna manera me resguardaba frente al enfrentamiento con este hombre, que era el más salvaje, como reconocían los estudiantes; golpeando, amenazando, saliendo a cazar», recuerda.

«En ese tiempo, en 2011, no estaba tan lleno de artefactos represores, entonces a veces era casi como un cuerpo a cuerpo quitándole los chiquillos de las manos a este ser gigante», detalla Lorena en referencia a Crespo, fácilmente reconocible por los manifestantes debido a su tamaño y la violencia que ejercía.

Durante las movilizaciones, que se realizaban sagradamente los días jueves, Godoy permanecía hasta el final de estas -cuando Fuerzas Especiales ejercía la represión más aguda sobre las personas- y luego se dirigía a la Segunda Comisaría de Carabineros en Avenida Colón.

Claudio Crespo. Foto: Daniel Labbé

Fue en el exterior de ese recinto donde le tocó el turno a ella misma de experimentar física y emocionalmente el brutal actuar de Crespo. “Detrás de la reja él me empezó a insultar, como sabiendo bastantes cosas de mí, como que yo hacía clases, que me juntaba a tomar café con mis estudiantes ‘terroristas’, que era una vieja tal por cual, que por qué en vez de enseñarles a ser buenas personas les enseñaba terrorismo, que me tenía identificada…”, narra Lorena, quien recuerda que tras ello le contestó a Crespo que él no tenía por qué saber ese tipo de asuntos.   

“Se subió como encima de la reja y me levanta del cuello con una mano -en ese tiempo yo pesaba bastante menos que ahora- y me deja caer. Me dice que ya me va a pillar», rememora.

«Su práctica habitual siempre fue agarrar del cuello, inmovilizar», destaca la docente, quien recuerda lo que le espetó a Crespo tras el hecho. «Yo le dije: ‘no me voy a olvidar de tu rostro’”, concluye Godoy.

El hecho ocurrió el 4 de agosto de 2011, una jornada que quedó en la memoria de todo el país por ser una en las que el gobierno de Sebastián Piñera ejerció con mayor brutalidad su represión en contra del Movimiento Estudiantil. 

 

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