La peor crisis sanitaria en Chile llega cuando Piñera ejerce de forma precaria el cargo de presidente.

 

Todos sus heraldos llegaron a concluir que la pandemia  entregaría una notable oportunidad para que el gobierno de la derecha piñeirana lograra repuntar la extrema debilidad con la que los dejó el histórico 18-0.

 

Se deja claro que las manifestaciones sociales están suspendidas y que nada de aquello son asuntos del pasado.

 

Lo del 18-0 en la actual oposición podría ser considerado como una tragedia griega, la vieron venir y no hicieron nada. Hay muchos que firmaron  e insisten que no vieron lo que realmente sucedía en Chile. Posiblemente sea, pero aquello reafirma la nula relación con las organizaciones sociales y las calles del país, el absoluto desconocimiento de las necesidades de las grandes mayorías.

 

El actual gobierno UDI/RN/EVOPOLI está convencido que se debe gobernar pensando en las encuestas, cuando están bien se abrazan en el Patio de los Naranjos, pero cuando sucede lo contrario hacen lo mismo que los gobiernos anteriores, vociferan.

 

Lo complejo en el actual momento no es solamente el absoluto fracaso de una estrategia que permita enfrentar de manera razonable una crisis en todos sus aspectos conociendo que hay costos a pagar.

 

El débil y fracasado liderazgo de Piñera/Mañalich no logró entregar la certeza que el bien común coloca en el encabezado de la lista de urgencias la vida de los chilenos.

 

Piñera y sus valientes no lograron dimensionar que los efectos de la pandemia serían violentos. Cuando Piñera gritaba que Chile estaba mejor preparado que Italia, la falta de insumos y respiraderos era enorme. Había hospitales en regiones que no contaban con esos fundamentales instrumentos. Todos los medios de comunicación del duopolio chorreaban tinta contando que llegaban tres mil ventiladores mecánicos, y Mañalich dijo que lo harían en condiciones de clandestinidad porque otros países podrían asaltar los aviones que los transportaban. Demencia absoluta.

 

Todos deberán recordar a Piñera en cadena nacional cuando dijo que Trump lo felicitaba y las miles de cartas de felicitaciones por la estrategia que Chile estaba aplicando.

 

Los problemas que enfrenta Chile actual son la consecuencia del modelo que nadie ha querido enfrentar de manera consecuente y firmeza. Deben responder los que concesionaron el sistema de salud y dejaron en condiciones de precariedad absoluta el sistema público que es el que atiende al 80 % de toda la población chilena.

 

No hay clínicas privadas en La Pintana, ni Renca, ni en Batuco o Til Til. Las clínicas de buen perfume y las Isapres, nacieron para lucrar porque les interesa una miga la vida de los que no pueden pagar y aun así insisten. Las condiciones para ingresar a esos clubes privados de la salvación corporal están seriamente cuestionadas por las condiciones de preexistencia.

 

Todo es entendible cuando desde los primeros momentos de la llegada de la pandemia al país fuera justamente un ex gerente de la clínica Las Condes  quien recibiera las órdenes de piñerismo para ganar la batalla de Santiago. Todo un fracaso. No lograron entender que Chile es país pobre y desigual, ahogado por los intereses y las condiciones del mercado.

 

El listado de errores que sumado a las mentiras queda al descubierto cuando se anuncia el retorno a clases de millones de estudiantes el 27 de abril. En esos momentos era suficiente mirar el estado de crisis que se encontraban los países de Europa a los cuales les gusta compararse, y no entendieron que para salvar a los millones de ciudadanos había que meter la mano a los dineros fiscales.

 

Millones de chilenos endeudados y con el hambre en el horizonte y el gobierno proponiendo ayuda escalonada. De lo poco en la primera cuota a la nada misma en la tercera cuota.

 

Todo un rotundo fracaso de Piñera, el peregrino de Cúcuta y sus halcones de la derecha. Una vez más en el peor periodo vociferando que Chile tiene enemigos que están encapuchados y que desde el parlamento le coartan y hacen más lenta la ayuda que debe llegar a las poblaciones de  forma urgente.

 

Hace tres semanas que se comenzaron a entregar cajas de alimentos y aún queda la mitad de la población sin recibirla. Hay sectores en el campo que no la recibirán.

 

Las ollas comunes que fueron la alternativa para vivir en los tiempos de la dictadura se convirtieron ahora en la primera línea. En esos tiempos de la pobreza dura la misma que sigue latente, Piñera hacía sus millones. No le importaba ni la vida de la gente ni las violaciones a los derechos humanos. Si no le importó en esos años de plomo uniformado, menos valor tiene ahora.

 

Se vive un periodo difícil donde unos de los asuntos más complicados es la incredulidad de los que ofrecen las medidas que permitirán salvar a los chilenos de esta crisis. Piñera y su gobierno NO son creíbles en absoluto. Más grave se tornan los asuntos cuando se hacen públicos los negociados para las residencias sanitarias, o cuando el ex ministro de Salud Santelices,  se dedicaba a la compra de acciones de Agua Andinas donde es justamente ese ministerio quien tiene relación con aquel derecho fundamental.

 

El único país que tiene privatizada el agua es Chile y Piñera nombró en su directorio a un ex gobernador de la Araucanía en los momentos que Camilo Catrillanca era asesinado, un tal Mayol, y también al que fuera ministro de Cultura un fin de semana, un tal Rojas.

 

En el actual debate de cómo sostener un país, los grupos económicos y aquellas sociedades con miles de millones de dólares en los paraísos fiscales gozan de buena salud. Los dineros que no pagan impuestos en Chile no tienen problemas con la pandemia.

 

Piñera un caso siquiátrico, algo así como uno de patio.

 

Por Pablo Varas

 

 

 

Deja una respuesta