La huelga de hambre del Machi Celestino Córdova y de 9 comuneros Mapuche encarcelados en Angol no nos deja indiferentes, nos conmueve, nos interpela y nos invita a prestar nuestro apoyo moral, político, jurídico a sus reivindicaciones.

 

Escribir esta carta abierta a todos los partidos  políticos que en sus idearios se identifican con las justas reivindicaciones de los pueblos indígenas es una expresión de ese compromiso.

 

Por lo que invitamos a todas las agrupaciones políticas de izquierda, de centro izquierda, de centro y de centro derecha a que pongan todas sus capacidades, influencias, sus medios de comunicación y la acción de sus parlamentarios, alcaldes, concejales, cores, en socializar, apoyar y  sumarse al objetivo de que se hagan efectivas las reivindicaciones que demandan, esto es:

 

Que  puedan cumplir sus condenas en las comunidades o Rehue o en lugares que tengan acceso a la naturaleza. Que el Ministerio de Justicia cambie  el reglamento intra-penitenciario de modo que contenga y aplique las políticas interculturales a las cuales el Estado se ha obligado.

 

Éstas son jurídica y moralmente  justas y por ello aceptables.

El siglo XX ha conocido de huelgas de hambre que produjeron gran controversias y que mostraron su  legitimidad, por ejemplo:

En el año 1920, la opinión internacional conoció de la huelga de hambre llevada a cabo por el alcalde de la ciudad irlandesa de Cork, Terence Mac Swiney. Había sido detenido y encarcelado por participar en el movimiento independentista irlandés, opuesto a las pretensiones de dominio de Gran Bretaña. Se negó a comer, si no se le otorgaba la libertad. Después de sesenta y tres días murió en prisión. Mac Swiney es hoy un héroe nacional y religioso; mártir de la libertad de su país y de la independencia de Irlanda.  La Iglesia Católica de la época apoyó fervientemente dicha huelga de hambre.

En las décadas de los años treinta y cuarenta del siglo pasado, la atención mundial estuvo pendiente de los métodos no violentos de Mohandas Karamnchad Gandhi que incluía la huelga de hambre como instrumento para cambiar las leyes y la política de dominación del colonialismo del imperio británico en la India. El impacto y reconocimiento universal de la figura de Gandhi no necesita mayor explicación.

 

Lo mismo se puede decir de innumerables huelgas de hambres llevadas a cabo, como forma no violenta de lucha, en contra de la dictadura cívico-militar de Augusto José Ramón Pinochet Ugarte.

 

Además la huelga de hambre, en general, ha sido una forma  que los presos políticos Mapuche han utilizado con frecuencia en estos últimos años, en el intento de lograr mejoras en la situación carcelaria, o con el fin de  rectificar decisiones que pretendían empeorar sus condiciones procesales penales y penitenciarias.

 

Esta tradición de la huelga de hambre ha llevado a la convicción generalizada -en el mundo- de que es un método legítimo, casi con carácter de último recurso, que permite dar cauce al derecho a la resistencia, en circunstancias estimadas como injustas.

 

La huelga de hambre ha merecido el respeto general por tratarse de un método de acción de carácter no violento. El principal dañado es quien la emprende, pues pone en peligro la propia salud y arriesga su vida. La dinámica interna del proceso huelguista está provista de una gran credibilidad en lo que respecta al compromiso con sus convicciones del que la realiza, pues para mostrarlo está dispuesto a soportar tan graves daños personales.

 

Este procedimiento de protesta posee un valor de testimonio, que le capacita para recibir grandes apoyos, pues la estrategia es autoinmolatoria.

 

Creemos junto a los huelguistas en la factibilidad, mediante su acción, de transformar las situaciones injustas e ilegales que les aquejan y esa es otra razón por la que consideramos que es nuestro deber apoyarlos.

 

Jurídicamente, la reivindicación que reclaman tiene su expresión en normas del derecho internacional, que el derecho chileno ha hecho suyas, concretamente los artículos 8, 9 y 10 del Convenio 169 de la OIT. El referido convenio fue adoptado con fecha 27 de junio de 1989 por la Conferencia General de la Organización Internacional del Trabajo, en su Septuagésima Sexta Reunión. Fue aprobado por el Congreso Nacional, según consta en el oficio N° 7.378, de 9 de abril de 2008, de la Honorable Cámara de Diputados; el Tribunal Constitucional, por sentencia de fecha 3 de abril de 2008, declaró que las normas del aludido Convenio Nº 169 sometidas a su control, son constitucionales.

El instrumento de ratificación de dicho Convenio se depositó con fecha 15 de septiembre de 2008 ante el Director General de la Organización Internacional del Trabajo y, en consecuencia, de conformidad con el artículo 38, párrafo 3, del referido Convenio Nº 169, éste entró en vigencia para Chile el 15 de septiembre de 2009, fue promulgado por la Presidenta Bachelet el 2 de octubre de 2008 y publicado en el diario oficial el 14 de octubre de 2008.

 

Si en Chile hay efectivamente un Estado de derecho, los recién  referidos artículos obligan al Estado de Chile que en la aplicación de las penas a los miembros de los pueblos indígenas, debe  darse preferencia a formas de sanción distintas al encarcelamiento. Así, por ejemplo, lo dice explícitamente el artículo 10 de la Convención:

 

“1. Cuando se impongan sanciones penales previstas por la legislación general a miembros de dichos pueblos deberán tenerse en cuenta sus características económicas, sociales y culturales. 

  1. Deberá darse la preferencia a tipos de sanción distintos del encarcelamiento”. 

Por lo expresado, no existe controversia jurídico moral acerca de la huelga de hambre que encabeza el Machi Celestino Córdova y los hermanos comuneros.

 

Nuestras reflexiones han tratado de mostrar el respeto que merece el empeño de ellos, para enfrentarse a situaciones o condiciones consideradas  injustas, emprenden la huelga de hambre. De tal manera que se puede hablar de un derecho (en sentido moral) para lIevarla al límite elegido.

 

En conclusión, el derecho de resistir mediante la huelga de hambre, el respeto a la libertad de la persona que elige este método -desde una consideración moral-, parece que debe prevalecer sobre los propósitos de proteger su vida, o por las restriciones que impone la condición legal de estar privado de libertad.  Puede decirse que es una forma legítima de resistencia, que debe ser respetada en su práctica, se esté o no de acuerdo con las demandas o ideología de quienes consideran que deben explicitar de este modo su disconformidad y protesta.

 

Este reconocimiento de este tipo de huelga como un derecho, coherentemente nos exige respaldarla y sumarnos a las reivindicaciones  que se demandan, más aún cuando éstas forman parte de nuestro ordenamiento jurídico y no impedir que sus autores, mientras tengan capacidad decisoria, puedan lIevarla hasta el extremo elegido por ellos.

 

Los invitamos a que apoyemos fuertemente la huelga que encabeza el Machi Celestino Córdova, que no los dejemos solos en su justo esfuerzo porque el Estado de Chile cumpla sus propia juridicidad y sus obligaciones con el derecho internacional de los derechos humanos y para que genere alternativas más humanas, que deben de ir por la vía del diálogo, el reconocimiento de lo  justo de sus demandas, y el aprecio explicitado de su dignidad como personas y como miembros del pueblo mapuche.

 

Con respeto y consideración los saludamos.

DIRECCIÓN NACIONAL DE LA IZQUIERDA CRISTIANA DE CHILE.

FERNANDO ASTUDILLO BECERRA (Presidente), HÉCTOR SOTO, HUMBERTO GONZÁLEZ, JOCELYN SOTO,  LINO TAPIA, BRAYAN GALAZ

Deja una respuesta