Venezuela tendrá elecciones para renovar la totalidad de las bancas de la Asamblea Nacional el próximo 6 de diciembre. El anuncio llega en un escenario político agitado por la iniciativa política del gobierno y los partidos de la Mesa de Diálogo Nacional, que dejaron fuera de base -una vez más- a la oposición de ultraderecha y con la población cada vez más preocupada por la incidencia creciente de la COVID-19.

El gobierno de Nicolás Maduro avanza y la oposición de ultraderecha está contra las cuerdas. Al borde del nocaut, ven sin poder reaccionar cómo, en pocos días, todo quedó listo para las elecciones parlamentarias de este año 2020: nuevo Consejo Nacional Electoral y nuevas reglas de juego, que en principio deberían beneficiar a los partidos pequeños que se sumaron al diálogo, pero también podrían consolidar una nueva futura mayoría para el oficialismo.

El Consejo Nacional Electoral (CNE),anunció que por votación unánime (ahora hay tres rectoras cercanas al gobierno y dos rectores opositores) las “Normas Especiales para las Elecciones Parlamentarias Periodo 2020-2026”. El punto central de la movida es la incorporación de 100 nuevos escaños, pasando de los actuales 167 a 277, de los cuales el 52% (144) serán por “sistema proporcional”. Una lista sábana, con sistema D’Hont para la asignación de las bancas.

El otro 48% (133) se elegirá por voto nominal, es decir, el sistema que hasta ahora primaba en la elección de la Asamblea Nacional, y que otorgaba una sobrerrepresentación a la mayoría. Por caso, en la última elección, en 2015, la oposición obtuvo el 56% de los votos, pero se quedó con los 2/3 de las bancas. Además, se incorpora una novedosa “lista de adjudicación nacional” (48 escaños) que, según el CNE, “fortalece la proporcionalidad y el pluralismo político”. Aunque se presume que será una lista sábana que se podrá votar en cada circunscripción electoral, el CNE no aclaró todavía cuál será el mecanismo.

En suma, estos anuncios oficiales son un fuerte vuelco en la forma en que se constituía la Asamblea Nacional en Venezuela, el Poder Legislativo unicameral que surgió de la reforma constitucional de 1999, el buque insignia de la transformación estructural encabezada por el Comandante Hugo Chávez.

Es evidente que estos cambios son parte del acuerdo con los “partidos chicos” de la Mesa del Diálogo que les garantiza presencia en la nueva AN a través del voto proporcional más que en el nominal, que seguirá en manos de los “partidos grandes”.

Incluso los aliados del gobierno en el poco dinámico Gran Polo Patriótico podrían ahora intentar llegar a la AN con sus propios candidatos, sin negociar espacios con el “hermano mayor”, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el partido de gobierno. Algo de eso parece estar ocurriendo, a juzgar por las declaraciones del jefe del PSUV, Diosdado Cabello, quien deslizó que podría no haber unidad perfecta del chavismo.

El PSUV, como indiscutida primera fuerza política del país, también podría beneficiarse de una dispersión de la oferta electoral, para constituir una bancada mayoritaria y asegurarse la presidencia de la nueva AN. Por lo pronto, el CNE confirmó que están habilitados para participar en los comicios parlamentarios 28 organizaciones políticas nacionales, 6 de pueblos indígenas y 52 partidos regionales. 87 organizaciones en total.

¿Y la derecha radical? El guaidosismo ya se puso afuera del proceso, pero el Tribunal Supremo de Justicia otorgó el uso de los símbolos partidarios de Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo y Acción Democrática a dirigentes de esos partidos opuestos a sus cúpulas, que -se descuenta- se presentarán a los comicios de diciembre (que se vuelven mucho más atractivos por los cambios detallados arriba).

No sería extraño entonces que en el proceso de conformación de las listas de los “partidos grandes” enrolados supuestamente en el ala radical pro-Guaidó, se verifique en las próximas semanas un éxodo de militantes y referentes intermedios, que harán sus cuentas y verán que el nuevo sistema electoral no los deja tan lejos de una banca en la Asamblea Nacional. Demasiado tentador.

Pero en esto es central qué hará la base opositora no enrolada en los partidos. Si atiende el llamado de los abstencionistas, o decide participar. Si tenemos en cuenta la elección presidencial de 2018, boicoteada por los partidos ultras de la derecha, la oposición parte de un piso electoral de unos 3 millones de votos (la suma de los votos a los dos principales candidatos opositores).

En la misma lógica, el chavismo podría aspirar a convocar a alrededor de seis millones de votantes, aunque ahora distribuidos en varios partidos, lo que, como decíamos más arriba, abre mucho más el juego a los pequeños y medianos.

Por lo pronto, las nuevas “sanciones”, esta vez de la Unión Europea, parecen responder a una estrategia de desalentar la participación de políticos (y de votantes) opositores en los comicios venideros.

Y todo este proceso se llevará a cabo en medio de un primer pico de contagios de Coronavirus en Venezuela, que aunque está muy lejos de la gravedad de la pandemia entre sus vecinos Colombia y Brasil, preocupa por la aparición de varios focos simultáneos, en las dos principales ciudades del país: Maracaibo y Caracas. ¿Se viene una campaña con “distanciamiento social”? ¿Perjudicará este cuadro la participación ciudadana?

Lo iremos sabiendo, pronto. Venezuela entra en un nuevo momento político, con movidas audaces, que parecen implicar mucho más que una simple estrategia de momento, mientras la estrategia Guaidó de los Estados Unidos ya ni siquiera brilla por sus fulgores pasados.

*Periodista argentino del equipo fundacional de Telesur. Corresponsal de HispanTv en Venezuela. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)

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