El año 1968 el periodista Eugenio Lira Massi, escribió dos libros: «La Cueva del Senado y los 45 Senadores» (1968, Abumohor Impresores) y «La Cámara y los 147 a Dieta» (1968, Ed. Te-Ele).

Sacó ronchas, risas, enojos e innumerables reediciones. La aguda inteligencia del Paco Lira, recordarán los más veteranos, hacía en ese texto un repaso de cada uno de los honorables muchos de los cuales no quedaban bien parados.

De haber vivido en esta época, Lira murió muy joven, tendría material para otra decena de libros risibles sobre los Honorables.

La enorme pavura que ha provocado entre los poderosos y sus sirvientes el riesgo de que se pueda retirar el diez por ciento de los fondos acumulados en las AFP, ha desnudado otra vez lo que es la derecha: representante de una clase mezquina, mentirosa y desvergonzada, capaz de lo que sea por defender sus intereses.

Y de mucho tonto entre sus huestes.

Este momento ha permitido que algunos genuinos representantes de la cultura y moral de la derecha, desplieguen sus galas con soberbia donosura.

Es el caso del diputado Schalper el que, como hemos visto, insiste en sacarle el jugo a su legítimo derecho de hablar y hacer aquello que se le viene a la cabeza sin importar sus efectos, así sean las más risibles tonteras.

En su corta vida política Schalper ha escuchado demasiadas veces que su juventud, preparación e inteligencia le augura un futuro en política, pero esos aduladores han hecho muy mal en sobarle el lomo a alguien como él.

Como buen cachorro de la derecha, el diputado ha aprendió a ser un buen corrupto si se considera que antes de tener una mínima experiencia como parlamentario, ya había recibido decenas de millones de pesos de parte de empresarios corruptores de la talla de Juan Sutil y Eliodoro Matte.

Aunque Schalper hace intentos sobrehumanos por descollar por sus tonteras, una de ellas limitó con una crueldad sin mucho parangón en las campañas electorales, incluso de la misma cruel derecha.

Pensando que la hacía de oro, no dudó en repartir una volante con la imagen de la mujer a la que su atacante sacó sus ojos, acompañado de la frase “los que no ven son otros”, haciendo alusión al estado en que quedó la mujer luego del ataque que la dejara ciega.

Nabila Rifo logró que la Justicia obligara al joven político a retirar esa infame propaganda.

El novel diputado quiere ser trending topic a cualquier costo. Habrá sabido que no importa por lo que sea, lo importante es que se hable de él.

Vea su desatino al proponer que ancianos empobrecidos puedan hipotecar sus casas y que, en el caso de no pagar esa deuda, los veteranos vivan en ellas hasta su muerte sin que sus hijos puedan heredarlas. Esto lo haría el banco.

Algunos recordarán que hace un tiempo pidió a la Fiscalía investigar la proyección de la palabra Hambre en un edificio del centro de la ciudad. Al legislador la proyección de una palabra, ¡una palabra!, le sonaba a delito que debía ser perseguido. Nunca se supo si su denuncia prosperó, pero algunos creen que colegas algo más advertidos le habrán dicho que no hiciera el ridículo con esa tontera.

El efecto de sus torpezas ha sobrepasado el aguante de sus propios correligionarios.

Su compañero de bancada, el diputado Celis, ha denunciado sus intentos por comprar votos para evitar la aprobación del proyecto de ley que permitiría el retiro del diez por ciento de los fondos AFP. Su tontera le ha permitido ser denunciado a la Fiscalía por negociación incompatible, cohecho e infracción a la ley de lobby.

¿Inocencia? ¿Egolatría? ¿Efectos de la endogamia?

Pocas veces en política tuvo más sentido el refrán popular: dile al tonto que es bueno pal hacha y te pela un monte…

 

Por Ricardo Candia Cares

 

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