La campaña del terror, liderada por Andrés Allamand, se ha transformado en un búmeran: es como el león, del cuento El Mago de Oz, que sólo logró asustar a los dueños de las AFPs y a la mafia de multimillonarios, cuyo jefe es el actual Presidente de la República.

Por el contrario, esta campaña fue un acicate para reafirmar el voto de Iván Moreira, el de Manuel José Ossandón y su grupo de senadores que, esta vez unidos, no sólo mantuvieron su promesa de votar a favor del retiro del 10% de los fondos de las AFPs, sino que también, y muy disciplinadamente, no pisaron el palito respecto a los incisos 11 y siguientes, que permitirían al lobo Allamand la posibilidad de enviar el proyecto al Tribunal Constitucional.

El inciso 11, reiterativamente definía los fondos como propiedad privada de los cotizantes, por consiguiente, un derecho inalienable ante un intento de intervención por parte del Estado. El inciso siguiente planteaba un fondo común, financiado por el Estado y los empresarios empleadores, que pudiera resarcir el monto del dinero retirado por los cotizantes.

Como El Zorro, de la leyenda de Maquiavelo, los 29 senadores que votaron a favor de retiro del 10% de los fondos supieron sortear cuanta trampa inventó el gobierno: si el derecho a retirar el 10% de lo ahorrado en las AFPs, por ejemplo, se limitaba al peligro de estado de catástrofe, bastaba que el Presidente terminara con él para que ninguna persona pudiera retirar el monto de los fondos. Muy hábilmente, los senadores que votaban por la afirmativa lo prolongaron a un año de duración.

El último resquicio legal consistía en el peligro de que el Presidente de La República colocara un veto sustitutivo al proyecto, por lo cual se exigiría a ambas Cámaras un quórum de 2/3 para rechazarlo y, luego, devolverlo al Presidente para que lo promulgara. Con los 29 votos logrados el miércoles, 22 de julio, en el senado ya se habrían logrado los 2/3 requeridos; no es muy difícil que hoy, jueves 23 de julio, con los votos de algunos diputados que se abstuvieron el miércoles 15, se alcance a los 2/3 en la Cámara de Diputados.

Por muy torpes que sean los ministros de gobierno, nadie los obliga a suicidarse tan estúpidamente para aconsejar al Presidente Piñera para presentar el veto, o bien, enviar el proyecto al Tribunal Constitucional. Sin otra salida a la vista, no le queda más recurso que aceptar la derrota, y pedir al vencedor un “acuerdo de paz”.

En el debate de ayer no faltaron discursos oportunistas, fascistas y hasta cómicos; es de destacar las citas de Ena von Baer sobre textos de Eduardo Frei Montalva y de Salvador Allende, en los cuales enviaban sendas reformas a la Carta Magna al Tribunal Constitucional. La hoy senadora, (de origen alemán) convertida en constitucionalista, se le olvidaba una regla de mínima de seriedad intelectual, por la cual la comparación histórica debe respetar las diferencias de contexto y de época. (La Constitución de 1925 no tiene nada que ver con la dictatorial de 1980).

A la luz de los últimos acontecimientos no queda otro camino que el de emprender una reforma total al sistema de Sistema de Seguridad Social. En estricta verdad, la salida es crear uno nuevo que supere tanto al antiguo de Reparto y de Cajas de Previsión, propias de la época republicana, como también el de ahorro forzoso, empleado en la actualidad. Nunca se había presentado una oportunidad tan importante para dar un giro copernicano a nuestro a nuestro Sistema de Seguridad Social.

El sistema que podría ser más consensual sería, en primer lugar, el mixto, con una gran base de solidaridad y de carácter universal, y financiado por el Estado y el empresariado; en segundo lugar, una franja de solidaridad en que los activos financien a los pasivos; en tercer lugar, un sistema de capitalización individual voluntario, que permita mejorar el monto final de las jubilaciones. Todas estas modalidades en su conjunto formarían el Sistema Nacional de Seguridad Social.

Desde ya, habría que comenzar a eliminar el derecho de las AFPs de jugar a “la ruleta” con los fondos de los cotizantes y, a su vez, impedir las Comisiones ocultas que se pagan en el extranjero a los Corredores de Bolsa, así como el derecho de invertir la propiedad ajena en grandes empresas, tanto nacionales como extranjeras

El plazo de un año acordado en el senado, en el día anterior, permite realizar la venta de activos, (Bonos, Acciones y Fondos), con el tiempo suficiente para impedir el pánico frente una potencial estampida de retiro de dineros el mismo día.

Parafraseando a Stefan Sweig en momentos  estelares de la humanidad, estos últimos días del mes de julio y tal vez, principios de los de agosto, podría devenir en uno de esos  momentos estelares, en que el pueblo, convertido actor protagonista lograría, definitivamente, doblar la mano a los poderosos oligarcas, que se han creído los dueños de Chile, y por qué no, refundar la República sobre la base de un proceso constituyente que, por primera vez en nuestra historia permita a los ciudadanos redactar sus propias reglas de juego.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

23/07/2020

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