Sebastián Piñera padece del síndrome de estar viviendo en un mundo irreal, en el cual la plutocracia confundía sus negocios personales con los del Estado, es decir, han vuelto al Chile de comienzos del siglo, en la era del régimen timocrático, (mal llamado “parlamentario”).

En esa época histórica para ser Presidente del país sólo bastaba contar con la suerte de casarse con una mujer rica, o bien, pertenecer a los Errázuriz, por ejemplo. En libro La casa grande, de Luis Orrego Luco, el personaje del senador Peñavel expresaba que contaba con la habilidad de vivir a costa de fisco.

El Banco de Chile, el más antiguo de los que existen actualmente, era el prestamista predilecto del gobierno, y ser gerente de este Banco era tan importante como el de Jefe de Estado. Para ser diputado o senador el ideal era ser poseedor de un banco, (un personaje de esa época se jactaba de tener asegurado el sillón parlamentario por el solo hecho de poseer una institución financiera; el Presidente Germán Riesco se atrevió a pedir a su sucesor, Pedro Montt, que el fisco salvara un banco de su propiedad).

Piñera pretendió gobernar como si aún estuviéramos en los gobiernos plutocráticos de comienzos del siglo XX, en los cuales los “rotos” y campesinos sólo importaban para ser cohechados en las elecciones. Manuel Rivas Vicuña cuenta, en sus Memorias, que en uno de los comicios los candidatos se pusieron de acuerdo para evitar la competencia, lo que indignó a los electores, pues contaban con el dinero del cohecho.

El Presidente actual está convencido de que la jefatura de Estado es un ancla para aumentar la rentabilidad de sus propios negocios, los de su familia y los de sus amigos personales. Aún, en la pandemia más grave de nuestra historia, sumada a la debacle económica que trae consigo, Piñera sigue creyendo que él es un gran Presidente, que protege al pueblo y a las capas medias del terrible flagelo del hambre y la miseria.

A comienzos del siglo pasado el Banco de Chile financiaba la actividad política y, además, cubría el endeudamiento de los gobiernos y de los políticos; hoy esta función es realizada por las AFPs, que poseen el 80% del PIB.

Dentro de las inversiones de este pulpo financiero, (las AFPs), una parte destacada son Bonos de deuda del gobierno de Chile, es decir, los trabajadores, propietarios de sus ahorros, colaboran sin saberlo, con los gastos contraídos por últimos gobiernos.

El Presidente Piñera que, como todos los reyes electos de Chile, posee poderes muy superiores a emperadores, califas y sultanes, ha demostrado completa incapacidad para elegir a sus colaboradores y a sus consejeros de La Moneda, además de sus metidas de pata, falta de coraje para enfrentar las crisis y su narcisismo, rayano en lo patológico, han hecho que, al final, no dé el ancho para el alto cargo que desempeña, ¡y nada menos que rey absoluto de las australes tierras de Chile!

La forma en que ha enfrentado, primero el proyecto de ley de aplazamiento de pago de las boletas de servicios básicos, (que fue aprobado por las dos ramas del Congreso), torpemente lo enfrentó con un veto que, ayer, fue rechazado por los 2/3 de la Cámara de Diputados; en segundo lugar, la torpeza de tomar la defensa de las AFPs, odiadas y rechazadas por la opinión pública; y así un error tras otro lo han conducido a destruir la combinación que lo apoya y, consiguientemente, perder el voto de un alto porcentaje de los parlamentarios de RN y de la UDI, quienes no estaban dispuestos a permitir que sus electores cayeran en la miseria y el hambre, (no son tontos y saben que la propiedad de su curul se debe más a los ciudadanos que al rey).

Es evidente que ningún partido político está dispuesto a morir junto a un mal gobierno, por mucho que haya sido elegido por ellos. La existencia de un partido tiene mucha más duración en el tiempo que cualquier gobierno, que tiene fecha de término.

Es difícil encontrar a un Presidente que, en tan pocas horas haya anulado las potentes armas que una Constitución dictatorial y ultra-presidencialista da a “su majestad”, el Jefe de Estado. Los 2/3, tanto en el Senado, como en la Cámara hacían muy posible que ambas Cámaras rechazaran el veto presidencial. A su vez, era completamente fútil el recurrir al Tribunal Constitucional, (que tiene mayoría derechista), pues al haberse dado la votación de 2/3 en ambas Cámaras, el argumento del quórum quedaba desechado, es decir, el Presidente se encontraba con la soga al cuello, y “del ahogado, solo quedaba el sombrero”.

En política los clivajes cambian muy rápidamente, sobre todo en épocas de crisis de representación, credibilidad y gobernabilidad. El quiebre histórico entre izquierdas y derechas no es que desaparezca, sino que pasa al segundo plano en el cuadro político actual, siendo reemplazado por el mandato popular que, hoy más que nunca, se siente protagonista de la historia; por el contrario, quienes defienden el pasado y el poder incontrarrestable de la plutocracia están arrinconados en los estertores de un conservadurismo duro.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

24/07/2020

Ver

Gonzalo Vial Historia de Chile (1891-1973) ZIG -ZAG  1983

Manuel   Rivas Vicuña Historia Política y parlamentaria

Biblioteca Nacional

Luis Barros y Ximena Vergara

El modo de ser Aristocrático

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