Los dueños de los camiones, los camioneros como se les conoce, tienen una historia repudiable.

Ellos fueron los responsables de que millones de chilenos en los años setenta padecieran hambre. Eso se contrapone a un pequeño grupo de camioneros que dignamente y colocando sus vidas en peligro, intentaban llevar insumos a todas las provincias del país en ese periodo. Fueron los años del gobierno popular.

Patria y Libertad, organización política/militar de extrema derecha liderada por Pablo Rodríguez, junto a Roberto Thieme y Jaime Guzmán, quien fuera posteriormente fundador de la UDI y senador de la república, provocaban intencionalmente un caos en las carreteras utilizando para ellos al gremio de los camioneros. Los días que no trabajaban los camioneros eran pagados en dólares que llegaban desde norteamérica para sabotear al gobierno de Allende.

Patria y Libertad dinamitaba los puentes y los camioneros se mantenían en huelga para generar las condiciones exigidas por la derecha y el imperialismo norteamericano para un golpe militar. Nunca en el periodo de la Unidad Popular esa organización tuvo el más mínimo asomo de gremial, ellos se entregaron con todos sus recursos a la derecha en aquellos años, al partido nacional y al demócrata cristiano.

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Los camioneros comieron de la mano de Onofre Jarpa y Patricio Aylwin, plata que entregaba la CIA y el departamento de estado norteamericano. Nixon gritaba que había que hacer reventar la economía chilena mientras el dueño de El Mercurio aplaudía.

En ese tiempo existía Ferrocarriles del Estado tanto para el tránsito de pasajeros como de carga.

Millones de personas y durante años utilizaban este medio de transporte que creó nuevos pueblos, posibilitó comercio en los alrededores de las estaciones. Chile tiene un largo historial en el transporte ferroviario.

No se puede olvidar a La Maestranza de San Bernardo. Desde ese lugar salió el tren de la victoria que recorrió el país y que llevó a Salvador Allende a convencer que ganar las elecciones era un asunto de los sencillos y postergados, de los pobres del campo y la ciudad.

La dura realidad dejó profundas huellas de dolor entre los ferrocarrileros, muchos fueron fusilados y otros aún están en paradero desconocido.

Y la dictadura les cumplió a los dueños de los camiones, tenía que buscar la forma para pagarles su actitud sediciosa y golpista.

 

La llegada a La Moneda de un sector de ellos para pedir Estado de Sitio en la Araucanía para cuidar a sus camiones tiene un sentido contrario. Llevar militares a esa zona que ya se encuentra militarizada es para la defensa de los dueños de las empresas madereras.

 

Entonces comenzó el largo proceso de desmantelar el sistema de transporte de ferrocarriles. Las estaciones fueron abandonadas, lentamente los pueblos por donde pasaban los trenes fueron desapareciendo. Chile fue un país que a fines del siglo XIX hacía trenes. En la memoria del pueblo están los trenes.

 

La dictadura en su proceso de instalar el modelo que actualmente impera en nuestro país les regaló el tráfico de mercaderías convirtiendo a ese gremio el monopolio del transporte. Un país tan largo era el regalo para los camioneros lo que los hace en un sector de fuerte presencia.

La llegada a La Moneda de un sector de ellos para pedir Estado de Sitio en la Araucanía para cuidar a sus camiones tiene un sentido contrario. Llevar militares a esa zona que ya se encuentra militarizada es para la defensa de los dueños de las empresas madereras.

Los camiones quemados están asegurados y en muchos han sido ellos mismos los que le han prendido fuego para poder cobrar los seguros.

De público conocimiento es el desprecio que sienten por nuestros pueblos originarios y que hay informes que demuestran la existencia de grupos armados dispuestos a golpear a los mapuches que exigen respeto, derechos, y sus legítimas tierras.

Desde 1990 poco se ha realizado para volver a restaurar el sistema ferroviario manifestando que no se financia. Ningún sistema de transporte estatal se financia, el traslado de personas es un derecho que debe ser consagrado.

Los pocos estudios para volver al ferrocarril en Chile han terminado en fracaso sencillamente porque a los gobiernos no les interesa y los que funcionan que no son muchos posibilitan que miles de hombres y mujeres puedan trasladarse para trabajar.

Oscuro y cómplice con la dictadura es la historia de los camioneros y Piñera se vio obligado a firmar lo que ellos le pidieron con los camioneros cuidándoles las espaldas. Hace algunos meses un ministro se reunió en la carretera con los que exigían No+TAG. Esa voluntad la derecha no la tiene con los profesores que estuvieron meses en huelga. No tiene la voluntad este gobierno piñeirano de ofrecer una solución real a los comuneros mapuches.

No todos son iguales ante la ley, por eso la necesidad del APRUEBO.

 

Por Pablo Varas

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