A principios de junio del año 2020, escribí un artículo donde se argumentaba que los grandes cambios en la historia humana, en los últimos 1500 años, siempre han sido provocados por una enorme o destructiva pandemia.  El artículo en referencia fue publicado el 6 de junio del año 2020 en el periódico electrónico Mural y con el título “Cientista político que vaticinó el colapso económico del año 2020, ahora prevé las condiciones para un mundo más igualitario”. En este artículo se indicaba que los colapsos civilizacionales que ha tenido el planeta en los últimos 1500 años, han sido todos provocados por una gigantesca plaga o epidemia.

Es así como el colapso del imperio romano occidental en el siglo IV de la era cristina fue provocado por una gran epidemia. Igualmente, mil años después, el colapso del sistema medioeval de política y administración, también se debió a una pandemia que se desató en el siglo XIV. De este colapso civilizacional, nació el nuevo modelo económico y político de corte liberal y capitalista.  Es precisamente este modelo liberal el que seis siglos más tarde es ahora atacado por el coronavirus y así el liberalismo está también condenado a ser enterrado por el polvo de la historia.

Posteriormente, en julio y agosto del 2020, recibí de parte de colegas y ex alumnos muchas críticas indicando que el artículo en referencia era demasiado catastrofista. Se me contra argumentaba que la actual pandemia del coronavirus con seguridad será enfrentada exitosamente por los actuales gobernantes del planeta. En verdad deseo fervientemente que mis críticos tengan la razón y que muy pronto la actual pandemia sea solo un mal recuerdo, tal como se olvidó la peste que atacó al planeta después de la primera guerra mundial.

No obstante todo lo anterior, hoy día a finales de agosto he leído un actual y bien documentado artículo en la revista The Economist. Este artículo desafortunadamente llega a conclusiones muy parecidas a las que yo había llegado en junio pasado. Es por estas razones que he traducido el artículo en referencia y con toda sinceridad espero que el artículo del The Economist esté profundamente equivocado como yo lo estuve en junio pasado.

El título en inglés de este artículo es: “Psychological scars of downturns could depress growth for decades”. Este artículo se publicó en la revista The Economist del 29 de agosto 2020. La traducción al castellano sería: “Las heridas sicológicas del colapso económico podrían deprimir el crecimiento por décadas. Investigación presentada a la conferencia del Jackson Hole modela estos efectos”. El artículo argumenta que la catástrofe económica provocada por el covid 19, puede producir una depresión económica que podría durar cuatro décadas. Un extremadamente largo de periodo de depresión y recesión económica es lo que siempre ha pasado después del ataque de mega-epidemias. La traducción del artículo es la siguiente:

 

“En los últimos 40 años, economistas, banqueros centrales y otras eminencias, se han juntado bajo el imponente telón de fondo de las montañas Tetton de Wyoming, todos los meses de agosto. Esto a fin de discutir los grandes peligros monetarios del presente. Pero este año esto no ocurrirá. En el momento en que este número del The Economist entró en la imprenta, las sesiones del simposio del Jackson-Hole y organizadas por el banco de la reserva federal de la ciudad de Kansas, se ha empezado a realizar en línea’, todo esto debido al covid 19.

            Los participantes están conectados electrónicamente y todos son muy conscientes del gravísimo daño económico que la pandemia ya ha provocado. Pero los dolores de cabeza solo están recién comenzando. Uno de los trabajos presentados, señala con claridad que el covid 19, probablemente cambiará las creencias de la gente sobre el mundo, de manera tal que complicará enormemente las tareas de recuperar la salud económica del planeta.

            La noción de que gravísimos golpes económicos pueden producir daños de larguísimo plazo, no es nueva. Desde la gran depresión, los macro economistas han entendido que profundas depresiones pueden hacer caer a las economías en la llamada ‘trampa de liquidez’. Aquí las tasas de interés caen a cero y la política monetaria no puede con facilidad dar el estímulo requerido. Así, sin una poderosa dosis de estímulo fiscal, la economía se hunde en un profundo pantano. Una brutal recesión produce una ‘histéresis’  (o deficiencia o retraso), en el mercado laboral, creando así un gigantesco aumento en la tasa de desempleo. La gente que sufre largos periodos de desempleo,  suelen desconectarse del mercado laboral a medida que sus capacidades y motivaciones se derrumban. Y esto aún cuando la demanda logra recuperarse, así los desempleados por mucho tiempo tienen graves dificultades para encontrar trabajo. En los años 80 del siglo XX, Oliver Blanchard del Instituto Tecnológico de Massachusset y Lawrence Summer de la Universidad de Harvard, argumentaron que esta dificultad para encontrar trabajo, explica porqué el desempleo era mucho más alto en Europa que en los Estados Unidos. Así estos fenómenos pueden inutilizar a las economías, a medida que ellas escapan a la enorme sombra creada por la pandemia.

            Otras investigaciones sugieren que episodios altamente traumáticos pueden crear una barrera al crecimiento económico, simplemente alterando las creencias básicas de la gente sobre el futuro. Por ejemplo, Ulrike Malnundier de la universidad de California y Leslie Scheng de la reserva federal, han estudiado las conductas de consumo después de una grave crisis. Ellos han encontrado que crisis económicas y periodos de largos desempleos, tienen drásticamente a deprimir el consumo de la población por largos periodos de tiempo. Los consumidores no solo gastan menos, sino que optan por productos de más baja calidad y más baratos. La gente joven es especialmente afectada por este fenómeno y esto provoca la crisis de la economía. Las pandemias son así, productores de gravísimos traumas económicos.

            En un excelente estudio reciente de 19 eventos históricos (crisis sanitarias) a partir del siglo XIV, Oscar Jordá, Sajay Singh y Alan Taylor de la universidad de California concluyen que estas terribles crisis sanitarias  deprimen drásticamente las tasas de retorno del capital y esto por muchas décadas. Ellos han descubierto que estas tasas demoran más de 40 años en volver a sus niveles de antes de la epidemia. Este fenómeno, ellos especulan, puede así reflejar el costo humano que han producido las epidemias pasadas. Estas epidemias han reducido drásticamente las fuerzas de trabajo y también reducido, drásticamente el retorno del capital invertido. Estos autores agregan que el aumento forzado del ahorro de parte de angustiados hogares, también tiene un efecto depresivo.

            El nuevo trabajo de Julian Kozlowski de la reserva federal de San Luis, Laura Veldkamp de la universidad de Columbia y Venky Venkateswasan de la universidad de Nueva York; sugieren que el covid 19 seguramente producirá similares heridas a las discutidas previamente. Tal como los autores lo explicaron; las decisiones de inversión de la gente están guiadas por las creencias que la gente tiene sobre el futuro. Su perfil de riesgo es a su vez determinado por las experiencias anteriores. Es así como, si se agrega la experiencia terriblemente negativa del covid 19 (al bagaje de experiencia), esto puede llevar a una masiva revisión de creencias y esto durará toda la vida. No hay duda, aún antes de la explosión global del coronavirus este año, mucha gente pudo haber pensado que terribles epidemias pueden ocurrir, todo esto basado en las opiniones de los expertos y también en el conocimiento de la historia. Pero el tangible, persistente  y gravísimo efecto relacionado con la actual pandemia, señala que un devastador golpe muy similar a los del pasado, sin duda se producirá. Esta realidad es mucho más potente que el conocimiento abstracto del problema.

            Los autores construyen un modelo a fin de evaluar como estas creencias pueden influir en el proceso de recuperación del covid 19. Después del severo  choque inicial producido por la pandemia, el producto lentamente se recupera pero este no retoma el crecimiento anterior. Parte de este efecto regresivo de largo plazo es culpa de la obsolescencia del capital. El hecho de que parte del capital no puede ser usado con la eficiencia anterior, o simplemente no puede usarse de ninguna manera, es impactante. Por ejemplo, el espacio en las oficinas puede que se use menos intensamente como una precaución. Pero la gente también revisa a la baja sus expectativas de retorno de futuras inversiones porque espera que futuras pandemias sean inevitables. Todo esto lleva a menos inversiones y esto lleva a su vez a menos crecimiento. En el largo plazo el producto bruto es  4 por ciento más bajo que el del nivel de pre-crisis. Los autores calculan que las pérdidas relacionadas con la obsolescencia del capital y cambios en las creencias, será más de 10 veces mayor que el costo del choque inicial.  La mayoría de las pérdidas a largo plazo vendrán de esta revisión de creencias.

 

 

            Deme una razón para creer. Daños y huidas sicológicas pueden complicar severamente la respuesta al covid-19. Un aumento en los ahorros por precaución y una declinación de las inversiones, hará que las tasas de interés se depriman aún más. Esto cuando sus extremados bajos niveles ya están reduciendo el tamaño del empuje económico  que la política monetaria puede dar. Las pandemias no son los únicos choques que pueden afectar severamente los cálculos de riesgo. También hay que señalar los peligros que produce el catastrófico cambio climático y que también está presente.

            Los gobiernos tienen herramientas para reducir el  daño sicológico producido por la crisis. El gasto en bienes públicos, tales como infraestructura, pueden ayudar a levantar las tasas de retorno de inversiones privadas. También una poderosa red de seguridad puede ayudar. Esto si se limita el costo de los individuos, en caso que las apuestas económicas resulten con pérdidas, Una recuperación total, sin embargo puede requerir mucho trabajo para reducir la posibilidad de choques futuros. Esto significa mucha mejor preparación para futuras pandemias y también empezar a detener el cambio climático. El hacer menos que todo esto, hace que el trabajo por rehabilitar la economía sea incompleto.

 

Creo que la ciencia política puede hacer un valioso aporte para entender lo que hoy día está pasando en el planeta y también entender lo que podría pasar en las próximas cuatro décadas. La teoría de la llamada falsa conciencia [1] explica porqué los humanos son capaces de soportar por siglos condiciones de explotación extremas. En efecto, por muchos siglos el ser humano soportó la extrema desigualdad creada por el sistema de esclavitud desarrollado durante el imperio romano. El sistema político imperial logró crear en la sociedad romana la creencia que la esclavitud era la mejor manera para desarrollar económicamente al imperio y esta creencia fue compartida por las principales víctimas del sistema, es decir los esclavos.  Este fenómeno es lo que se denomina “falsa conciencia”. En otras palabras, las víctimas aceptan y soportan las más grandes injusticias porque esta aceptación es la única manera que el esclavo tiene para sobrevivir.

Siglos después, con la llegada de la edad media en el siglo V dC, el sistema feudal convenció a los siervos de que este sistema era la mejor manera de sobrevivir. Así los siervos se conformaron con este nuevo sistema económico que a pesar de ser inmensamente injusto, les permitía seguir con vida, en una forma un poco mejor que  durante la esclavitud. El sistema feudal duró hasta la gigantesca epidemia del siglo XIV. Este evento dio término a la edad media y dio inicio a la época moderna. Aquí el sistema de explotación económica pasó de servidumbre a proletariado. Los trabajadores agrícolas y los obreros industriales reemplazaron así a los siervos, de esta manera, la sobrevivencia ahora era en base a un miserable salario otorgado por los patrones burgueses nuevos dueños del sistema económico. Ahora la falsa conciencia señalaba que ser obrero o empleado a sueldo era la única manera que el pobre tenía para sobrevivir.  De esta manera la mayoría de los pobres fueron convencidos de que el capitalismo era el mejor sistema económico existente para no morirse de hambre y poder pagar todas las deudas cotidianas que produce el diario vivir.

La literatura politológica describe también otra situación de falsa conciencia cuando discute y analiza el brutal sometimiento que han tenido que sufrir las mujeres por siglos. A este sector ultra explotado de la humanidad se le ha convencido a través de la crianza y la educación que la única manera de sobrevivir en el mundo masculino era siendo muy femenina y obediente. En otras palabras, obedeciendo rigurosamente a sus maridos. Es así como la falsa conciencia es aquella actitud mental que obliga a sus víctimas a actuar con una conducta que ataca y hiere los intereses personales y su dignidad como ser humano.

Todo esto significa que solo hay dos maneras de liberar a los seres humanos de la falsa conciencia: una es a través de un intenso proceso de educación que le permita a la víctima darse cuenta por si misma que otro mundo es posible y que es necesario liberarse a cualquier costo. Esta es la idea revolucionaria que implica graves peligros y sacrificios personales. La otra vía es la de aprovechar el regalo que hace la naturaleza y este regalo se llama pandemia.  En efecto, la historia señala con claridad que las grandes pestes han cambiado para mejor, el curso de la humanidad.  En efecto, las grandes pandemias han destrozado sistemas políticos extraordinariamente injustos y ha, lentamente disminuido, este nivel de injusticia. En efecto, del sistema eslavista se pasó al sistema servil, este sistema a pesar de sus enormes deficiencias, fue menos injusto  que el sistema esclavista anterior. Por su parte, el sistema feudal y servil fue reemplazado en el siglo XV por el sistema económico liberal y el trabajo asalariado que a pesar de sus enormes injusticias, resultó mejor que el sistema feudal. En conclusión, la humanidad ha progresado lentamente, con cuentagotas. Es preciso reconocer que este progreso no ha sido el resultado de la benevolencia humana,   sino que ha sido a causa de que la raza humana ha sido invadida por un pequeño virus. Hoy día este agente de cambio se llama coronavirus.

Es de esperar que la raza humana, esta vez sea capaz de usar el coronavirus en forma mucho más inteligente y con conocimientos politológicos muy bien fundados. El modelo económico neo liberal ya está herido de muerte y nada ni nadie lo puede salvar.  En Chile, el camino a seguir está más que claro. El modelo económico-político neoliberal debe ser rápidamente transformado en un poderoso modelo estatista e intervencionista. Se necesita un nuevo trato  parecido, pero mucho mejor estructurado que el que se creó en Chile a partir del gobierno de Pedro Aguirre Cerda en 1939. El sector privado chileno está herido de muerte y su agonía se debe acortar en la forma más rápida e inteligente posible. Chile necesita una nueva y formidable corporación de fomento a la producción (CORFO). Este cambio profundo y fundamental será enormemente facilitado por el hecho de que un cambio similar se producirá en los Estados Unidos. En noviembre próximo, un presidente demócrata y progresista tomará las riendas del país. Los planes ya existen para iniciar un nuevo proceso de desarrollo económico basado en el sector estatal de la economía. Este nuevo trato verde seguirá de cerca la ruta que tomó el presidente Franklin Delano Roosevelt en 1933. Ruta que permitió salir con éxito de la gravísima y fatal crisis socioeconómica iniciada en 1929.

Sería espectacular y maravilloso que los líderes chilenos  pudieran dedicarse a crear una poderosa institución estatal destinada a sacar a Chile del profundo abismo en el que ha caído. Los antecedentes económicos y políticos que llevaron a la creación del sistema CORFO en Chile en el año 1939 están descritos en detalle en el capítulo IV, de mi libro titulado 110 Años de Desarrollo Político en Chile (1830-1940)  y publicado por Dictus Publishing Saarbrücken, Alemania 2013

 

 

 

[1] Para un excelente análisis de la llamada “falsa conciencia” sírvase ver Steven Lukes Power  a Radical View Second Edition Palgrave, MacMillan New York, 2005 Pgs. 144-151

 

 

Fernando Duque Ph. D

Cientista Político

Puerto Montt, 28 de agosto de 2020

Por Fernando Duque

Cientista político

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