El mundo está recorriendo los umbrales de una situación caótica que abarca a gran parte de la humanidad. La economía de mercado y el mundo capitalista, que reconocen el liderazgo de los EEUU, están en crisis, sujetos a una serie de contradicciones que –por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial- permiten ver un horizonte en el que asoman, con crudeza, los problemas del modelo y la continuidad del actual liderazgo. La capacidad –que éste tiene- para organizar al mundo y la sociedad están siendo cuestionadas.

Un indicio de esta perspectiva fue la propia elección de Donald Trump. Él no fue el creador de la crisis, sino un aprovechador que imaginó -con bastante éxito inicial- que podría reverdecer los laureles norteamericanos apelando a un nacionalismo imperialista. Pero, como en tantas otras cuestiones, la crisis sanitaria desnudó la situación real y las debilidades de tal imperio, echando por tierra los sueños del liderazgo trumpista. La proporción muy alta -en comparación con otros países- de contagiados y muertos puso en entredicho su poder político y las posibilidades de una reelección, que daban la impresión de ser inevitables.

La exacerbación de los problemas hizo que las reacciones policiales, hijas de la tradición de una “supremacía blanca”, echaran nafta sobre el fuego del conflicto. Algunos crueles asesinatos de afro norteamericanos por parte de fuerzas policiales están colocando -a los EEUU- al borde de rebeldías generalizadas.

Desde el mes de mayo cuando fuera asesinado George Floyd se están produciendo, en el Estado de Wisconsin, fuertes incidentes. Desde esos días fueron apareciendo las “Zonas Autónomas” controladas por manifestantes y civiles armados, que se expresaban contra la discriminación y enfrentaban a las fuerzas federales. Ello exhibía una imagen imposible de imaginar semanas atrás. Cuando esos reclamos aún no habían cedido se produjo el asesinato, por la espalda, de otro afro descendiente, Rayshard Brooks. Ahora un joven blanco de 17 años está acusado de haber asesinado, el miércoles pasado, a otras dos personas que formaban parte de una manifestación en la que se solicitaba el fin de la discriminación contra los afro descendientes. La acción de las armadas “milicias blancas”, ocupando el lugar de los policías o tiroteando a movilizaciones son indicativos de la gravedad de la situación que allí está acontecimiento.

Todo ello acerca la imagen de una guerra civil. Aunque todo lo dicho anteriormente no implica la posibilidad inmediata que tales crisis se produzcan ya. Más probable que una guerra civil es que se profundice un estado de tensión interna. Ello es un efecto del hecho que los EEUU están siendo cuestionados como potencia hegemónica a nivel mundial.

El dólar en terapia y faltan “respiradores”

En medio de esta crisis global, EEUU y el dólar tienen la suya propia. Ambas están muy vinculadas. Para los argentinos, que fuimos mayoritariamente formados en la idea que los EEUU eran una potencia cuyo liderazgo era “para siempre”, esta situación genera la necesidad de responder a las preguntas acerca de las causas de este deterioro y pérdida de liderazgo.

El dominio mundial de los EEUU, que se hizo evidente con el fin de la Segunda Guerra Mundial y la transferencia del poder que –hasta allí- ostentaba el Imperio Inglés, está recorriendo sus etapas finales.

El símbolo de esa pérdida de poder es lo que está pasando con el dólar, aceptado –hacia el final de la Guerra- en los Acuerdos de Bretton Woods (1944)  como moneda de cambio y reserva universalmente reconocida.

En los últimos meses, particularmente desde el inicio de esta peste, el endeudamiento de los EEUU se multiplicó por 6. Ese proceso, acelerado por el COVID 19, es paralelo a la pérdida de valor de su moneda. Eso no pasa en la relación con nuestro peso, por la profundidad de la crisis que nosotros estamos atravesando.

También, en este tema, el Covid 19 puso en evidencia que “el Rey está desnudo”. Las causas de esta tendencia son múltiples pero dos de ellas son determinantes: Los gastos militares y un consumo por encima de su producción.Retirada una polémica estatua de Donald Trump desnudo en el centro de  Manhattan

Su política de “gendarme mundial” tenía sus costos que ahora llega el momento de pagarlos. El consumo por encima de lo que producían, sustento del buen pasar de una parte importante de esa sociedad, trajo como consecuencia un creciente déficit en su balanza de pagos. Tenían que importar mucho más que lo que exportaban.

Todo eso fue posible por el rol privilegiado que tuvo, como primera potencia mundial. Pero ahora están comenzando a llegar las facturas y el debate por quién las paga está una de las causas de su actual crisis social.

Se trata de una decadencia que puede durar años y que siempre tiene al riesgo de una guerra como alternativa.

 

*Analista político y dirigente social argentino, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

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