Al querer encubrir la creciente inflación que padecen los chilenos,  pareciera que el piñerismo – como antes el bacheletismo – estuviera tratando de tapar el sol con un dedo, pero lo único que logra es sumar cada vez más puntos al descrédito en que se encuentran sumidos el presidente de la República y sus colaboradores.

            Como consecuencia del modelo que fomenta el libre mercado desregulado  Chile sufre un fuerte proceso inflacionario que acentúan las condiciones de desigualdad que agobian a la población , porque las continuas alzas de los productos indispensables y las tarifas de los servicios vitales no alcanzan a tocar  las fortunas de los ricachones.

            Si bien los IPC oficiales dados a conocer este año por el Instituto Nacional de Estadísticas han causado risas y hasta carcajadas cuando fueron negativos, por lo irreales y engañosos, lo propio ocurrió en la última medición de agosto, que marcó un ínfimo 0,1%: ello se tradujo en saludos y abrazos en La Moneda por cuanto así las cosas no hay por qué ni para qué mejorar los salarios. En agosto subió todo, a lo que se agregó el paro de los camioneros que provocó desabastecimiento de los productos que se transportan de una región a otra, los que llegaron a valores prohibitivos.

            El alza progresiva del costo de la vida no tiene nada gracioso para las dueñas de casa, que al salir de compras se ven golpeadas por la dura realidad mercantil. En este tiempo de tanta cesantía, billete corto y pérdida del poder adquisitivo de todos los que no aparecen en Forbes, hay que hacer malabares para llegar de pie a fin de mes.

             A vista y paciencia de las autoridades pertinentes el pan, la leche, la carne, los huevos, frutas y verduras, entre otros, están por las nubes, al igual que los medicamentos, las cuentas del agua y la luz, etc. Todo está privatizado, pero nada incide en este índice mentiroso e inmutable, manipulable con facilidad. Mientras,  se observa a los operadores del libre mercado actuar con abusos, en la certeza de que no serán controlados ni fiscalizados y menos sancionados.

            La clase trabajadora condicionada por la inflación de cada día recibe un trato desdeñoso del oficialismo. Los salarios están congelados y no habrá modificaciones hasta el próximo periodo pre-electoral. Por ahora se seguirán recibiendo burlas como la del ex ministro de Hacienda que festinaba con el precio de las flores y la del ex de Economía que recomendaba a la gente levantarse a las 4 de la madrugada para ahorrar unas monedas al pagar la tarifa del metro.

            Según el Banco Central, expertos operadores financieros estiman que «la inflación se mantendrá controlada en el corto y mediano plazo».  De espaldas al pueblo para no conocerlo y a colosal distancia de la pobreza, tales expertos son personas responsables de las decisiones financieras de los bancos, administradoras de fondos de pensiones, compañías de seguros, corredoras de bolsa y de fondos mutuos, y entidades transnacionales que operan en Chile.

            En dicho sondeo no participó nadie representativo de las familias empobrecidas ni se escuchó ninguna voz de los trabajadores,  pobladores, desempleados, jubilados, endeudados y dueñas de casa, esto es, de la inmensa mayoría del país que paga todos los días con un ojo de la cara la irrefrenable inflación que los administradores del modelo se esfuerzan por desconocer.

Hugo Alcayaga Brisso

Valparaíso

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